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Los “Cisnes Negros” que amenazan la economía

Saxo Bank es uno de los analistas progresivos exitosos: entre otros aciertos, para el ejercicio de 2017 sus analistas previeron la irrupción de Donald Trump en la brega electoral de Estados Unidos y el apoyo al “Sí” al Brexit por parte de una mayoría de ciudadanos del Reino Unido. Hoy enumeran diez posibles “cisnes negros”, esto es, sucesos inesperados que eventualmente pueden cambiar el curso de los acontecimientos y alterar los consensos de mercado.

Roberto Meza

  Miércoles 13 de diciembre 2017 12:25 hrs. 
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Aunque el oficio de “pitoniso” o de analista prospectivo no está en su mejor momento tras los estruendosos fracasos predictivos de las encuestas electorales en Chile y el mundo, así como luego del criticado descuido de los principales bancos de inversión y clasificadoras de riesgo respecto de la crisis global de 2008-2009, analistas de diversas instituciones económicas realizan -por tradición- listados de posibles “accidentes” que pudieran virar el rumbo de los mercados.

Saxo Bank es uno de ellos y de los exitosos: entre otros aciertos, para el ejercicio de 2017 sus analistas previeron la irrupción de Donald Trump en la brega electoral de Estados Unidos y el apoyo al “Sí” al Brexit por parte de una mayoría de ciudadanos del Reino Unido.

Dichas “accidentes”, bautizados por Nissim Taleb como “cisnes negros”, aludiendo a la afirmación latina del poeta Juvenal: rara avis in terris nigroque simillima cygno (un ave rara en la tierra, y muy parecida a un cisne negro) -frase que presumía que el cisne negro no existía y que fue llevada a la epistemología por Karl Popper en su crítica al positivismo de Bacon- han provocado en el pasado severas crisis  que Taleb asume como derechamente impredictibles y, entre las cuales, aparte de las citadas, se pueden mencionar el desplome del mercado de valores de 1928, las dos guerras mundiales, los atentados del 11S y 11M en Estados Unidos. y Madrid, el derrumbe del bloque soviético o la emergencia del fundamentalismo islámico.

En su listado, Saxo Bank advierte que “en 2018 vemos factible que regresen riesgos relacionados con la volatilidad, pues, irónicamente, los largos períodos de calma y complacencia en los mercados siembran las semillas de la volatilidad futura, ya que los inversores subestiman los riesgos de cola y mantienen sus apuestas en la continuación del ciclo”, aludiendo así a la “irracionalidad” que suele acompañar a tantas decisiones “racionales” en economía.

Enumerando los diez posibles “cisnes negros” como sucesos inesperados que eventualmente pueden cambiar el curso de los acontecimientos y alterar los consensos de mercado, Saxo Bank apunta primero a una pérdida de independencia de la FED respecto de sus políticas, las que, bajo el mandato de Trump y sus esfuerzos por imponer su programa (rebaja de impuestos, aumento del déficit fiscal) derive en un poder de emergencia para el Tesoro (Hacienda), arrastrando a Estados Unidos a una recesión.

Y si una política de alzas de tasas en Estados Unidos y el mundo terminara impactando la lenta recuperación económica, el Banco de Japón podría ver afectado el tipo de cambio del yen, obligándolo a incrementar sus estímulos monetarios, afectando aún más a la divisa nipona.

En medio de la tormenta monetaria iniciada, Beijing podría lanzar un futuro de petróleo crudo basado en el yuan (China es el mayor importador de petróleo y muchas naciones productoras realizan transacciones en yuanes) apreciando el renminbi más de 10 por ciento frente al dólar.

Los actuales altos niveles de estabilidad podrían, entonces, dar paso a peaks récord de volatilidad, en un momento en que las bolsas y mercado inmobiliario tocan máximos, haciendo perder más de 25 por ciento al S&P en un movimiento que recordaría al violento flash crash del ‘87.

En medio de la nueva crisis y con la mirada puesta en las elecciones legislativas de noviembre de 2018, el déficit de Estados Unidos se dispararía por razones políticas, junto con los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años, estimulando una reacción adversa de los votantes contra Trump, merced a la creciente brecha de desigualdad, avivada por la reforma fiscal de los republicanos y una nueva generación de candidatos demócrata-populistas de izquierda que moverían masivamente a la generación millennial a las urnas.

En Europa, en tanto, la creciente división entre los miembros centrales de la Unión Europea y los más nuevos y escépticos del bloque, podría ampliarse y, por primera vez desde 1951, el centro de gravedad político-económica del viejo continente podría pasar desde el binomio franco-alemán, a la CEE. Así, el euro se desinflaría hasta alcanzar paridad con el dólar, modificando la relación de intercambio entre Europa, Estados Unidos y Asia.

En medio de estos fuertes ajustes monetarios, el reciente lanzamiento de futuros de bitcoin en los principales mercados de derivados de Estados Unidos -que ha llevado la criptomoneda por sobre 20 mil dólares- incentivaría una masificación de la moneda, elevando aún más su valor y llegando a una capitalización por sobre el millón de millones de dólares, para luego caer producto de decisiones de política en Rusia y China que podrían prohibir criptomonedas no autorizadas a nivel nacional, haciendo desplomar el valor de la divisa digital más popular.

Y tal como la “Primavera árabe”, podría emerger una nueva “primavera subsahariana”, tras la forzada renuncia de Robert Mugabe en Zimbabue, desencadenando una ola de cambios políticos en otros países africanos del entorno. Desde la perspectiva de los analistas del Saxo Bank, Sudáfrica se podría transformar así en el principal ganador, ya que su moneda se convertiría en la favorita del grupo de los mercados emergentes, impulsando al país a las mayores tasas de crecimiento del mundo, así como a los países fronterizos.

Los “cisnes negros” esbozados por Saxo Bank no son exhaustivos y es probable que otros “accidentes” inimaginados terminen también afectando la cancina “normalidad” que muestra la economía internacional en su actual proceso de recuperación lo que, por cierto, incidiría en la de Chile, altamente imbricada al conjunto de arterias y venas que unen nuestra economía al funcionamiento mundial, sin siquiera considerar los propios “cisnes negros” que están a la vuelta de la esquina.

 

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