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Año XI, 19 de octubre de 2019

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Sin verdad ni justicia: Cuando la muerte se lleva a los familiares de detenidos desaparecidos

El reciente fallecimiento de Ana González pone en el tapete una realidad tan común como burlesca: tras años de búsqueda de sus seres queridos, quienes perdieron a los suyos en dictadura terminan encontrando a la muerte y no a sus cercanos asesinados.

Camilo Villa J.

  Sábado 3 de noviembre 2018 9:18 hrs. 
FOTO PPAL

Fue Ana González quien se fue, esta vez, sin saber dónde están sus familiares detenidos desaparecidos por la dictadura de Augusto Pinochet.

Y así como el viernes 26 de octubre partió quien perdiera a cuatro de sus seres queridos, son cientos los familiares que han ido falleciendo sin saber el paradero de sus cercanos y, menos aún, sin obtener verdad y justicia.

Si en un comienzo quienes encabezaban la lucha por saber dónde están los desaparecidos en dictadura eran las parejas de las víctimas, hoy son las hijas e hijos de aquellos quienes continúan la labor.

El ejemplo es evidente: la actual presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), Lorena Pizarro, es hija de quien dirigiera la organización desde la década del setenta hasta el momento de su muerte en 1999, Sola Sierra. Lorena y Sola son hija y esposa de Waldo Pizarro, respectivamente.

En conversación con Radio Universidad de Chile, Lorena Pizarro lamentó que los familiares se estén muriendo sin encontrar lo que por tantos años buscaron en vida.

“No nos consuela y es como raro para el familiar de un detenido y/o detenida desaparecida, ver imágenes que se encuentran con sus seres queridos en otra dimensión. Nuestra lucha no ha sido para encontrarnos en otra dimensión, nuestra lucha es para que se haga verdad y justicia aquí, nuestra lucha ha sido para encontrarlos ahora y aquí, y el mayor dolor es que no solo no los encontraron, sino que no encontraron verdad y justicia. Porque esa ha sido la lucha de la Agrupación, y esa ha sido la deuda para con todas las mujeres de la Agrupación”.

La dirigenta explicó que dentro de los familiares de detenidos desaparecidos –en su mayoría mujeres-, muchas han ido muriendo por enfermedades como el cáncer, pues la pena del alma se manifiesta físicamente.

“Algunas de ellas han muerto por cáncer, enfermedad que ha tenido una presencia muy alta en nuestra organización, compañeras jóvenes que han partido. Como a ellas se les diagnosticaron estas enfermedades, las envolvía una gran desesperación, primero, por no saber lo que iba a pasar con sus hijos e hijas, porque ya tenían un padre desaparecido, y segundo, no poder saber qué pasó con ese familiar detenido desaparecido”.

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Para Pizarro, las familiares que no han sido víctimas de cáncer, han tenido que soportar en vida la angustia de saber impunes a los verdugos, y peor aún, saber cómplice al Estado.

“Lo otro, es la historia de las compañeras que envejecen, porque pasan los años y se tienen que enfrentar a que saben que está próxima la muerte y que no han encontrado a sus familiares. Eso es una angustia tremenda. Ellas envejecen, siguen luchando en la medida que han podido, y se tienen que enfrentar a aberraciones como el homenaje a Miguel Krassnoff, que se refieran a los victimarios como las pobres víctimas, y que los asesinos cumplan condena en Punta Peuco. Eso es brutal”.

En ese sentido, la presidenta de la AFDD sostuvo que ser familiar de un detenido desaparecido es una permanente tortura, desde el mismo momento en que aquel esposo, hijo, o hermano, simplemente, nunca más llegó a la casa.

Para Mireya García, integrante de la AFDD y ex vicepresidenta de la organización, el hecho de que los familiares de las víctimas partan sin haber encontrado los restos de sus seres queridos, y mucho menos verdad y justicia, obedece a una puesta en escena del Estado y de los victimarios que apunta justamente a eso: que la gente se vaya muriendo para que el problema vaya quedando atrás.

“Eso es parte no solo de la realidad de la vida, es parte de la puesta de impunidad también, porque claramente los que negaron, los que no entregaron información, los que ocultaron, los cómplices pasivos, los gobiernos, el poder judicial, tenían esta apuesta, la apuesta de que los familiares se empezaran a ir de la vida, pero también la apuesta de que los criminales les iba a pasar lo mismo, entonces, la situación iba a terminar –según ellos- porque todos ya no íbamos a estar con vida”.

Y pese a que la realidad pasa la cuenta, García no pierde la esperanza de encontrar a quienes la dictadura de Augusto Pinochet hizo desaparecer, misma esperanza que las que ya no están mantuvieron hasta su final.

“La esperanza es la que nos ha mantenido firme, nos ha mantenido con la energía suficiente para seguir en esta búsqueda que ha sido tan demoledora para cada una de nosotras, sin esa esperanza, no podríamos estar aun buscando, exigiendo y actuando para que el Estado comprenda que nuestro derecho es conocer dónde están nuestros familiares detenidos desaparecidos y nuestro derecho a que se les haga justicia”.

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Pero Mireya García no quiere quedarse solo con la esperanza que, si bien reconoce que es fundamental, no ayudó a quienes partieron sin encontrar a los suyos, a quienes, simplemente, “se desvanecieron en la nada”.

“Que se vaya un ser querido, que luchó 30 o 40 años sin conocer la verdad de lo ocurrido, realmente es fuerte. Es fuerte porque su vida se desvaneció a pesar de todo el esfuerzo, a pesar de toda la entrega, a pesar de todo lo que se tuvo que vivir, finalmente su vida se desvaneció en el no saber, murió en la nada: murió en el limbo aquel familiar que luchaba por su desaparecido y se va, al igual que su ser querido, de la tierra”.

De todas formas, Mireya García insiste: la lucha por la verdad y justicia no acaba con la muerte de los familiares, pues son miles los jóvenes que han hecho suya la causa, miles de jóvenes que mantendrán viva la memoria y recordarán al país los crímenes de una dictadura que jamás debe volver a repetirse.