Diario y Radio U Chile

Año X, 9 de diciembre de 2018

Escritorio

Manipulación del sentido común

Fernando Curiqueo Cartas al Director |

  Sábado 24 de noviembre 2018 11:48 hrs. 

Señor Director:

Hay temas que aunque no estén ´a la orden del día`, merecen amplia discusión (más allá de la academia). Es el caso del papel del concepto de sentido común en la política (entendida ésta como expresión concentrada de la economía). No es infrecuente ser testigo de que expresiones tales como: “Hay que usar el sentido común” , “Es de sentido común” y otras por el estilo, sean utilizadas para imponer decisiones que afectan derechos e intereses de distintos grupos sociales (étnicos, etarios, de género, de clase, etc.). O, contrariamente, que cuando cabe aplicar el sentido común, ello no acontezca, afectando de este modo a alguno (s) de esos grupos.

Los llamados a aplicar el sentido común que se hacen en política deben tomarse con reticencia y ser sometidos a un escrutinio que ayude a develar los intereses que esconden. Igual actitud cabe adoptar  cuando se esgrime, como argumento u objetivo, el denominado bien común.

Cuando el gobierno de turno declara que para que económicamente le vaya bien a la gente es condición que a la economía del país le vaya bien, estamos frente a una declaración que puede ser asumida por la población -porque así le es presentada- como de sentido común. Sin embargo, la experiencia muestra que cuando le ha ido bien  a la economía, la autoridad política de turno no ha actuado consecuentemente  y como resultado de ello el llamado “chorreo” no ha llegado a los trabajadores o ha sido mínimo. El recurso al sentido común ha sido utilizado, por la autoridad política, para favorecer  intereses económicos de una clase social.

Se puede dar el caso inverso: que el gobierno proclame que si le va mal a la economía del país es de sentido común inferir que a todos les irá mal en lo económico. Sin embargo, la experiencia muestra que aun cuando en ciertos períodos de tiempo a la economía del país no le ha ido bien, a las AFP, a las Isapres, al sistema financiero en general les ha ido bien -sus ganancias no se han visto afectadas o han disminuido muy poco- y que han sido los trabajadores los que han sufrido las consecuencias. Aquí, igualmente, se ha hecho uso del sentido común, por parte de la autoridad política, para proteger intereses económicos de una determinada clase social.

[A propósito de clase social y lucha de clases, Warren Edward Buffet, poseedor de una fortuna estimada en cerca de  US$90.000.000.000 (noventa mil millones de dólares de EE.UU.) y al que la revista Forbes años atrás declaró como la persona más rica del mundo, ha expresado que “por supuesto que hay lucha de clases y la estamos ganando los ricos”].

La discusión acerca del sentido común se remonta a la Antigüedad (para Aristóteles, a quien se atribuye la autoría de la noción de sentido o sensorio común, era “el primero de los sentidos internos”) y ha continuado hasta nuestros días. Sin ir más lejos, estuvo presente -cierto, de un modo tan marginal que posiblemente muchos no repararon en ello-, en la última campaña presidencial. El precandidato del Frente Amplio Alberto Mayol manifestó en varias ocasiones -aunque no tuvimos la posibilidad de escuchar su argumentación al respecto-, que se hacía necesario “cambiar el sentido común”. ¿A qué aludía con su afirmación?

El sentido común no es un concepto unívoco (esto es, que siempre tenga el mismo significado o la misma interpretación). Michel Maffesoli alude incluso a una mirada escéptica y despectiva:

Se haya formulado de una o de otra manera, el discurso sabio siempre ha mantenido sus distancias respecto al sentido común. En el mejor de los casos, se considerará a este como un material bruto que conviene interpretar, fuera triturándolo, desnaturizándolo o corrigiendo su ´falsa conciencia`. En el peor de los casos, se intentará simplemente superarlo, considerando que se trata de pura ideología.

En la epistemología de Karl R. Popper, el sentido común juega un papel en su metodología falsacionista. Advierte, eso sí, que “el término ´sentido común` que empleo es muy vago, porque denota algo vago y cambiante –los instintos y opiniones de la gente-, muchas veces adecuados y verdaderos, pero muchas otras inadecuados y falsos”.

Marx W. Wartofsky, en el capítulo Tipos precientíficos de conocimiento, de su Introducción a la filosofía de la ciencia, opina que “los prototipos de la explicación científica (o tipos precientíficos de conocer, F.C) se encuentran con frecuencia ocultos porque se tiende a descartarlos, o como productos del sentido común ordinario o como producto de la ignorancia y la superstición”. Aunque aclara más adelante que en esos prototipos “ya se vislumbran facultades para el desarrollo de la ciencia”.

Karl Marx aborda en sus análisis el tema del sentido común. A modo de ejemplo, se puede señalar su análisis sobre la llamada acumulación originaria del capital en el que demuestra -contrariamente al relato instalado por el sentido común burgués-, que el origen de la fortuna de los capitalistas no se originó ni en el ahorro, ni en el trabajo personal de éstos. Chile es paradigmático, al respecto.

[Quienes leyeron El Amante Japonés, de Isabel Allende, seguramente recuerdan que Alma Belasco, la niña polaco-judía, protagonista de la novela, llega a EE.UU huyendo de los nazis y se instala  en la casa de su tío político y que éste logra hacerse de una fortuna, a punta de puro ñeque y trabajando diariamente un montón de horas, durante e inmediatamente después de la Gran Depresión. Isabel Allende, con este relato, mistifica la Gran Crisis de 1929, en la que unos a otros los capitalistas se despojaban sus propiedades, dando lugar a nuevas fortunas, a costa de la bancarrota y muchas veces del suicidio de otros capitalistas, y que fue la causa –esto es lo más importante-, de desempleo, hambre y miseria para millones de trabajadores. Isabel Allende soslayó estos hechos reales. Quizás pensó que si los incluía en la trama, el rosado de su novela perdería lustre, tersura y brillo].

Antonio Gramsci aborda, igualmente, el concepto de sentido común y le atribuye, sin soslayar sus limitaciones y fallas, valor filosófico. Introduce el concepto de filosofía espontánea que es distinta de la filosofía “sofisticada” y “profesional”. Afirma que todos los hombres son filósofos y que el sentido común es la filosofía de los no filósofos. Es decir, el sentido común contiene una concepción del mundo, a partir de la cual los no filósofos actúan prácticamente. De este modo, se evidencia la posibilidad de establecer un vínculo real de los millones de no filósofos con la filosofía de la praxis, cuyo objetivo no es sólo interpretar el mundo, sino que, como lo enunció Karl Marx en su Tesis 11 sobre Feuerbach, transformarlo.