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Patricio López

Acuerdo Constitucional en peligro

Patricio López | Jueves 12 de diciembre 2019 10:01 hrs.


El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución en el que han venido trabajando buena parte de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento, está pasando por un momento difícil hasta el punto que empieza a haber dudas sobre su viabilidad. El futuro del proceso se juega en dos dimensiones: por un lado los contenidos del Acuerdo y sus aterrizajes en la Mesa Técnica; y por el otro, las condiciones políticas para que efectivamente se pueda cumplir el itinerario trazado.

En un país donde asistimos a un vacío de poder inédito como consecuencia del deterioro de la figura presidencial, el hecho que una de las instituciones más desprestigiadas de la República -el Parlamento- fuera la que impulsara este acuerdo, sin considerar a las organizaciones que estaban movilizadas en las calles, pudo tener una explicación metodológica muy justificada, pero ha supuesto una suerte de pecado político original que hace crecer cada vez más la mochila del Acuerdo. La posterior oposición de Unidad Social y otros grupos de la ciudadanía organizada ha subrayado el hecho que la calle que empujó el escenario de una nueva constitución no está participando del proceso. Son otros los que lo hacen en su reemplazo.

Adicionalmente se complican las cosas cuando la fuerza política más nueva, la que por lo tanto menos podía vincularse con las causas del desprestigio del Parlamento -el Frente Amplio- concurrió a una votación sobre la llamada Ley Antibarricadas a contrapelo de la expectativa de sus bases, lo que ha llevado a la que probablemente es la crisis más grave de la historia de la coalición, con el retiro de varias fuerzas políticas y el inminente paso del Partido Humanista en la misma dirección, con la desintegración de otras colectividades como Convergencia Social y con el desfonde de los partidos que restan, como consecuencia de las renuncias masivas de tal envergadura que, aunque no se reconozca en público, han reducido severamente el tamaño de las tiendas.

Esta crisis ha salpicado al acuerdo, puesto que toda la carga negativa que tiene en el país el concepto de “cocina” ha envuelto ahora al Frente Amplio. Si el sostenimiento de este acuerdo institucional pusiera en riesgo la existencia misma de la coalición -escenario que no parece ficcional- ¿estarían las fuerzas políticas del Frente Amplio dispuestos a pagar hasta ese punto los costos? Parecería demasiado poco pragmático. Al menos a día de hoy, el Partido Comunes ha anunciado públicamente que revisará su permanencia en el acuerdo.

Las complicaciones ‘continúan si se considera que las expectativas de la ciudadanía movilizada tienen complejidades técnicas y comparativas, como por ejemplo aquellas que remiten a la paridad de género y a la existencia de cuotas para pueblos originarios. Sin perjuicio de que ambas aspiraciones son justas y necesarias, las experiencias de otras asambleas constituyentes no registran ninguna de las dos, y por lo tanto menos aún al mismo tiempo. Si los representantes progresistas en la Mesa Técnica logran imponerlas sería un gran triunfo, pero en caso contrario se hará difícil la comprensión de una ciudadanía que repudia desde el trauma cualquier cosa que sea o parezca una cocina.

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