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Juan Álvarez

El legado del Winnipeg al deporte chileno

Juan Álvarez | Martes 7 de enero 2020 8:35 hrs.

Terminada la guerra civil española, centenares de miles de republicanos con sus familias atravesaron los Pirineos y se refugiaron en Francia. Dadas las precarias condiciones en que fueron recibidos, muchos emigraron a otros países, incluyendo los del continente americano. El gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas colaboró en el traslado de refugiados especialmente intelectuales y científicos. En el caso de Chile, el presidente Pedro Aguirre Cerda, elegido en 1938 por la coalición del Frente Popular, priorizó el traslado de trabajadores que aportaran en el proceso de industrialización del país. El cónsul Pablo Neruda arrendó y acondicionó el barco carguero Winnipeg y transportó alrededor de 2.200 personas que llegaron al puerto de Valparaíso el día 3 de septiembre de 1939.

El año 2019, los 80 años de la llegada del Winnipeg fueron conmemorados de manera especial en Arica, Valparaíso y Santiago, las ciudades donde fueron recibidos los refugiados. En los homenajes y en los medios de comunicación se destacó a los pocos intelectuales, artistas y profesionales que llegaron y que realizaron una importante contribución a Chile en sus respectivas disciplinas. Pero, como en ocasiones anteriores, el aporte en otras áreas, o el de los trabajadores exiliados, fue escasamente mencionado.

De hecho, algunos pasajeros del Winnipeg dejaron un importante legado en el deporte chileno, un área que hasta ahora ha sido ignorada y desconocida incluso por la mayoría de los descendientes de los refugiados. Esto incluye las huellas que dejaron Isidro Corbinos en el periodismo deportivo, Rafael Escolano en la fabricación de bicicletas y en los métodos de entrenamiento de ciclismo y de Francisco “Paco” Molina y Elio Martín en el deporte de alto rendimiento.

Isidro Corbinos (1894-1966) colaboró en deportes con la revista Ercilla y en política con el diario Las Noticias de Última Hora. En el semanario deportivo Gol y Gol, que fue creado con motivo del VII Campeonato Mundial de Fútbol realizado en Chile en 1962, destacó por sus artículos de análisis y síntesis del desarrollo de la copa del mundo y que después continuaron con el torneo nacional. La excelencia de su trabajo periodístico fue reconocida con su nombramiento de profesor en la Universidad de Chile y, después de su fallecimiento, por distinguir con su nombre el máximo galardón del periodismo deportivo. Su principal legado fue contribuir a formar generaciones de periodistas y renovar y mejorar la calidad y la respetabilidad del periodismo deportivo.

Francisco “Paco” Molina (1930-2018) se hizo futbolista profesional en el club Wanderers de Valparaíso y posteriormente jugó en la UC, Audax Italiano, Unión Española y Coquimbo Unido. Fue seleccionado chileno y goleador del campeonato sudamericano de fútbol de 1953 lo que le significó ser contratado por el Atlético de Madrid donde jugó hasta 1956, pero regresó al no conseguir el ingreso de su padre a España. En toda su carrera de futbolista jugó 231 partidos oficiales y anotó 112 goles. Su legado se manifestó principalmente en su etapa de entrenador formando varias generaciones de futbolistas en distintas provincias del país. Comenzó en Coquimbo Unido, donde fue simultáneamente jugador, y continuó en La Serena, Unión Española, Colo-Colo, Antofagasta, O’Higgins de Rancagua (clasificando a la Copa Libertadores de América) y Everton de Viña del Mar.
Rafael Escolano (1915-2010) comenzó como obrero y se convirtió en uno de los impulsores de la fabricación industrial bicicletas. Paralelamente, creó y entrenó al mejor equipo de ciclismo del país desde fines de los 40 hasta comienzos de los 60, logrando importantes victorias nacionales e internacionales. Escolano era muy respetado por sus pupilos quienes lo trataban de “maestro” pues les trasmitía garra y entusiasmo, obligándolos siempre “a dar leña”, “buscar guerra”, “escapar”, criticando a los “chuparruedas”. Su legado es múltiple. Por una parte, contribuyó a semi-profesionalizar el ciclismo, contratando a los deportistas como trabajadores de la industria CIC. Por otra parte, infundió una mística individual y colectiva a sus pupilos que hasta hoy se recuerda. Adicionalmente, promovió el uso laboral, recreativo y deportivo de la bicicleta, contribuyendo a crear una saludable cultura de respeto por el medio ambiente.

Elio Martín (1928-2003) se hizo ciclista en el club Unión Española y en 1949, en el velódromo que rodeaba la cancha de fútbol del Estadio Nacional, se convirtió en bi-campeón nacional de persecución individual y por equipos: En la misma pista, en 1953 ganó una competencia internacional de seis horas “a la americana” (hoy Madison) junto a Roberto González, sacando una vuelta de ventaja y estableciendo un récord de 237 kilómetros recorridos a una velocidad promedio de 39,5 k/h. Por otra parte, fue uno de los “ruteros” más combativos ganando varias carreras y mereciendo elogiosos comentarios en la prensa. Su legado se refleja en su labor de dirigente y entrenador llevando al club Unión Española a ganar la legendaria prueba Santiago-Concepción-Rancagua en 1960, que él mismo había corrido en su primera versión en 1952 recorriendo cerca de 1.000 kilómetros en menos de 32 horas. Su imagen, corriendo bajo la lluvia, fue utilizada en la primera página de la revista Estadio como símbolo del duro y esforzado deporte del ciclismo.

Estos cuatro pasajeros del Winnipeg, de tres generaciones distintas, coincidieron simbólicamente en el Estadio Nacional de Santiago de Chile: uno como periodista, otro como entrenador, y los dos más jóvenes como deportistas de excelencia. Anteriormente, el 28 de diciembre de 1938, semanas después de su inauguración, en el Estadio Nacional se realizó un masivo acto de apoyo a la república española, siendo la primera vez que se ocupó el recinto para una actividad no deportiva. Los cuatro refugiados devolvieron con creces la solidaridad recibida, legando conocimientos y valores a sus discípulos y al deporte chileno.

 

El autor es académico del Depto. de Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile