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Año XII, 3 de julio de 2020

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Yolanda Acevedo

Rememorando a Olga Poblete

Yolanda Acevedo | Viernes 6 de marzo 2020 8:36 hrs.


Conocí a Olga Poblete en la primera mitad de la década de los ochenta, nombre que con su sólida trayectoria ilumina nuestra historia. Nacida  en la entonces ciudad chilena de Tacna , se tituló de profesora de Historia, Geografía e Instrucción Cívica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Era parte de la “Juventud de los Treinta”, entre quienes destacan Julio Heisse, Mario Góngora, Hernan Ramírez, Olga López, entre otras.

Su aporte más relevante se aprecia en la pedagogía, siendo fundadora y profesora del Liceo Experimental Manuel de Salas, primer centro co-educacional de ensayo y experimentación a nivel de enseñanza secundaria.

Al celebrarse el primer centenario de la muerte de Manuel de Salas, Olga Poblete de Espinoza escribió el “Ideario de Manuel de Salas”[1]. Desde sus páginas extraigo algunos párrafos:

“ No puede haber felicidad pública que no sea una suma de las comodidades individuales”, señala el Documento II.

“Feliz el pueblo donde todos se interesan de veras por sus conciudadanos y en que, lejos de habitar la ominosa envidia, depresora del genio, lo alienta el común reconocimiento y el general elogio de las virtudes”, contenida en el Doc. XIX

“Un gobierno sabio debe atender escrupulosamente a todos aquellos ramos que son indispensables a la conservación de la raza humana, de cuyo aumento depende la prosperidad  de una nación. Este es un deber del que no puede eximirse, sin incurrir en el mas atroz delito. La felicidad de los hombres, es el blanco a que deben dirigirse sus miras; es el principal y único motivo de su establecimiento.”

¡Cuán esenciales parecen ser estas palabras en la ética cívica y educacional en este Chile de hoy!

Diez años más tarde, en 1951, ediciones PAZ publica su informe leído el 4 de febrero de 1951 en el Teatro Coliseo en Varsovia, como Presidenta de la Delegación Chilena al II Congreso Mundial de la Paz titulado La paz no se espera, se conquista”.

Así fue que en Varsovia con 2.065 delegados de 81 países, Olga Poblete presidiendo la delegación chilena escribe. “Eso era el Movimiento Mundial por la Paz! Un llamado a la razón, un llamado vigoroso para detener a la humanidad en el despeñadero, un llamado lleno de bondad para decirle por ejemplo, al campesino eternamente ignorado y postergado, que los más notables investigadores del campo científico actual, ya no sólo le tendían la mano, sino como amigos leales se levantaban a su lado para enseñarle que la nueva ciencia  está con los humildes, que es una verdad científica, que los hombres son hermanos y son iguales, y que es una verdad científica que la materia es infinitamente generosa, y que la inteligencia humana es absolutamente capaz de penetrar en todos los matices de esta realidad y de sus posibilidades, y construir con ello un mundo de la abundancia, en el cual los hombres vivan para ser hombres, vivan para cantar, para amar, para sentir la belleza, para lanzar su pensamiento a las estrellas, si así lo desean”.

“Un llamado a la razón, un llamado vigoroso para detener a la humanidad en el despeñadero”. Han transcurrido setenta años y la humanidad pareciera abandonarse en el despeñadero nuevamente.

Más tarde, Olga Poblete también sobresalió desde la cátedra universitaria, a través del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile. Fue la primera catedrática universitaria en América Latina que dictó cursos de Historia de Extremo Oriente y Africa.

En 1939 ingresó como cofundadora al Movimiento por la Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), no abandonando nunca la causa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la discriminación.

En uno de sus escritos dice: “El MEMCH fue para mí una gran escuela de civismo-feminismo. Hasta entonces yo había enseñado Historia en «género masculino»; hablaba de sucesos protagonizados por gobernantes, líderes, escritores, filósofos. Comencé a preguntarme: Y las mujeres, ¿dónde estaban? ¿Qué hacían? Elena Caffarena y Marta Vergara sabían mucho más que yo, por sus lecturas y un gran caudal de reflexiones. De ellas comencé a comprender y a ponderar”.

Olga Poblete tuvo una activa participación política. Afirmaba que «cierto es que la rebelión es la última instancia, pero ¿hasta dónde puede conducir la acumulación de últimas instancias? No puede haber orden, afirma la máxima jurídica, donde imperen la postergación, la arbitrariedad, la injusticia».

Al estallar la Guerra Civil Española, Olga Poblete solidarizó con el  bando republicano  juntando alimentos y medicinas para los refugiados. Trabajó para lograr el triunfo del  Frente Popular  que condujo a la presidencia en  1938 a Pedro Aguirre Cerda, sin embargo su aporte más significativo lo hizo desde la pedagogía y la militancia feminista.

Sobresalió también en la enseñanza universitaria como profesora de Historia de Extremo Oriente  y Africa  del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, primera catedrática universitaria en América Latina.

En  1940 viajó a  Estados Unidos para perfeccionar sus estudios de docencia en Historia y Geografía y pocos años después dado el lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima y el fuerte racismo imperante, la hicieron integrarse al  movimiento pacifista. En  1947 con un Magister en Educación de la  Universidad de Columbia y cuando en  1948 se creó el  Movimiento Partidarios por la Paz fue de las primeras en sumarse siendo nombrada secretaria general, tarea que la llevó a exponer en diversos foros su tesis que sintetizaba con la frase “Nada de lo humano me es ajeno”.

En  1952 obtuvo la cátedra de Historia en el Instituto Pedagógico siendo luego nombrada profesora titular de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, institución de la que llegó a ser decana en  1970.

Escribió libros de enseñanza de Historia Universal, cultura china y numerosas biografías, entre ellas una dedicada a su amiga y camarada Elena Caffarena. Entre otros galardones obtuvo en  1962,  junto a Pablo Picasso de España y a Manolis Glezos de Grecia, el Premio Lenin por la Paz.

Tras el  Golpe de Estado de septiembre de 1973, la Dictadura intervino la Universidad de Chile. Olga, con 65 años, organizó las denominadas “canastas alimenticias” para los obreros, dio charlas, montó exposiciones e impulsó con su ejemplo a las organizaciones de mujeres  transformándose tal como ella misma definiría en una “educadora clandestina”.

En 1990 escribió su último ensayo “La Guerra, La Paz, Los Pueblos”

Murió en Santiago de Chile el  17 de julio de 1999 siendo recordada por generaciones de sus ex alumnos y alumnas por su calidad humana y su empeño en formar personas solidarias y conocedoras de la realidad chilena.

[1]Olga Poblete de Espinoza Santiago de Chile. Escuela Nacional de Artes Gráficas 1941. Ministerio de Educación Pública