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Byung-Chul Han: “Deberíamos redefinir la libertad a partir de la comunidad”

El filósofo surcoreano dice que “hemos olvidado que la comunidad es fuente de la felicidad”. Sobre el coronavirus, advierte: "La violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él con más fuerza. En eso consiste la dialéctica del Antropoceno: en la llamada Era del Ser Humano, el ser humano está más amenazado que nunca”.

Paula Campos

  Sábado 16 de mayo 2020 15:02 hrs. 
Byung-Chul Han

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“En la actualidad, la comunidad está desapareciendo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vincu­lación ni más cercanía”, la frase es de Byung-Chul Han, el célebre filósofo que reflexiona sobre la situación actual, pero también describe lo esencial de su último libro.

El nacido en surcorea y profesor de la Universidad de Artes de Berlín esta año publica La desaparición de los rituales, ensayo donde habla de la libertad, la comunidad, el neoliberalismo y la ritualidad.

Entrevistado por El País de España, asegura que “las redes sociales también acaban con la dimensión social al poner el ego en el centro. A pesar de la hipercomunicación digital, en nuestra sociedad la soledad y el aislamiento aumentan”, donde todo el mundo practica el culto, la adoración del yo.

“Hoy en día prevalece la comunicación sin comunidad. Cada vez celebramos menos fiestas comunitarias. Cada uno se celebra solo a sí mismo. Deberíamos liberarnos de la idea de que el origen de todo placer es un deseo satisfecho. Solo la sociedad de consumo se orienta a la satisfacción de deseos, agrega para describir lo que, a su juicio, es un ejemplo de la pérdida de comunidad, esa que se vive en el cuerpo, que se se ancla en el cuerpo para poder vivir la cultura.

“Hemos olvidado que la comunidad es fuente de la felicidad”, continúa recordando que Freiheit, la palabra alemana para “libertad”, significa en origen “estar con amigos”. “Libertad” y “amigo” tienen una etimología común. La libertad es la manifestación de una relación plena. Por tanto, también deberíamos redefinir la libertad a partir de la comunidad.

La sociedad del consumo, el neoliberalismo están en el centro de sus críticas. “Para escapar de la rutina, del vacío, consumimos aún más estímulos nuevos, nuevas emociones y experiencias. La sensación de vacío es precisamente la que activa la comunicación y el consumo. La “vida intensa” que actúa como reclamo del neoliberalismo no es sino consumo intenso. Existen formas de repetición que crean auténtica intensidad. Me encanta Bach. He tocado más de 10.000 veces las arias de las Variaciones Goldberg, y cada vez experimento una felicidad. Personalmente, no necesito nada nuevo. Me encantan las repeticiones, los rituales de la repetición”, explica para describir lo que a su juicio es el arte de la repetición, ese donde las cosas y personas son tratadas con ciudadano, como si se tratasen de un amigo.

La desaparición de los rituales permite también hablar del coronavirus y de esa sensación de cuerpo que nos hace falta: “Precisamente en la crisis del coronavirus, en la que todo se desarrolla por medios digitales, echamos mucho de menos la cercanía física. Todos estamos más o menos conectados digitalmente, pero falta la cercanía física, la comunidad palpable físicamente”.

El filosofo profundiza en este punto: “La crisis del coronavirus ha acabado totalmente con los rituales. Ni siquiera está permitido darse la mano. La distancia social destruye cualquier proximidad física. La pandemia ha dado lugar a una sociedad de la cuarentena en la que se pierde toda experiencia comunitaria. Como estamos interconectados digitalmente, seguimos comunicándonos, pero sin ninguna experiencia comunitaria que nos haga felices. El virus aísla a las personas. Agrava la soledad y el aislamiento que, de todos modos, dominan nuestra sociedad. Los coreanos llaman corona blues a la depresión consecuencia de la pandemia. El virus consuma la desaparición de los rituales. No me cuesta imaginar que, después de la pandemia, los redescubramos”.

Pero esta necesidad de que, en la sociedad del futuro, construyamos comunidad poco tiene que ver con la idea que de estas tiene la derecha: “La comunidad a la que se acoplan las derechas está vacía de contenido. Por eso encuentra su sentido en la negación del otro, del extranjero. Está dominada por el miedo y el resentimiento”, aclara para poner en el otro lado de la definición su comprensión sobre ellas.

Su libro no es nostalgia, repite, más bien una forma de tender un puente de explicación entre el ayer y hoy. Ahí, lo que ocurre en la actualidad, casi siempre termina perdiendo frente a lo pasado. “Hoy en día todo se ha convertido en una cuestión de rendimiento y producción. No solo en la guerra, sino también en el amor y la sexualidad. 

Los datos, o más bien pensar que la cultura de hoy es una cultura de datos, para él es “una forma pornográfica de conocimiento que anula el pensamiento”. En defensa de este último, cita a Heidegger para hablar del pensamiento erótico, ese que se compara con el eros. “La transparencia también es pornográfica. Peter Handke dice en una de sus anotaciones: “¿Quién dice que el mundo ya está descubierto?”. El mundo es más profundo de lo que pensamos”.

Sobre el ser humano en época de cambio climático, Byung-Chul Han es enfático: “A consecuencia de la pandemia nos dirigimos a un régimen de vigilancia biopolítica. El virus ha dejado al descubierto un punto muy vulnerable del capitalismo. A lo mejor se impone la idea de que la biopolítica digital, que convierte al individuo y a su cuerpo en objeto de vigilancia, basta para hacer al capitalismo invulnerable al virus. Sin embargo, el régimen de vigilancia biopolítico significa el fin del liberalismo. En ese caso, el liberalismo no habrá sido más que un breve episodio. Pero yo no creo que la vigilancia biopolítica vaya a derrotar al virus. El patógeno será más fuerte. Según el paleontólogo Andrew Knoll, el ser humano es solamente la guinda de la evolución. El verdadero pastel se compone de bacterias y virus que amenazan con atravesar cualquier superficie frágil, e incluso reconquistarla, en cualquier momento. La pandemia es la consecuencia de la intervención brutal del ser humano en un delicado ecosistema. Los efectos del cambio climático serán más devastadores que la pandemia. La violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él con más fuerza. En eso consiste la dialéctica del Antropoceno: en la llamada Era del Ser Humano, el ser humano está más amenazado que nunca”.

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