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Año XII, 7 de julio de 2020

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Patricio López

Carlos Lorca, 45 años después

Patricio López | Jueves 25 de junio 2020 9:57 hrs.


Hoy jueves 25 de junio se cumplen 45 de la desaparición de la primera mesa clandestina del Partido Socialista, luego del golpe civil-militar de 1973. Un grupo de dirigentes de distintas edades y procedencias, mujeres y hombres caía en manos de las fuerzas represivas, luego de un intenso y silencioso trabajo de organización partidaria y apoyo a quienes eran perseguidos. Los nombres de Exequiel Ponce, Carlos Lorca, Ricardo Lagos Salinas, Ariel Mancilla, Michelle Peña, Carolina Wiff y Sara Donoso no se olvidan, así como los de la larga lista de personas que dieron su vida por la libertad y la democracia para Chile.

Entre ellos, nos gustaría referirnos al caso de Carlos Lorca, quien era considerado uno de los dirigentes más brillantes de su generación y una referencia para muchos jóvenes que, años después, asumieron altas responsabilidades públicas. Estudiante de Medicina de la Universidad de Chile, llegó a ser secretario general de la FECH y desde 1971, se convirtió en el secretario general de la Juventud Socialista. Asimismo, Lorca fue electo diputado por la 22ª Agrupación Departamental, que incluía Valdivia, Panguipulli, La Unión y Río Bueno, con lo que pasó a ser uno de los más jóvenes integrantes del Parlamento. Luego del Golpe, la represión se ensañó especialmente con los militantes de los partidos principales de la Unidad Popular, el Socialista y el Comunista, además del MIR. Como integrante de la Comisión Política de su partido, a Lorca le correspondió organizar a su tienda en la clandestinidad, en circunstancias donde tal tarea era, literalmente de vida y muerte. En ese propósito estaba cuando, junto con sus compañeros y compañeras, cayó en manos de la DINA el 25 de junio de 1975 y trasladado al centro de detención y torturas de Villa Grimaldi, donde se perdió su rastro. Él y el diputado radical Gastón Lobos son los dos parlamentarios detenidos-desaparecidos en dictadura.

El nombre y el testimonio de Carlos Lorca, sin embargo, persisten en la memoria social. Gracias al trabajo incesante de organizaciones como el Centro de Formación Memoria y Futuro, que reúne a socialistas añosos (dicho esto como un halago), entre ellos familiares de los caídos de la Mesa Clandestina, las nuevas generaciones hemos podido recibir el legado de estos dirigentes y su disposición a dar la vida, si fuese necesario, por un Chile mejor. Eso no quiere decir que los preferimos como héroes. La dictadura le extirpó al país una de sus partes más brillantes y altruistas. La pregunta de cuán mejor hubiera sido Chile con ellos es imposible de contestar, pero si entre ese grupo está el general Carlos Prats, Víctor Jara, Jorge Peña Hen, Marta Ugarte, Tucapel Jiménez, José Carrasco Tapia y Carlos Lorca, entre tantos otros, ya tenemos un indicio para, al menos, reflexionar sobre el tema.

En este contexto de cuarentena, se ha hecho una relectura de la vida y el legado del doctor Lorca, luego de que la Municipalidad de Independencia decidiera rebautizar a un tramo de la calle Santos Dumont por Carlos Lorca. La misma gestión ya se inició con otra parte de la arteria vial que corresponde a la comuna de Recoleta. En la justificación de la medida, las autoridades municipales han planteado que, al invocar al médico desaparecido, se rinde al mismo tiempo homenaje al trabajo heroico de los trabajadores y trabajadoras de salud.

Así como nos referíamos días antes a la necesidad de rendir tributo al esfuerzo de quienes se desempeñan en hospitales y recintos afines, nos hace bien recordar a Lorca y a los demás integrantes de la mesa clandestina del Partido Socialista desaparecidos en un día como hoy. Con ello se resaltan los gestos de solidaridad, compromiso colectivo y altruismo, los cuales son patrimonio de la mejor parte de la sociedad diversa y que, no cabe duda, son lo que más se requiere en este momento para poder ver amanecer, luego de esta noche tan larga.

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