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Año XII, 10 de agosto de 2020

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Ramiro Ramírez S.

La aporofobia del Estado de Chile

Ramiro Ramírez S. | Jueves 23 de julio 2020 9:32 hrs.


 

En el 2017 se publicó un libro de la filósofa española Adela Cortina llamado Aporofobia, proponiendo este concepto para nombrar la actitud de “aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio. Y, por eso, se le excluye de un mundo construido sobre el contrato político, económico o social, de ese mundo del dar y el recibir, en el que sólo pueden entrar los que parecen tener algo interesante que devolver como retorno.”

Los pobres. Los mismos que deben ser escondidos bajo la alfombra, y algunos que alcanzan a comprarse alfombras para no parecer pobres. Esos mismos que cuando salen a las calles a protestar son barridos por el Estado, y devueltos a su lugar por rehusarse a lo que les toca. Los que no pueden denunciar, porque se les llama malagradecidos; los que no pueden desear, porque se les nombra como insaciables. Esos mismos que no pueden apuntar la riqueza porque se les reserva la categoría de resentidos.

Los pobres. Aquellos que deben conformarse con lo que se les dona, porque no deben ni soñar con las esperanzas de un proyecto de futuro propio. Como cuerpos que representan el gasto social, se quiere decidir por ellos anulándoles hasta la capacidad para elegir. Y así: vulnerados, marginados, y culpados, el poder dominante les marca no sólo la piel, sino hasta la subjetividad. Deshumanizados, deben confinarse en los bordes hasta donde su existencia no sea transformada en la de enemigos insolentes.

Por querer participar de la construcción de un proyecto histórico común, el Estado justifica su autoritarismo contra los pobres engrosando su brazo policial bajo el eufemismo de un proceso de “modernización”, para no usar el eufemismo de la “pacificación” que reserva a la represión de los pueblos originarios. El mismo Estado que sigue poniendo su foco en el cuidado de los capitales, mientras los pobres siguen engrosando las estadísticas de muerte por Covid, cuando no, esperando cualquier otra forma de muerte social.

Inconformistas, insolentes, violentos e irresponsables son los nombres que la “inteligencia” de los servidores del poder del Estado emplea para llamar lo que no pueden representarse como potencia ciudadana y legítimos anhelos de participación política, y para encubrir el interés perverso de sus políticas aporocidas, que en tiempos de pandemia ha arrojado miles de pobres a la muerte, tanto como en otros momentos los encarcela, y en algunos otros, los hizo desaparecer, violándoles hasta el derecho de haber existido.

El autor es miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Psicólogos de Chile.