Diario y Radio U Chile

Año XII, 30 de septiembre de 2020

Escritorio MENÚ
Hernán Hochschild

Ni de acuerdo, ni en desacuerdo

Hernán Hochschild | Miércoles 9 de septiembre 2020 15:10 hrs.


La realidad social se ha ido complejizando, entremezclada con la digitalización de nuestras relaciones, con una transparencia de cámara en mano, con formas de interconexión y coordinación que hacen emerger en forma acelerada nuevos fenómenos sociales. Todo esto en tiempos de pandemia y grandes dificultades sociales. Así la realidad social se observa hoy desde millones de puntos de vista, y estructurarla en un concepto o narrativa global se hace muy difícil. ¿Qué pide la gente? ¿Cuáles son los sueños de quienes habitan esta tierra? ¿O de los que sienten parte de ella? ¿Los dolores? ¿Sus prioridades y compromisos? Probablemente no existen palabras ni discursos que nos representen a todos, sobre todo cuando algunas personas acusan que la élite no entiende la realidad, mientras otras plantean que esas son críticas populistas en busca de la aceptación de la calle.

El mecanismo de las encuestas, que algo ayuda en la escucha social, reduce normalmente todo a alternativas cerradas. Variables categóricas. ¿Usted prefiere A o B? ¿UHochschildsted está a favor o en contra del proyecto A? Algo parecido sucede en las redes sociales. Un me gusta o no me gusta, un comentario, pero no más de 280 caracteres. Y así también a veces terminamos reduciendo la democracia a un único clamor: elija entre A y B.

Una sabia profesora una vez me decía que las pruebas de alternativas no develan el aprendizaje, sólo dan cuenta de él. Porque le quitan todo el análisis, todo el razonamiento y el entendimiento. Quizás reducir la democracia solo a alternativas cerradas hace lo mismo, y por eso nos vamos polarizando. Eliminan el análisis, el razonamiento y el mutuo entendimiento. Si la escucha es binaria, si la práctica es binaria, si ejercer nuestra ciudadanía, para algunos, solo se trata de estar entre A o B, ¿cómo no nos vamos a polarizar o terminar en la anomia?

Esta semana en el proyecto Tenemos que Hablar de Chile iniciativa impulsada por la Universidad Católica, la de Chile y muchas otras organizaciones vamos a alcanzar un humilde pero importante paso: más de 50 mil personas habrán sido parte de distintos mecanismos de participación. Uno de ellos, busca asegurar representatividad en conversaciones digitales de 5 personas, guiadas por un moderador. La idea es que al menos uno de cada mil chilenos, chilenas y extranjeros residentes participe de estas conversaciones, resguardando la participación por edades, comunas, pueblos originarios, niveles educativos, ruralidad y muchas variables que le dan forma a los miles de puntos de vista que hay en nuestra sociedad.

Un aprendizaje inesperado, al menos para mí, ha sido la forma en que los participantes consideran sus diferencias. Porque mientras en las discusiones públicas está el llamado constante a “dejar de lado las diferencias”, “trabajar por grandes acuerdos” o en contrapartida “transar nunca, jamás”, en estas conversaciones las diferencias son lo que más se valora. Pero ojo, no para dejarlas de lado o para disputarlas, sino que para integrarlas en una mirada común, tal y como lo escriben en sus libros los expertos en innovación social: la diferencia como valor, los puntos de vistas como oportunidad, no como cancelación.

Obviamente también hemos tenido abanderados de su verdad y nada más que su verdad. Pero en la inmensa mayoría de las conversaciones, es en la riqueza de los distintos puntos de vista de las personas, de ser escuchadas y poder escuchar, donde se producen respuestas comunes a las preguntas globales. No dejemos de lado nuestras diferencias, sino que abracémoslas, para dar respuestas integradoras y comunes, que nos saquen de la anomia y la polarización.

Para guiarnos en esta realidad que se ha vuelto tan compleja, tenemos que hablar de Chile.