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Año XIII, 24 de enero de 2021

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 Eric Eduardo Palma

Que viva la división: ¡es tiempo de separar aguas!

Eric Eduardo Palma | Domingo 10 de enero 2021 10:04 hrs.


Numerosos columnistas y analistas intentan por estos días instalar la idea de la necesidad de la unidad de la oposición para enfrentar las elecciones a la Convención Constituyente. Algunos, los más audaces, incluso se atreven a criticar abiertamente a los independientes por no sumarse a la demanda partidista. Todos ellos pretenden destruir el capital político de la independencia en favor de los partidos. Ante tales corifeos hay que gritar a viva voz ¡viva la división, es tiempo de separar aguas!

Todos los llamados a la unidad parten de la necesidad de tener votos suficientes para enfrentar el mecanismo de los 2/3. Si la oposición va dividida, dicen, favorecerá a la derecha. Curioso argumento. Se supone que el mecanismo favorece al país, al menos eso nos dijeron cuando los partidos de oposición lo aprobaron y salieron a defenderlo con dientes y uñas ¿Por qué ya no favorece al país? ¿Sólo la derecha puede verse beneficiada con el tercio? ¿Por qué si la oposición llega a controlar sólo 1/3, que sería el efecto esperado de la división, no puede usar ese tercio para enfrentar el cómo llenar la famosa hoja en blanco? ¿Mintieron al defender la aprobación del tristemente célebre Pacto por la Paz y la Nueva Constitución, o mienten ahora? ¡que penoso el nivel de desconfianza en que nos tiene instalados la política partidista!

La unidad no será posible mientras no se supere este nivel de suspicacia. Para ello se requiere de una renovación profunda de los liderazgos partidarios. La crisis y la coyuntura constituyente es una gran oportunidad para ello. No habrá unidad si ella es demandada por los líderes de siempre. Ellos son los responsables de la insignificante adhesión que tiene el sistema de partidos en el seno de la sociedad ¿Por qué sería valioso o de interés tender lazos para construir una unidad con quienes son responsables de la crisis de la política partidista? ¿Por qué sería un acto de responsabilidad proporcionar oxígeno a unas cúpulas ajenas a las demandas del movimiento social? La unidad no es posible porque no existe piso para darle veracidad al cumplimiento de los acuerdos que se adopten. Las dirigencias no dan garantías al pueblo de Chile: ojalá las bases entiendan la urgente necesidad del cambio de sus líderes. Chile necesita un sano y robusto sistema de partidos políticos.

Se invoca también la unión de la derecha para justificar la de la oposición. Parece que la unidad es la medida del éxito y no la credibilidad y propuesta constitucional del bloque que la alcanza. ¿De verdad la oposición cree que la derecha no será castigada en estas elecciones, qué mantendrá su tradicional rendimiento electoral? Al parecer el escenario imaginado como base de la propuesta de unidad es una contienda entre los actores de siempre. Si son los mismos de siempre y los votantes de siempre, la irrupción en el escenario de un tercer actor arruina una práctica política que ha asumido de manera desvergonzada como un mero dato de la causa su falta de legitimidad en el seno del pueblo.

El valor de la independencia organizada como colectivo radica en su potencial de renovación de la política, y en su potencial de penetración en el seno de las masas populares y medias, todo lo cual se perderá si se va en alianza con los partidos tradicionales ¡Hoy más que unidad se requiere de división, es tiempo de separar aguas! Solo la división da a los independientes la posibilidad de no ser vistos como “más de lo mismo”.

Contra viento y marea centenares de independientes han levantado sus precandidaturas a lo largo y ancho del país. Felicitaciones a todos y a todas por contribuir tan significativamente a la repolitización de la sociedad chilena y por atreverse a intentar superar las barreras levantadas por los partidos. 

El desafío para los independientes organizados en listas autónomas de los partidos, como la Lista del Pueblo, es el de generar una propuesta alternativa al modelo socioeconómico que ha sustentado la elite económica y la clase política que la secunda. El trabajo territorial de los independientes organizados requiere sintonizar con los sueños del pueblo, venir de hecho desde su seno. Esta es la tarea del día ¡interpretar del modo más fidedigno esos sueños! Hay que sintonizar verazmente con las demandas que vienen del seno del pueblo de Chile. Para ello se requiere separar aguas, perseverar en la división. Solo la división en aras de una propuesta global tendrá potencial emancipatorio. Ceder ante el llamado a la unidad sería, en buenas cuentas, ceder ante otra barrera más que han levantado los corifeos de los partidos que avalaron en noviembre el mecanismo de los 2/3.

Es claro que esta postura no mira al electorado que tradicionalmente vota a los partidos políticos del actual sistema. Debe ser así. La meta de los independientes organizados en lista es atraer a esos millones que dejaron de creer. Todos los procesos constituyentes tienen como uno de sus efectos el aumento en la participación del electorado. Un trabajo territorial sistemático tiene el potencial de provocar en Chile este mismo efecto. En ese caso las listas de independientes tendrán posibilidad de romper el sistema de partidos y generar como consecuencia una representación de los intereses del pueblo en la Convención.

No hay ninguna garantía que los liderazgos partidistas actuales interpreten al movimiento social (salvo honrosas excepciones), por ende, nadie puede sostener con credibilidad que la falta de unidad afectará la demanda del pueblo de Chile por una nueva Constitución y un nuevo modelo socioeconómico. Puesto que esa garantía no existe, es un acto de responsabilidad no acoger el llamado a la unidad de los actores del actual sistema de partidos. Solo la división hará creíble y fortalecerá el potencial emancipador de las listas de independientes, como la Lista del Pueblo. Se trata, claro está, de una apuesta que será exitosa en la medida que las listas sean capaces de generar una propuesta que capte la adhesión de un nuevo electorado. El trabajo territorial, de base, será clave en este sentido. La movilización del poder local debe ponerse en aras de una propuesta global.

El asunto es que sólo ejecutándola sabremos si esta postura de separación de aguas fue o no la correcta. Por el contrario, hoy día sabemos que no es correcto ceder a la campaña orquestada en contra de los independientes para que acepten la unidad y renuncien a su principal capital, la independencia, en favor de una clase política carente de credibilidad.