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Pablo Jofré

Fútbol y Limpieza de Imagen (Sportswashing)

Pablo Jofré | Martes 12 de octubre 2021 11:14 hrs.


Hace tiempo ya que el futbol dejó de ser una mera actividad de deporte competitivo, regido por cierto pundonor, entrega a la camiseta, prestigio del equipo y la ciudad o el país representado, para convertirse en una fuerza donde priman más los intereses políticos y económicos.

 

Y, como evidencia de lo mencionado, cada día, sobre todo en las grandes ligas de futbol internacional se ha consolidado lo que se denomina el “sportswashing” o “blanqueo de la imagen deportiva” convirtiéndose en una práctica habitual de usar equipos, como también la práctica de usar eventos deportivos, para así cambiar la percepción pública de un país financiando combates de boxeo, torneos de tenis, golf y carreras de automóviles, fundamentalmente en la Fórmula Uno o en la llamada Fórmula E, conocida también como ABB Fórmula E, que se ha convertido en una categoría de competición de monoplazas eléctricos, que es organizado por la Federación Internacional del Automóvil (1)

Mediante el “Sportswashing” se trata de establecer un mecanismo donde se reemplace determinada imagen que se tiene de un país y su régimen, por ejemplo Arabia saudí, que en lugar de aparecer con las características políticas de esa monarquía en materia de violaciones a los derechos humanos, conculcar los derechos de las mujeres, agredir a países vecinos como Yemen, comienzan entonces a aparecer noticias relacionadas con el auspicio a equipos deportivos, como es el caso de ligas, como la inglesa y su Premier League. Igualmente, el financiamiento de deportes como El Diriyah E-Prix en Riad, que abrió la temporada de Fórmula E donde la referencia sobre los temas que denuncian los crímenes de la monarquía va siendo reemplazados o minimizados con estas actividades que ocultan lo negativo.

Así, las ligas futbolísticas de países como Inglaterra, Francia, Italia, España entre otros, se han convertido en coto de caza de empresarios multimillonarios, oligarcas, políticos y miembros de casas reales, entre ellas algunas violadoras de los derechos humanos de sus pueblos y de aquellos que agreden militarmente como es el caso de la mencionada Casa al Saud, que rige los destinos de Arabia Saudí, que a través de la creación de empresas ad hoc, compran equipos de alto nivel y con ello conciencia y voluntades, para servirse de un lavado de imagen, que trata de contrarrestar las acusaciones a esta monarquía por los crímenes cometidos, denunciados, reconocidos y sin embargo sin sanciones.

Los autócratas saudíes recurren al “sportswashing” futbolístico para lavar la imagen de su país, manchada por crímenes y violaciones de los Derechos Humanos. Esta realidad, que ha sido permanentemente revelada, adquirió nuevos ribetes tras la decisión del príncipe heredero saudí, Mohammad Bin Salman, de comprar al equipo inglés Newcastle United a través de fondo de inversiones ligado a esta monarquía totalitaria denominada Saudi Public Investmend Fund (SPIF) que además unió esfuerzos con el grupo de inversiones  PCP Capital Partners de los multimillonarios británicos de origen indio y familia judía David y Simon Reuben dueños del 5% de la isla de Ibiza una de las islas  de las baleares pertenecientes a España y que son financistas de entidades sionistas que ocupan y colonizan palestina.

La Organización No Gubernamental Amnistía Internacional (AI) cuestionó ácidamente a la dirigencia de la Premier League de Inglaterra por permitir que el citado conglomerado saudí-sionista concretara la venta del club inglés sin tener la mínima consideración respecto a las denuncias permanentes de violaciones a los derechos humanos, cometidos por la entidad monárquica saudí. Amnistía Internacional a través de un comunicado dado a conocer por Sacha Deshmukh, director ejecutivo de Amnistía Internacional Reino Unido “pedimos a la Premier incluir cuestiones sobre derechos humanos en la compra de clubes. Desde que se habló por primera vez de este acuerdo, dijimos que representaba un claro intento de las autoridades saudíes de limpiar a través del deporte su terrible historial de derechos humanos con el glamour del fútbol de la máxima categoría. Consideramos que la propiedad saudí del conjunto inglés ha tenido como objetivo tanto el fútbol como la gestión de la imagen del príncipe heredero Mohammed bin Salman y su gobierno, donde la situación de los derechos humanos en Arabia Saudí sigue siendo terrible: personas críticas con el gobierno, activistas de los derechos de las mujeres, activistas chiíes y defensores y defensoras de los derechos humanos siguen siendo hostigados y encarcelados, en muchos casos después de juicios manifiestamente injustos” (2)

Esta realidad violenta el deporte, el espíritu de competencia y lo convierte en una mera herramienta política. Y, ha enterrado conceptos, que a estas alturas de un mundo que se jacta del pragmatismo, parecen mero idealismo: deportividad, fidelidad y amor al club, derivando en un deporte utilizado como herramienta de poder. Un espacio para el desarrollo de estrategias de lavado de imagen de los dueños de estas sociedades deportivas, que han dejado en el baúl de los recuerdos el pundonor deportivo, creando verdaderas transnacionales futbolísticas que reciben miles de millones de dólares por concepto de venta de entradas, giras a países en los meses en que las ligas entran en receso. Venta de cientos de millones de camisetas que identifican al club y al jugador estrella con habitantes de lugares situados a miles de kilómetros.  Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, sus clubes y el entorno son ya figuras icónicas, ídolos planetarios, lo que posibilita entonces, que traten de utilizarse sus imágenes en la estrategia del sportswashing.

Las Urracas y el Wahabismo

Esta situación trae consigo la necesidad de responder una pregunta compleja, difícil ¿Cómo evitar esta realidad? Y digo que es una difícil respuesta pues una cosa es el deseo y la otra la realidad de un mundo, de países, gobiernos y sociedades que actúan como cómplices de criminales, de testaferros, de oligarcas, de regímenes terroristas, de empresarios que ocultan su dinero en paraísos fiscales como lo ha demostrado por enésima vez los llamado Pandora Papers. Y ante ello, la única solución es que se ponga fin a todo secretismo en las operaciones comerciales que se realicen con regímenes cuestionados, con claras exigencias de transparencia en el respeto a los derechos humanos. Un tema donde los gobiernos y organismos de control deben actuar sin pero alguno.

Resulta evidente que estamos en presencia de carencia de escrúpulos de vergüenza y de respeto a los derechos humanos en pos de permitir el maquillaje de la imagen de una monarquía que viola día a día los derechos humanos de su pueblo y de otros como es el caso de Yemen. Una monarquía que asesina opositores en países extranjeros, con plena seguridad de la responsabilidad de MBS en esos asesinatos y además financia, arma y mantiene grupos terroristas que agreden a países de Asia occidental y del Magreb.  No estamos hablando de autorizar una operación financiera deportiva sino de avalar la limpieza de imagen de entidades cuestionadas en materia de derechos humanos.

En el caso específico de la compra del Club Newcastle United (conocido por su hinchada como las Urracas)  en una sociedad británica que se considera pragmática, esa conducta suele esconder a grupos de poder ciegos, sordos y mudos ante los crímenes de quienes armados con fuertes e influyentes billeteras consiguen impunidad y que se permita vía libre para permitir que se concreten políticas de sportswashing, que van acompañadas de la entrada de dinero “sucio” a raudales que permite, por ejemplo, que la industria militar de regímenes como el británico se dinamicen y ello justifique políticas de complicidad e impunidad. En ese marco, exigirles a los británicos que actúen de manera correcta es pérdida de tiempo.

La situación del Newcastle United adquirida por un conglomerado que une a wahabitas y sionistas no es única. El jeque árabe Sheij Mansour, perteneciente a la familia que gobierna Abu Dhabi y con una fortuna estimada en 20.000 millones de euros es el dueño del Manchester City. Político y miembro del Consejo supremo del petróleo, es dueño también del Melbourne City australiano y del equipo americano New York City, de la Major League. Una situación que ha dado comienzo a una fuerte campaña en Australia para poner en el tapete la necesidad de impedir el sportswashing al permitir que un régimen como el de Abu Dhabi (parte de los Emiratos árabes Unidos) tenga presencia en el país a pesar de los cuestionamientos al tema derechos humanos (3) Abdullah bin Nasser Al Thani, jeque catarí, miembro de la familia real de ese país, es desde 2010 máximo accionista y presidente del Málaga. Ambos multimillonarios de regímenes donde el cuestionamiento a la defensa de los derechos humanos es continua.

La exigencia mencionada respecto a gobiernos y sus organismos de control debe efectuarse con la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), que a pesar de tener una política de derechos humanos la incumple con frecuencia cuando se trata de regímenes como el de Arabia saudí y el régimen sionista, que no tienen dificultades algunas a pesar de agredir, ocupar y colonizar otros territorios, siguen participando en competencias internacionales. La FIFA debe emitir directivas y ejecutar políticas que prohíban a violadores de derechos humanos que entran a tallar en sociedades deportivas. Eso, apelando a la vieja máxima es “pedirle al zorro que cuide las gallinas”.

Sólo las sociedades, los pueblos, acompañados por organizaciones y movimientos dignos y consecuentes, pueden ser capaces de ponerle atajo a estas políticas de sportswashing. ¿Cómo? Aprendiendo de lo que la historia nos presenta, por ejemplo, mediante acciones de boicot, desinversión y sanciones. No existe otro camino que el de la resistencia ante la injusticia. No faltará el que criticara esto por idealista o poco realizable, pero…bueno dejemos a esos críticos en la verdad de los pragmáticos y unámonos a los que desean luchar contra este tipo de actos, hoy en la arena deportiva.

Pablo Jofré Leal

Artículo SegundoPaso ConoSur (permitida su réplica citando fuente)

 

  1. https://www.bbc.com/mundo/noticias-50687247
  2. https://www.europapress.es/deportes/futbol-00162/noticia-amnistia-internacional-pide-premier-incluir-cuestiones-derechos-humanos-compra-clubes-20211008164736.html
  3. Amnistía Internacional del país insular ha señalado que “el lavado deportivo no es nuevo y no es exclusivo de Australia. Sin embargo, en la principal competición de fútbol de Australia, la A-League, cinco de los 12 clubes son de propiedad o están controlados por extranjeros. La competencia tiene pocos requisitos de transparencia pública, por lo que la financiación detrás de los clubes a menudo se oculta. Además de eso, el organismo de máxima categoría del deporte, Football Australia, no se ha adherido a la política de derechos humanos de la FIFA. Los actuales campeones de la liga A, Melbourne City, son propiedad de City Football Group, la empresa de inversión deportiva de Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan, miembro de la familia real que gobierna Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos ¿Qué tiene eso que ver con los derechos humanos? Amnistía ha expresado su preocupación por los derechos humanos en los Emiratos Árabes Unidos, incluido el silenciamiento y el encarcelamiento de quienes se oponen a la familia gobernante, los derechos de las mujeres, LGBTQIA + y la explotación de los trabajadores migrantes. Los miembros de la realeza de los EAU están utilizando la imagen positiva asociada con los clubes de fútbol de la Ciudad para reparar su reputación y desviar la atención de las violaciones de derechos humanos. https://www-amnesty-org-au.translate.goog/sportswashing-and-australian-football/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es-419&_x_tr_pto=nui,sc

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