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Año XIV, 9 de diciembre de 2022

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Un “Parque del Deporte y la Memoria” para los Juegos Panamericanos 2023

Columna de opinión por Juan Álvarez
Miércoles 22 de junio 2022 12:36 hrs.


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Se acaba de anunciar que el principal recinto para los Juegos Panamericanos que se realizarán en 2023 será el “Parque Deportivo Estadio Nacional”. Los juegos, que se realizarán por primera vez en Chile, corresponden a la versión continental de los juegos olímpicos e indudablemente representan el principal acontecimiento deportivo de nuestra historia. En este contexto, es importante considerar que el Estadio es un monumento histórico y un sitio de memoria con una larga historia de acontecimientos deportivos, políticos y culturales.

El Estadio Nacional fue inaugurado en diciembre de 1938 culminando un proceso que comenzó en 1909 con una manifestación de sportmen, que exigían “la edificación de un Stadium Nacional” y de estudiantes que solicitaban “que los colegios cedan a sus alumnos una tarde para las prácticas deportivas”. Posteriormente, el excelente rendimiento del atleta Manuel Plaza en campeonatos sudamericanos y en los juegos olímpicos de 1924 y 1928 (donde obtuvo el sexto y segundo lugar en la maratón) motivaron al parlamento para aprobar la construcción de un estadio. Después de discutir varias alternativas de ubicación, el presidente decidió por la chacra Valdivieso de Ñuñoa, muy cerca de los “campos de sports”. El Estadio se construyó en tiempo record, entre febrero de 1937 y noviembre de 1938, porque Arturo Alessandri quería inaugurar el “elefante blanco” antes de terminar su período.

El coliseo se construyó con una cancha de fútbol, una pista de cemento de 500 metros para el ciclismo que rodeaba a la pista atlética de ceniza de 400 metros. Al respecto, fue memorable el torneo sudamericano de atletismo de 1946 en que Chile ganó en damas y varones, con las sobresalientes actuaciones de la velocista Betty Kretschmer y el decatleta Mario Recordón. Años después, fueron campeones sudamericanos e iberoamericanos Ramón Sandoval en mediofondo y Marlene Ahrens en lanzamiento de la jabalina, quien además fue viceampeona olímpica en 1956 y campeona en los juegos panamericanos de 1959 y 1963.

La pista de ciclismo fue inaugurada en 1938 con un campeonato sudamericano que ganó Chile, destacando el triunfo por equipos, tanto en persecución, como en la ruta. En 1947 y 1950 se realizó el primer y tercer campeonato americano, destacando en 1950 el triunfo en 50 km de Exequiel Ramírez, quien, al año siguiente, ganó la prueba de eliminación (australiana) en los primeros juegos panamericanos realizados en Buenos Aires. Lamentablemente, el ciclismo tuvo muy poca prioridad para utilizar la pista y el óvalo fue eliminado en 1960, como parte de la ampliación de la capacidad del Estadio.

El fútbol profesional masculino tuvo la primera preferencia para utilizar el Coliseo.  Allí se realizaron campeonatos nacionales, sudamericanos, panamericanos, internacionales de clubes, eliminatorias mundialistas, partidos y finales de la Copa Libertadores de América y dos versiones de la Copa América. Sin duda, el gran acontecimiento futbolístico fue el campeonato mundial realizado en 1962, donde Chile obtuvo el tercer lugar detrás de Brasil y Checoslovaquia. En el torneo destacaron especialmente Leonel Sánchez como goleador del campeonato con 4 anotaciones, el entrenador Fernando Riera y el dirigente Carlos Dittborn (que consiguió la sede del campeonato).

El Coliseo fue testigo también de eventos de otros deportes. Por ejemplo, en una cancha de madera que se instaló frente a la galería norte, se realizaron campeonatos mundiales de básquetbol: las damas fueron vice-campeonas en 1953 y los varones fueron terceros y séptimos en 1959 y 1966. Por otra parte, en un cuadrilátero que se levantó frente a la tribuna Andes, en 1940 se realizó una exhibición entre el campeón mundial Joe Louis y el chileno Arturo Godoy (quienes habían disputado la corona mundial en dos combates en Nueva York). Años más tarde, en 1977, Martín Vargas disputó también el título mundial ante el mexicano Miguel Canto.  Además, en el estadio se realizaron periódicamente revistas de gimnasia de estudiantes de las escuelas y liceos.

Desde sus inicios el Estadio Nacional fue también escenario de acontecimientos políticos. De hecho, en el acto de inauguración el presidente Alessandri fue recibido con una protesta generalizada debido a su responsabilidad en la matanza de 60 jóvenes nacionalsocialistas ocurrida en el mes de septiembre de 1938. Días después, y una vez asumido el Presidente Pedro Aguirre Cerda, se realizó un multitudinario acto de solidaridad con la República Española.

En años posteriores se realizaron actos expresamente políticos: celebraciones o proclamaciones presidenciales (González Videla, Ibáñez, Allende, Büchi, Aylwin), conmemoraciones (PC, UP), concentraciones (DC) y encuentros con personajes (Fidel Castro, Pablo Neruda). Adicionalmente, el exterior del Estadio se utilizó como el más grande lugar de votación del país para elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. En otro orden de cosas, en 1987, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con jóvenes católicos.

En 1948, el Estadio acogió temporalmente a centenares de refugiados europeos que llegaron a Chile después de la segunda guerra mundial y, en los años 50, se utilizó como albergue para damnificados de temporales. Lo que nadie imaginó fue el uso del Estadio como lugar de prisión de miles de hombres y mujeres después del golpe de 1973, constituyendo el episodio más dramático de su historia y el principal argumento para declarar el Estadio como monumento histórico nacional y sitio de memoria en el año 2003. Paradojalmente, entre los prisioneros estuvieron también un par de jugadores de la selección de 1962. De hecho, el uso del Estadio como lugar de prisión y tortura, es el acontecimiento más mencionado por las personas cuando se les solicita citar eventos ocurridos en el Estadio a lo largo de su historia (por sobre el mundial de fútbol de 1962), incluso entre jóvenes y menores de edad.

El Estadio acogió también espectáculos artísticos. Desde fines de los años 50, los “clásicos universitarios” (partidos de fútbol entre los equipos de las universidades de Chile y Católica) eran precedidos por presentaciones artísticas de sus barras. En 1968, la Reina Isabel de Inglaterra, acompañada del presidente Frei, presenció un montaje de un cuento de Oscar Wilde. Terminada la dictadura, se han efectuado multitudinarios recitales musicales con artistas nacionales e internacionales: Silvio Rodríguez, Paul McCartney, Los Prisioneros, etc.

En resumen, el Estadio Nacional registra una gran cantidad de acontecimientos deportivos, políticos y artísticos, muchos de los cuales permanecen en la memoria colectiva de los chilenos. Esa historia no se debe ignorar y debe reflejarse y explicitarse en los próximos juegos panamericanos, de manera que los jóvenes deportistas de todos los países la conozcan y adquieran el compromiso de hacer todo lo posible para que los episodios más dramáticos no se vuelvan a repetir. De esta manera, se creará conciencia  para evitar que prosperen iniciativas de borrar la memoria como ocurrió en el pasado.

Nuestro llamado a los organizadores es reflejar también el compromiso con la memoria del Estadio. En ese sentido, un nombre que refleja mejor su historia pareciera ser “Parque del Deporte y la Memoria”.  Por otra parte, sería conveniente complementar las acertadas denominaciones de algunos de los recintos (Estadio de Atletismo “Mario Recordón”, Centro de Entrenamiento “Marlene Ahrens”, court de tenis “Anita Lizana”) asignando nombres más apropiados al Coliseo Central y al Velódromo.

El Coliseo Central debiera tener el nombre de un deportista. Nuestra propuesta es que se denomine “Manuel Plaza” en homenaje al humilde suplementero

y ejemplar atleta amateur, que fue un héroe popular por sus triunfos nacionales y sudamericanos por más de una década, incluyendo la primera medalla de plata de un chileno en unos juegos olímpicos. Desde el año 2008 ese Coliseo lleva el nombre del comentarista de fútbol “Julio Martínez Pradanos”, situación que probablemente el mismo JM no hubiese aceptado.  El reconocimiento a JM se podría mantener asignando su nombre a la tribuna de prensa (“bajo la marquesina” como se titulaba su columna en el diario Las últimas Noticias).

Por otra parte, el Velódromo, ubicado en el sector sur oriente del predio, conserva el nombre del Ministro de Obras Públicas que lo inauguró en 1965. Si bien el ciclismo se disputará en el nuevo velódromo con pista de madera ubicada en el Parque Peñalolén, proponemos asignar al Velódromo del Estadio Nacional el nombre del ciclista Sergio Tormen. Sergio fue campeón nacional en ese velódromo en los años 1972 y 1973, representó a Chile en los Juegos Panamericanos de Cali en 1971 y estaba seleccionado para los juegos de Santiago de Chile en 1975. La dictadura, además de cancelar los juegos frustrando a toda una generación de deportistas, lo detuvo en 1974, junto a su compañero de club Luis Guajardo, y desde entonces ambos se encuentran desaparecidos.

El Coliseo “Manuel Plaza” y el Velódromo “Sergio Tormen” representarían una acertada manera de reconocer y enriquecer la historia deportiva y política del “Parque del Deporte y la Memoria” donde se disputarán los históricos juegos panamericanos 2023.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.