Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 27 de septiembre de 2022

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TVN, yendo de lo particular a lo estructural

Columna de opinión por Patricio López
Lunes 8 de agosto 2022 11:29 hrs.


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Nuestra comunidad no aprenderá nada útil de sus polémicas si ellas acontecen como estrellas fugaces, es decir, como hechos que brillan de pronto intensamente y luego se apagan, sin que se llegue a comprender por qué se produjo el conflicto y cuál fue el trasfondo. Una sociedad frívola necesitará ir de escándalo en escándalo; una sociedad madura sacará lecciones de lo que lo tensiona para dibujar un futuro mejor. Decimos esto en general, pero para efectos de esta columna en relación al periodista Matías del Río, quien retomó este domingo la conducción de Estado Nacional en TVN.

Aunque no hay ningún antecedente serio conocido públicamente que dé cuenta de una intervención ajena al canal (debemos separar las especulaciones de los hechos comprobados) una parte de la opinión pública entendió que a Del Río se le sacaba del programa por sus posiciones políticas. La sola idea, tenga o no asidero, terminó cuestionando a la señal pública, por lo que pareció un acto de prudencia la reincorporación del periodista y el despeje de la sospecha. Una vez anunciada la decisión del directorio de TVN, las voces que habían salido enérgicamente a defender la libertad de expresión en este caso dejaron de hablar del tema, como si el problema de fondo se hubiera resuelto. Pero no. Las amenazas a la libertad de expresión, la concentración y la falta de diversidad mediática son realidades previas y posteriores a esta polémica, es decir, no son asunto de un periodista, ni siquiera de la profesión completa, sino que afectan a los más de 19 millones de habitantes del país y al sistema democrático del cual somos parte. Pero para discutir eso otro, lo de fondo, no se ve el entusiasmo de los últimos días, sino más bien indiferencia.

La dimensión pública del funcionamiento de los medios de comunicación no se agota en los derechos de los individuos que estudiaron una determinada profesión y ni siquiera en el debate sobre qué podría hacer TVN para cumplir mejor con su labor. Requiere un conjunto de políticas públicas dentro de las que se incluye la regulación de la concentración, el financiamiento público, la justa distribución del avisaje estatal y las garantías para el mejor funcionamiento de medios públicos, regionales y comunitarios, todo ello sin que impida a los medios privados cumplir con su legítima actividad. Solo de ese modo podremos tener un espacio mediático donde se vea debidamente reflejada la comunidad donde esos medios operan, lo cual, porque el país ha cambiado, es mucho más amplio y desafiante que el clivaje derecha-izquierda o el cuoteo coaliciones de centroderecha-centroizquierda con que se entendió el pluralismo al inicio de la transición y con que funciona la actual gobernanza de TVN.

Eso sí, una tarea como ésta implica tocar intereses muy poderosos. Es conocida la relación entre poder económico, propiedad y/o auspicio de medios, y acto seguido la influencia de una minoría en las grandes decisiones del país, lo cual probablemente es el motivo por el que nos quedamos debatiendo situaciones puntuales sin ir a los problemas estructurales. Es conocido cómo en otros países de la Región grandes conglomerados mediáticos le han declarado la guerra a gobiernos de turno por el solo hecho de considerar al espacio mediático meritorio de una política pública. Esto no tiene nada que ver, para que no se mezclen peras con manzanas, con intervenir medios, puesto que la independencia editorial no puede ni debe ser tocada por ningún gobierno. Se trata, eso sí, de que el espacio general de las comunicaciones masivas se parezca al país real, con toda su diversidad identitaria y de intereses. Hablamos, en el fondo, de desconcentración del poder. Por eso es tan difícil avanzar y por eso terminamos hablando de árboles y no del bosque.

Envíanos tu carta al director a: patriciolopez@u.uchile.cl

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.