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Año XI, 20 de noviembre de 2019

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Medicación infantil: nueva arma de control de conducta en los colegios

Entre 2012 y hasta la fecha, la Superintendencia de Educación ha recibido 29 quejas formales por parte de apoderados que denuncian discriminación, cancelación y no renovación de matrícula, medidas disciplinares y maltrato por parte de las autoridades escolares hacia alumnos que han sido diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). En varios de los casos, los padres aseguran que los establecimientos los amenazan con desvincular a los alumnos si es que no se toman los medicamentos.

Camila Dentone

  Sábado 11 de octubre 2014 8:47 hrs. 
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Felipe tiene 11 años y está en quinto básico del Colegio Tabancura, un prestigioso establecimiento particular ubicado en Las Condes. Jorge, su padre y apoderado, asegura que su hijo nunca pudo encajar del todo con el exigente y estricto modelo de enseñanza del establecimiento: “El colegio donde está él es súper exigente en el plano académico. No aceptan tener niños hiperactivos porque eso hace que arrastren a los demás niños en el comportamiento. Nos sugirieron del propio colegio que lleváramos a Felipe al doctor por un tema de rendimiento, porque no quieren que los demás se contaminen con lo mismo”, afirma.

Los profesores le llamaban constantemente la atención y sus notas eran bajas en comparación con el resto de sus compañeros. Es por esta razón que cuando estaba en primero básico, a los 7 años, desde el colegio le aconsejaron que consultaran un neurólogo. Preocupados por la conducta de Felipe y por la permanencia de éste en el colegio, lo llevaron a un neurólogo infantil. El doctor se remitió a realizar un breve examen físico al niño y además, le hizo preguntas a los padres sobre su conducta cuando jóvenes en el colegio y sobre el comportamiento de Felipe en clases.

“El médico lo observa, le hace unas preguntas, le hace un test físico e inmediatamente se da cuenta. Es como algo de feeling que se da cuenta que el niño tiene un problema. También nos hizo preguntas a nosotros, así concluyó que el niño genéticamente tiene algo.” sostiene el padre.

En esa misma sesión y luego de un breve chequeo, el neurólogo le diagnosticó Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y le recetó metilfenidato, compuesto activo de medicamentos como Aradix, Concerta y Ritalín, indicando que debía consumir una dosis diaria de 10 mg de lunes a viernes. Como los mayores problemas que presentaba Felipe eran en relación a su conducta en clases, el doctor indicó que los fines de semana podía suspender las pastillas.

“El doctor concluyó que tenía una hiperactividad leve, pero que lamentablemente para ese colegio, para seguir las reglas y las condiciones, había que medicarlo”, afirma Jorge.

Felipe lleva cuatro años tomando metilfenidato y si bien su conducta ha mejorado, sus calificaciones en algunas asignaturas siguen siendo bajas. El apoderado afirma que en el colegio existe un nivel de exigencia altísimo y que los niños son considerados desde una visión utilitaria, valorados exclusivamente por su desempeño académico.

“Lamentablemente este colegio ve en los niños resultados nomás. Los ven como una estadística, una unidad: si el niño no sirve, lamentablemente se tiene que ir porque les embarra todo el promedio. Es tan competitivo el asunto que al final los tratan según los resultados que obtienen”.

Las autoridades del colegio no han amenazado a los padres de Felipe con echarlo del establecimiento si es que no se toma el medicamento para la concentración, sin embargo, le preguntan constantemente si es que está siguiendo el tratamiento, advirtiendo que de no hacerlo, significa que no están cooperando y que están perjudicando al resto del curso. “El colegio no le dice abiertamente que se medique, sino que te da la opción, te sugiere, pero es una presión importante”.

Además, el padre agrega que “todos los niños se medican en ese colegio. Del curso deben ser entre unos  20 o 25 de un total de 40 alumnos”, afirma.

El caso de Felipe no es aislado. Entre 2012 y hasta la fecha, la Superintendencia de Educación ha recibido 29 quejas formales por parte de apoderados que denuncian discriminación, cancelación y no renovación de matrícula, medidas disciplinares y maltrato por parte de las autoridades escolares hacia alumnos que han sido diagnosticados con TDAH. De las 29 denuncias, 15 corresponden a casos de discriminación y 5 a no renovación de matrícula.

Un apoderado de la Escuela Básica de Babilonia, establecimiento particular subvencionado de Lo Prado, asegura que la profesora jefe y la inspectora lo presionan para que lleve a su hijo de primero básico al neurólogo, afirmando que de no ser así “aplicarán el reglamento interno del colegio y no habrá matrícula para el niño el próximo año, lo que para mí es una amenaza. Solo quieren que le dé pastillas para que esté dopado y tranquilo en la sala de clases”.

Por otra parte, varios apoderados declaran que a sus hijos e hijas no se les permite acceder al colegio si es que no están consumiendo medicamentos para la concentración. Un padre de un establecimiento educacional de La Granja, denuncia que cuando su hijo de segundo básico ha estado sin tratamiento farmacológico por problemas económicos, las autoridades escolares  han sido tajantes, expresándole que el niño no puede asistir a clases hasta que se medique.

En esa misma línea, un apoderado de la Escuela Isabel Riquelme de San Bernardo denunció en octubre del año pasado que su hija se encontraba sin medicamentos ya que el consultorio no tenía hora por falta de personal, por consiguiente, no le pudieron dar la receta. El padre reclamó que “la profesora y el director del colegio no me dejan ingresar a la niña a clases por el hecho de no tener sus medicamentos. Yo les expliqué la situación, pero ellos no comprendieron y resulta que ahora la niña se encuentra yendo a clases medio día porque el director dijo que no me la aceptaría hasta que tuviera sus medicamentos.”

En mayo de este año, un padre de un colegio particular subvencionado de La Pintana denunció que su hijo de séptimo básico, quien ha sido diagnosticado con TDAH y es tratado con terapia psicológica y sin fármacos, ha sido amenazado por las autoridades escolares: “se me ha dado el ultimátum que (mi hijo) debe ser medicado o no lo recibirán más, cosa que no haré, obligándome a firmar condicionalidad por conducta y rendimiento. Es más, acabo de hacer otra denuncia porque está suspendido en forma indefinida hasta que yo vaya al colegio. Lo anotan por todo en el libro, lo sacan de clases, es agredido con ofensas como “eres un desastre”, “eres un pésimo alumno” y “los profesores no te soportan en clases”, sostiene el apoderado en la acusación hecha a la Superintendencia de Educación.

 Criterios de Diagnóstico: ¿al servicio del desempeño académico?

La mayoría de los psiquiatras y neurólogos infantiles se basan en los criterios establecidos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por su nombre en inglés) de la Asociación Americana de Psiquiatría para efectuar el diagnóstico del TDAH,  por lo tanto, consultarlo es de suma importancia para dar cuenta de los aspectos que se consideran al momento de evaluar los síntomas de los niños y adolescentes. Lo que muchos de los padres que llevan a sus hijos a la consulta de estos especialistas ignoran es que la última versión de este del manual (DSM V) ha sido ampliamente criticada.

La polémica nueva versión ha sido cuestionada por una porción importante de representantes del rubro, y como consecuencia, la Asociación Americana de Psiquiatría ha sido instada en varias ocasiones a modificar las disposiciones establecidas en el manual.

Las definiciones presentes en el DSM V para efectuar el diagnóstico de TDAH se dividen en dos ítems. El primero corresponde a la Inatención, compuesto por nueve síntomas. La segunda parte corresponde al ítem de Hiperactividad e Impulsividad, con un total de nueve síntomas también. La persona evaluada debe presentar seis o más de los síntomas para ser diagnosticado con el trastorno y éstos se deben haber prolongado por seis meses, afectando actividades sociales y académicas o laborales.

Seis de nueve de los síntomas descritos en el primer ítem, que tiene que ver con la inatención y también con el mínimo de síntomas necesarios para ser catalogado con TDAH, se relacionan exclusivamente con el desempeño académico o laboral.

En la segunda parte, dos de nueve tienen directa relación con la actividad escolar y/o laboral. Por lo tanto, se puede determinar que una parte importante de los síntomas que definen el trastorno se centran principalmente en el comportamiento del paciente en el colegio o el trabajo, sin otorgarle mayor importancia a la conducta que el individuo tiene en otras instancias. Tampoco se considera por ejemplo, en el caso de los niños, si es que pueden sostener la concentración cuando juegan con dispositivos electrónicos, ven televisión o realizan actividades artísticas.

Algunos de los ejemplos de síntomas descritos en el manual son que el trabajo no se lleve a cabo con precisión, dificultad para permanecer concentrado en clases, dificultad para organizar tareas o actividades, dificultad para poner los materiales y pertenencias en orden, descuido y desorganización en el trabajo, mala gestión del tiempo,  incumplimiento de plazos, no seguir las instrucciones o no terminar las tareas escolares.

Por otra parte, el diagnóstico de un niño pequeño depende en gran medida de la visión de los padres y/o de los comentarios que reciben sobre su conducta en el colegio. Todos los síntomas descritos establecen que deben aparecer “con frecuencia”, sin embargo, en ninguna parte se explica qué es frecuente, ¿una, dos, tres veces al día, a la semana, al mes? esta generalización permite que el diagnóstico dependa del juicio personal de profesores, doctores y padres.

Test de conners, escala de valoración para padres y profesores

Otro instrumento utilizado en la evaluación del TDAH es el Test De Conners. Esta escala de valoración fue diseñada por el doctor C.Keith Conners a fines de los sesenta y su objetivo es evaluar a los niños y adolescentes a partir de la información que entregan padres y profesores.

Las escalas o tests de Conners pueden encontrarse en dos formatos, el formal y el abreviado, tanto como para la evaluación hecha por padres, como la que realizan los profesores. En la versión más corta los síntomas deben ser completados por los padres o el profesor con una valoración entre 0 y 3 puntos, donde 0 significa que no se presenta el síntoma y  tres que éste es constante. Al igual que el Manual DSM V, su aplicación aislada, sin considerar una revisión integral de la conducta, es bastante cuestionable.

Un breve análisis de estos sistemas de evaluación permite dar cuenta de que en cierta medida estos diagnósticos están al servicio del desempeño académico y laboral, y que la prescripción de metilfenidato se realiza en gran parte para que el individuo pueda cumplir satisfactoriamente con las obligaciones impuestas en estas áreas.

Efectos secundarios a corto y largo plazo

En relación a los efectos secundarios que produce el medicamento, Jorge, apoderado del Colegio Tabancura y padre de Felipe, dijo que la principal consecuencia ha sido la pérdida de apetito de su hijo. Felipe toma el remedio en la mañana, antes de irse al colegio, y no come nada entre el desayuno y la tarde. Casi todos los días vuelve con el almuerzo entero a su casa.

“El efecto secundario más importante es la pérdida del apetito. De repente también le dan dolores de cabeza. Almuerza mal, cuando llega a la casa tampoco tiene mucho apetito, pero ya en la noche, cuando la pastilla comienza a perder el efecto, come un poco mejor”.

Dos de los efectos secundarios más comunes que produce el consumo de metilfenidato en niños son somnolencia y falta de apetito. Según el sitio MedlinePlus de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, parte de los efectos secundarios que produce el metilfenidato son nerviosismo, dificultad para conciliar el sueño o para mantenerse dormido, mareos, náuseas, vómitos, pérdida de apetito, diarrea, dolor de cabeza, somnolencia, entre otros. Además, entre los efectos más graves se encuentran la depresión y pensamientos suicidas.

Por otra parte, según datos entregados por la Administración para el Control de Drogas (DEA por su nombre en inglés) de Estados Unidos y también por Medlineplus, se advierte a los consumidores sobre la potencial adicción que puede producir este psicoestimulante:

“El metilfenidato puede ser adictivo. No tome una dosis mayor ni con más frecuencia; tampoco lo tome durante un período mayor, ni lo tome de una manera diferente a la que su médico le recetó. Si toma demasiado metilfenidato, podría darse cuenta que el medicamento ya no controla sus síntomas, podría sentir una necesidad de experimentar cambios inusuales en su comportamiento. Informe a su médico si bebe o ha bebido grandes cantidades de alcohol, si usa o alguna vez ha usado drogas callejeras o si ha abusado de medicamentos con receta médica”.

Precisamente, cuando a los niños se les suspende el consumo de metilfenidato repentinamente, comienzan a producirse síntomas similares al síndrome de abstinencia. Así lo explica el doctor L.Alan Sroufe en un artículo del New York Times del 28 de enero de 2012:

“Muchos padres que le quitan los remedios a los niños encuentran que su comportamiento empeora, lo que confirma su creencia de que la droga funciona. Pero la conducta empeora porque los cuerpos de los niños se han adaptado a la droga. Los adultos pueden tener reacciones similares si es que repentinamente dejan de tomar café o de fumar.”

Otro aspecto en relación a los efectos que produce el consumo de fármacos para la concentración son los síntomas que comienzan a aparecer cuando el consumo del medicamento es prolongado. El doctor en Ciencias y titular de la facultad de Ciencias de la Universidad de Santiago, Bernardo Morales, llevó a cabo un estudio, hasta el momento el único en Chile, que ha analizado el funcionamiento del metilfenidato y los efectos del uso a largo plazo de este psicoestimulante. La investigación realizada a través del análisis de los efectos que produce este químico en los cerebros de ratas, arrojó que si bien el metilfenidato sirve para focalizar la atención, su uso prolongado afecta a la memoria y el aprendizaje.

Por otra parte, un estudio llevado a cabo por las universidades de Princeton, Toronto y Cornell concluyó que el metilfenidato, compuesto activo de los medicamentos para la concentración, además de producir los daños que nombra Morales, no mejora el desempeño académico de los niños. La investigación es una de los más importantes y rigurosas que se han publicado hasta la fecha, ya que hizo un seguimiento y análisis a 15.000 niños durante 14 años. A través de este estudio, los especialistas no sólo constataron que no hay evidencia de que el consumo de metilfenidato mejore el rendimiento escolar, sino que además revelaron que  los niños que lo consumen suelen repetir de curso, y a largo plazo, están más expuestos a abandonar el colegio que sus pares que no consumen el medicamento.