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Raúl Zurita: “La poesía la hace el mar del habla de los seres humanos”

El escritor chileno es investido como doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante y prepara una monumental obra que se proyectará en la costa del norte de Chile. “Es el corolario de mi trabajo”, dice.

Rodrigo Alarcón

  Miércoles 4 de marzo 2015 20:30 hrs. 
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Al mediodía de este jueves en España (9:00 en Chile), el poeta chileno Raúl Zurita será investido como doctor Honoris Causa de la Universidad de Alicante. Poco antes, plantará una araucaria chilena junto a la palmera uruguaya y la palmera española que ubicaron Mario Benedetti y Alonso Zamora Vicente, respectivamente, al recibir el mismo reconocimiento. Poco antes de la medianoche, en el Clan Cabaret de la misma ciudad, ofrecerá un recital que pondrá fin a tres jornadas de conferencias, lecturas y otras actividades en su honor.

“Es una sensación grata, lo recibo con tranquilidad. Ha sido impresionante la cantidad de ponencias, he estado en algunas cosas y me impresiona mucho que se reúna tanta gente, de partes tan distintas, para hablar de cosas de las que uno, finalmente, ni siquiera es el autor. El único autor es el lenguaje, el mar de la lengua, de donde todo sale y donde todo vuelve a hundirse”, relata Zurita, al teléfono desde el hotel que lo acoge en la Comunidad Valenciana.

“Escribo, tengo ideas y proyectos y estas cosas no son ni esperadas ni inesperadas”, dice el autor de Purgatorio (1979). “Me pone muy contento estar acá y la ceremonia, pero no es algo que espere, no pertenece al ámbito de las cosas que puedo controlar”.

¿A qué se refiere cuando dice que usted no es el autor?

Finalmente, la poesía la hace el mar del habla de los seres humanos, de ahí surgen las obras. Nosotros somos simples intermediarios de poemas que nos exceden. Lo que escribo es mucho más amplio que yo, es mucho más hondo que lo que puedo hacer. Es una pretensión creer que uno es el autor.

Usted está siendo reconocido en España, ¿se siente reconocido también en Chile?

Sí, absolutamente, no tengo ninguna queja al respecto, tengo una muy buena relación con mi historia chilena. Hay personas a las que se reconoce más afuera y es terrible, porque después son reconocidos post mortem y dicen que son fantásticos, es algo que es parte del mundo lamentable en el que estamos viviendo, pero yo no tengo de qué quejarme. Tengo una pensión como Premio Nacional que está por sobre lo que reciben los pensionados chilenos, incluso me da un poco de pudor. Me siento en una situación privilegiada, casi siempre he tenido buena respuesta a lo que hago y de eso me acuerdo, eso es lo que siento en Chile. Tengo una jubilación -por así decirlo- de 850 mil pesos, superior al 90 por ciento de los chilenos; mi madre recibe 213 mil pesos de jubilación, imagínate. Me pasaría de fresco si me quejara, me siento respaldado y reconocido.

¿Qué puede adelantar sobre su próximo trabajo, Verás un mar de piedra?

Es un proyecto bastante complejo, pero estoy empezando a ver luz y creo que se puede hacer. Es la proyección de un poema de 22 frases sobre los acantilados de la costa entre Iquique y Pisagua, que son impresionantes. Vengo pensándolo hace casi 14 años. Estamos estudiando cómo proyectarlo, aunque sería con luz. Técnicamente es bien complejo y costoso, pero está apareciendo una pequeña pista por donde hacerlo. Está pensado para 2016.

Usted ya hizo un trabajo en el desierto cuando escribió la frase “Ni pena ni miedo”, en 1993. ¿Por qué volver al norte de Chile y a esa zona en particular?

Me interesa mucho la ocupación de los paisajes como soporte. Primero escribí en el cielo (en Nueva York, 1982), después hice un poema en el desierto y ahora quiero escribir un poema que solo pueda ser leído desde el mar. Las 22 frases son como imágenes de lo que un ser humano verá en su paso sobre la Tierra y se proyectarían sobre los acantilados.

A través de esos trabajos ha llevado la poesía a otros soportes que no son el libro. ¿Busca llevarla también a otros lectores?

No, nunca me ha interesado llevarla a otros públicos. Yo hago lo que siento y me parece bello, no estoy pensando en que al escribir un poema en el cielo lo va a leer más gente. De hecho, el poema en el desierto no lo ve prácticamente nadie, porque solo se puede mirar desde lo alto. No me importa para nada estar ampliando público, me importa hacer lo que artísticamente es válido, potente, poderoso y bello.

¿No es relevante cuanta gente lo lea?

No tiene que ver con eso, mi problema no es ganar público con la poesía. Que tenga el público que tenga. El asunto es que sea potente, sea bello y signifique algo. No hago cosas grandes para que las lea más gente, sino porque es una necesidad, una visión, una idea, un sueño.

¿Ese trabajo es el corolario de su obra?

Ese plan me está copando todo lo que me queda de vida, es una cosa bastante grandiosa. Yo lo siento así, porque es una escritura que se va a ver solo cuando empiece a atardecer. De día, con la luz, no se va a ver, entonces lo veo casi como una imagen de la vida y de la muerte y de mi propia vida también.