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Mujeres en zona de sacrificio: la lucha contra el genocidio ambiental

Nubes con dióxido de azubre, derrames de petróleo, carbón en la playa, aguas contaminadas. Un ambiente hostil para la vida en el que habitan las comunidades de Puchuncaví, Quintero y Ventanas. Las principales afectadas son mujeres que absorben grandes concentraciones de metales pesados que en el embarazo generan diversas enfermedades a sus hijos.  

Francisco Velásquez

  Domingo 1 de enero 2017 14:10 hrs. 
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“Reconocer lo que vivimos nosotros es reconocer el genocidio, necesitamos cambios estructurales. Las personas prefieren votar por alguien que tenga el pueblo bonito que por una persona que nos ayude a resolver la contaminación que vivimos. Esto es como el círculo de la violencia, nos maltratan constantemente y nadie dice nada”.

Carolina Orellana vive desde los cinco años en la bahía de Quintero. Dice que cuando ella era chica el agua del mar era turquesa y la contaminación de las empresas recién llevaba diez años. Hoy con 39 es co-fundadora de la agrupación Mujeres en Zona de Sacrificio.

La crisis ambiental en la zona de Puchuncaví, Quintero y Ventanas se ha trasformado en un fenómeno multidimensional. Seis termoeléctricas, refinadora de petróleo y cobre, industria de cemento y  un puerto donde se descarga el petcoke, derivado del petróleo altamente contaminante.

Mujeres en zona de sacrificio

Aes Gener, Codelco refinería y fundición, Endesa, Enap, Oxiquim, Gasmar, Cemento Melón y el Puerto de Ventanas, son las empresas del cordón industrial que tiene a las localidades de Los Maitenes, La Greda, Las Ventanas, Quintero, Loncura, Campiche, Puchuncaví, Chocota, Caleta Horcón, entre otras, declaradas como zona saturada de contaminación por anhídrido sulfuroso y material particulado.

Carolina Orellana afirma que en los últimos tres años han tenido un derrame de petróleo al año y que el producido en 2014 en un principio se dijo que  era de tres mil litros y en realidad fue de 45 mil. No obstante, los estudios realizados por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) declararon que los pescadores y mariscadores podían seguir obteniendo productos de esas zonas. Asimismo, plantea que las empresas emanan una vez por semana una nube tóxica que contiene dióxido de azufre que supera los 1000 UG (microgramos) mientras que la ley solo permite 250.

La gran concentración de metales pesados que contienen las nubes tóxicas que emiten las empresas y la contaminación de las aguas, han generado que las mujeres sean las más perjudicadas. “Nosotras vamos acumulando plomo y arsénico y al quedar embarazadas no solo traspasamos calcio a nuestros hijos, sino que también la carga de metales pesados acumulados, por esto es que se ha incrementado la cantidad de niños con malformaciones congénitas y con trastornos neurológicos”, explica Carolina.

Sumado a esto, comenta que la dotación médica de estos poblados no contempla especialistas por el bajo número de habitantes. “Tenemos pésima salud, no tiene que ver con los médicos, sino que con enfermedades de distinto tipo, principalmente respiratorias y cáncer”, declara.

Un problema que emerge por las enfermedades que padecen los niños es el alza de la demanda de “colegios especiales, ya que los que habían colapsaron. Esto producto que vamos en la tercera generación de mujeres que han estado expuestas a estos niveles de contaminación toda su vida y tienen hijos con diversas complicaciones”.

“Nosotros nos hicimos resistentes a la nube tóxica. La gente ha naturalizado los síntomas de intoxicación, la irritación de ojos, la dificultad para respirar, el amargor en la boca, los mareos, las náuseas, la tos, los desmayos. Esto es una violación de los derechos humanos y aunque hemos recurrido a todas las instancias gubernamentales y locales posibles, siempre tenemos la misma respuesta, la comunidad debe aprender a coexistir con el cordón industrial”, profundiza la vecina de Quintero.

Una ley para Puchuncaví

En el contexto del derrame de petróleo producido en las costas de ventas, el Ministerio de Medio Ambiente invitó a diferentes organizaciones a formar del  Consejo Para la Recuperación Ambiental y Social Quinteros – Puchuncaví. Dichas instancia si bien fue abrazada por la comunidad como una oportunidad de luchar efectivamente en contra de los índices de contaminación de su territorio, no tuvo la misma motivación de parte del MMA.

“Nosotros participamos de todas las instancias a las que nos invitaron. En un momento nos sentimos calentando el asiento, porque nada de lo que ahí se conversaba era vinculante. Incluso hicimos una consulta ciudadana para priorizar las 123 propuestas de solución levantadas y en esta iniciativa se votó ampliamente para que existiera una ley especial para nuestra zona como la que existe en Arica sobre el manejo de polimetales”, cuenta Carolina.

La ley especial que proponen estos vecinos apunta a desarrollar un marco para el funcionamiento de las empresas en esos lugares y de esta forma evitar que se siga menoscabando la vida en esos territorios.

Dicha iniciativa “no ha tenido resultado porque al alcalde solo le importa mantener limpio el centro, que se vea bonito el borde costero, pero no piensa en la grave situación que vivimos nosotros. Lo mismo pasa con las autoridades de gobierno que no hacen ningún esfuerzo por escucharnos, y por el contrario, sostiene reuniones a puerta cerrada con el alcalde y los empresarios”, afirma.

Asimismo, Carolina denuncia que ellos como consejo no fueron invitados a la presentación del plan de descontaminación que presentó Pablo Badenier en la comuna. “El plan tiene un objetivo y es que la comunidad conviva con el cordón industrial cuando esto es lo que ha matado la agricultura, la pesca y las personas las ha enfermado y destruido sistemáticamente”.

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