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El cúmulo de contradicciones que envuelve la maternidad

Victoria Viñals |Domingo 14 de mayo 2017 11:26 hrs.

mujeres

Pese a su incorporación al mercado del trabajo, las tareas de reproducción y cuidado de la familia, continúan designadas a las mujeres. El mito de la conciliación trabajo/familia y la obligatoriedad histórica y patriarcal de ser de una determinada forma están en crisis, en tiempos donde la lucha de las mujeres avanza con paso firme.

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La instauración del modelo neoliberal en Chile ocurrió durante Dictadura y su consolidación, a partir de los años noventa, tiene un correlato invisible en los cuerpos de las mujeres.

La liberalización de los mercados y la privatización de los servicios básicos produjo cambios en todo orden de cosas, desde las instituciones hasta las personas. En lo que respecta a las mujeres, se produjo un considerable aumento de su participación en el mercado del trabajo, aunque esto no implicó una reestrcturación del orden familiar, manteniéndose las labores domésticas y de cuidado en las mujeres.

En términos generales, desde comienzos de la postdictadurase evidenció una evolución de la tasa de participación en el trabajo de hombres y mujeres. En el año 90, el 32 por ciento de las mujeres formaban parte de la fuerza de trabajo.

Según los últimos datos disponibles, el 47 por ciento de las mujeres forman parte activa del mercado del trabajo, participando mediante el empleo remunerado.

En este escenario, las mujeres en general y las madres en particular, se enfrentan a un complejo escenario cuando se trata de alcanzar la conciliación entre la vida personal, laboral y familiar. Estas contradicciones han llevado a que las mujeres estén postergando la idea de ser madres, basándose en la serie de restricciones económicas, sociales y morales que impone la sociedad en relación a la maternidad.

El discurso materno 

La psicóloga Patricia Seckel explica en su tesis de magister La maternidad como un opción: nuevas construcciones discursivas, que existen dos hitos que han cambiado la forma de entender o experimentar la maternidad en las últimas décadas: la integración de las mujeres en el mercado laboral y la posposición de la maternidad.

El citado trabajo se enfoca en los discursos asociados a la maternidad en mujeres sin hijos y su relación con las practicas cotidianas en distintos ámbitos. Analiza la configuración social y subjetiva de lo materno. Para la autora, en el marco de la posmodernidad, existe un nuevo discurso respecto a la maternidad.

La investigación realizada en Santiago (2012) estudió a mujeres que en la adultez han orientado sus proyectos de vida sin hijos, dando cuenta de nuevas visiones hacia la maternidad frente a la atribución social moderna: “aquella que en Chile se conjugó hasta fines de los años ochenta, con aspectos culturales ligados al concepto de familia como lugar de elección privilegiado para las mujeres”.

Seckel sostiene que la “planificación de la maternidad y el proceso de postergación estarían relacionados con distintos motivos, dentro de los cuales, los mencionados con mayor frecuencia son visualizar la maternidad y la crianza como una gran responsabilidad, la necesidad de sentirse preparada, vivir una relación de pareja estable, etc.

En este sentido, la maternidad ya no sería, como en momentos históricos anteriores, una obligatoriedad para las mujeres, ni una suerte de misión en sus vidas.

Con esta idea instalada mayoritariamente en la sociedad, las mujeres quieren pensar y decidir si desean libre y voluntariamente convertirse en madres; planificar el momento y oportunidad para ello, y según lo anterior, equiparar su desarrollo en otros ámbitos de la vida.

Un aspecto clave en este ámbito es que las mujeres reconocerían entonces, que la mayor responsabilidad está puesta sobre sus hombros.

Existiría entre las mujeres preocupación y angustia por tener que “responder a un modelo de madre que exige la sociedad, se confrontan con la búsqueda de mayor diferenciación de dicho modelo. Existiría un malestar generalizado, una queja respecto a la exigencia de competencia personal para ejercer actividades relacionadas con el trabajo y la crianza, vinculadas a la conciliación y la sobreresponsabilización del rol materno”, señala Seckel.

Bajo esta lógica, y pese a los intentos desde diferentes frentes, existe una organización social patriarcal que se estructura con la familia como núcleo, con un padre proveedor y una madre cuidadora, que atenta contra las aspiraciones de las mujeres y que hace, en definitiva, que cada vez menos mujeres deseen convertirse en madres.

Trabajo y marginación 

Verónica Riquelme, investigadora de la Dirección del Trabajo, publicó el año 2011 un estudio titulado ¿La maternidad castigada? Discriminación y malos tratos, donde elabora un acabado diagnóstico de la situación laboral de las madres en Chile. El informe presenta conclusiones estremecedoras: las mujeres son discriminadas y reciben malos tratos, entre otras causas por, por ser madres y esta conducta pareciera ser una práctica sistemática de las empresas, sin distinción de rubro.

Según datos entregados por Fundación Sol, en Chile el 50 por ciento de las trabajadoras gana menos de 220 mil pesos al mes.

Si se avanza hasta el percentil 85, es decir, a cuánto gana el 85 por ciento de las mujeres, la cifra no alcanza a superar los 500 mil pesos líquidos. Una primera aproximación sobre estas cifras lleva al análisis de que en Chile a las mujeres se les considera como un ingreso complementario en el hogar.

El entramado que construye la desigualdad de género en el ámbito del trabajo estaría sustentado a todos los niveles. Partiendo por una serie de distinciones de facto integradas en la ley laboral, siguiendo por una relación asimétrica entre trabajadora y empleador, agudizada por la propia condición de género, hasta la acción de una serie de mecanismos que operan a nivel simbólico, relacionados con la culpa y el deber ser histórico y patriarcal.

Aunque esto tiene una particularidad, las mujeres siguen cargando con el trabajo reproductivo, de tener hijos y cuidarlos.

La vida doméstica 

“La responsabilidad de las tareas domésticas se mantiene, del mismo modo, para las mujeres en general. Lo que hace en el fondo es que las mujeres se integren al mercado del trabajo, pero mantengan una doble jornada laboral. Que su tiempo global de trabajo sea mucho mayor que el de los hombres”, explica la socióloga de Fundación Sol, Carla Brega.

Actualmente, del 52 por ciento de mujeres que no entran al mercado del trabajo, el 37,6 por ciento lo hace por razones familiares de quehaceres y cuidado.

“Son las mujeres aún las que se abstienen de participar en el mercado del trabajo o lo posponen de modo que se dedican a las labores reproductivas: al cuidado de niños, de adultos mayores, de enfermos, al trabajo voluntario, etc”, agrega.

Y no sólo eso.

Las mujeres trabajan en promedio dos horas más al día de los hombres, independiente de la jornada que cumplen en sus trabajos y en las labores compartidas con otros miembros de la familia. La carga total de trabajo es más alta, el día dura más para las mujeres.

En su investigación titulada Relaciones de género y arreglos domésticos: la configuración de nuevas masculinidades, la doctora en filosofía y académica de la Universidad de Concepción, Lucía Saldaña, señala que existe un intento de complementariedad, marcada por acuerdos emergentes tendientes a la resolución democrática.

Esta complementariedad se da con la salvedad de que los hombres tienen la potestad para decidir qué tipo de actividad realizarán, mientras que son las mujeres las que asumen las tareas domésticas más incómodas pero relevantes del hogar.

Respecto a este tema, la encuesta IMAGES Chile de 2011 arrojó que entre un 62,6 y un 73,7 por ciento de los varones dice que su pareja generalmente hace más o hace todas las tareas como preparar alimentos, lavar ropa, hacer aseo o limpiar el baño.

Las contradicciones de la maternidad

El complejo escenario que enfrentan en general las mujeres, se ve agudizado cuando las mujeres se convierten en madres. La sensación de que la maternidad implica postergación, sacrificio, y privarse de hacer cosas para el goce individual son algunos de los elementos que propicia la dinámica del trabajo, el esquema general del salario y la carga general de la vida doméstica.

Entre 1962 y 1979 se produjo una gran caída en la tasa de fecundidad, pasando de 5,4 a 2,7 hijos. En 1999 la tasa global de fecundidad cayó, por primera vez, bajo 2,1 hijos por mujer, alcanzando los 2,08. Los últimos datos fijan la cifra en 1,85 hijos.

“En Las configuraciones femeninas actuales, que contribuyen a la conformaciòn de su identidad, el trabajo expresa y da sentido a la participación de la mujer en el ámbito social”. sostiene Seckel.

De este modo, la conquista de una nueva identidad asociada al trabajo, mayor autonomía, y un posicionamiento igualitario, conllevan a su vez, a pensarse desde esferas mas liberadoras, pero también exigentes por cuanto “la voluntad de los sujetos de la posmodernidad continúa sometida a regulaciones externas, a la valoración del mérito y la competencia personal, donde en el caso de la mujer no habría abandono de los roles tradicionales asociados al hogar, sino se sumarían a estos, otras necesidades que llevan a mayores exigencias sociales e individuales, como el trabajo”.

El cúmulo de contradicciones de ser madre parece implicar una suerte de ruleta rusa en que las mujeres apuntan hacia todas partes, con la intención de acertar a todos los blancos. De sobrevivir al trabajo, la familia, la realización personal y a cumplir con lo que se espera de una buena madre.