Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 26 de septiembre de 2022

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Con el mate en la mano

Columna de opinión por Argos Jeria
Lunes 8 de marzo 2010 17:43 hrs.


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El Uruguay es un país sorprendente. En 1973 se instaló una dictadura militar que duró formalmente hasta 1985, año de nuestra primera visita. Veinticinco años después, en elecciones democráticas, dos ex miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros – principal objeto de la represión – han llegado a los cargos principales de la república: José Mujica como Presidente y Lucía Topolansky – su esposa – a la cabeza del Senado. Ambos estuvieron en prisión durante todo del período militar. Mujica sucede a Tavaré Vásquez, también miembro de la coalición de izquierda Frente Amplio. Recientemente volvimos para hacer una visita distinta.

Para que se haga una idea, Uruguay tiene la más alta tasa de alfabetización de Latinoamérica, el tercer lugar en ingreso per cápita y la distribución más equitativa del mismo, con una economía que descansa en la exportación agrícola. En un pequeño coche arrendado nos dedicamos a visitar durante diez días zonas distantes hasta unos 200 kilómetros de Montevideo: Colonia, Durazno, Florida, Minas, Rocha, las playas en torno a La Paloma, Punta del Este y Atlántida. Los últimos cinco días fueron para la capital. El viaje a Durazno tenía un objetivo preciso: asistir al Festival Nacional del Folclore que allí se realiza anualmente. Aunque una persistente tormenta impidió el uso del Parque de la Hispanidad, tuvimos el privilegio de presenciar las finales de solistas, dúos y payadores en un pequeño teatro local colmado de gente con quienes aplaudimos a intérpretes de Paysandú, Canelones, Tacuarembó, Flores, Durazno, Maldonado y Río Negro. Los Cantores de Quilla Huasi y el desfile de gauchos fueron un bono inesperado.

Entre pastas, pamplonas, morcillas dulces y un popular postre llamado chajá, nos fuimos empapando literal y metafóricamente del Uruguay del interior, como allá lo llaman. La visita a las playas de La Paloma en el período previo al Carnaval constituyó un reconfortante descanso; poca gente y buen clima. Llegamos recargados a Montevideo donde los puntos más altos fueron las murgas – grupos de música teatralizada con canciones alusivas al momento social – y el cambio de presidencia de las cámaras de diputados y senadores, donde asumieron las presidencias dos mujeres. El acto frente al palacio legislativo fue amenizado con tres intérpretes simplemente magníficas: la joven Ana Prada, la tanguera Malena Muyala y la cautivante Laura Canoura, de larga trayectoria en la canción bellamente comprometida. Un acto hermoso y significativo.

La visita a la plaza Liber Seregni nos mostró como la iniciativa vecinal puede convertir un basural y centro de delincuencia en un hermoso lugar público con rincones para el esparcimiento y el deporte. Paralelamente, la lectura de El Hombre Numerado, de Marcelo Estefanell, nos llevó mediante crónicas profundas y amenas a conocer lo que fue la vida en el penal de Libertad donde el autor – también Tupamaro – pasó trece años de su vida, al igual que el Presidente Mujica.

En un país con tradiciones urbanas y rurales profundamente arraigadas hay un elemento cultural que cruza todos los estratos de la población; viejos y jóvenes, ricos y pobres, hombres y mujeres, campesinos y ejecutivos, todos ellos se mueven por su país con un mate y un termo. Una de las murgas cantaba que esta yerba produce insomnio, ardor, picor y otras cosas, pero es el símbolo de lo uruguayo. Tal vez los calma; tal vez tiene propiedades mágicas y por eso son tan amables; tal vez por eso son capaces de rechazar la privatización de los servicios básicos pero aprobar la amnistía. Tal vez por eso un viejo ex Tupamaro es elegido bajo la consigna de crecer con equidad. Tal vez por eso él y su señora, los máximos dirigentes del pueblo uruguayo, se sentaron con sencillez en las escalinatas del Palacio Legislativo para escuchar con nosotros las canciones para un Bello Sino que interpretaron tres mujeres, hermosas como todas.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.