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Año XIV, 18 de mayo de 2022

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Fútbol, conflicto social y ciudad

Columna de opinión por Julio Hurtado
Martes 4 de septiembre 2012 15:42 hrs.



Antecedentes futbolísticos. En el futbol chileno, en la década del 60, la del Ballet Azul y la del tercer lugar en el campeonato mundial realizado en Chile, hubo dos grandes jugadores que destacaron – además de Leonel Sánchez, el mejor de todos – ambos defensas centrales: Elías Figueroa y Alberto Quintano. Estos jugadores, se caracterizaban por salvar los peligros en el arco propio y por el hecho que en la misma acción  hilvanaban jugadas para pasar al ataque. Esto era posible gracias a su extraordinaria habilidad.

El conflicto social que está viviendo nuestra sociedad es de carácter múltiple: social (salud, educación, medioambiente), económico (desigualdad, política tributaria, energía), territorial (contaminación, segregación, reconstrucción, transporte), y político (representación, vigencia constitucional). Se trata de un conflicto entre una masa social movilizada versus los cuidadores de un modelo que se niegan a cambiar, ni siquiera a dialogar.

 

Esta situación ha sido exacerbada en los últimos años, en que los funcionarios del gobierno – cuyos dirigentes han sido los creadores del modelo cuestionado y no simples operadores – frente a la crítica y al conflicto, han respondido con mayor ideología. Es decir, han tratado de salir jugando.

Es así que frente a las denuncias de lucro de las universidades privadas, cuestión fuera de la ley, el ministro de la época (vinculado a una de ellas) responde que llegó la hora de “sincerar” la situación, es decir reconocer legalmente la posibilidad de lucrar, cuestión que ni siquiera la dictadura se atrevió hacer. Es decir, futbolísticamente, frente a una situación de peligro en su propia valla, las autoridades intentan salir jugando.

 

Frente a la petición de mayores recursos para la educación pública, laica y gratuita, se envía un proyecto de reforma tributaria que, además de tímida, posee un inciso que fomenta la educación privada. Por lo tanto, frente al peligro de gol en contra, los guardianes del modelo se defienden atacando.

En el  proceso de reconstrucción de la ciudad de Talca, que antes del terremoto era una de las ciudades capitales regionales del país más hermosa (por su carácter colonial) y democrática (el 60% de los habitantes del centro de la ciudad pertenecían al 40% más pobre de la población), se optó sospechosamente por botar muchas viviendas y la reconstrucción hacerla a las afuera de la ciudad. Es decir, se implementó un proceso de expulsión de pobres a la periferia, generando de paso jugosos negocios inmobiliarios en el centro de la ciudad. Se repitió de esta manera el modelo urbano generalizado en el país: la segregación espacial y social. Para ello se recurrió a la táctica futbolística señalada de defenderse atacando.

En este afán, de defenderse atacando, los funcionarios y políticos de gobierno (y de la oposición también) al no poseer los atributos técnicos de los cuales hacían gala Figueroa y Quintano, han debido recurrir a reiterados “fouls” para defenderse de la demanda social. Es así que foul ideológico ha sido el hecho de no responder a las demandas sociales; faul descalificador ha sido el trato violento y vejatorio a los manifestantes, especialmente a las estudiantes mujeres; y faul de carácter técnico vergonzoso ha sido el intento de manipular la CASEN.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.