Diario y Radio Universidad Chile

Escritorio MENÚ

Argentina: Luego de la tormenta bajan las aguas y sube la tensión política

El temporal que azotó la provincia de Buenos Aires dejó mas de 50 muertos y desnudó la impericia de los funcionarios municipales y nacionales. Los dos distritos más afectados son gobernados por los dos candidatos más fuertes para las próximas presidenciales.

RFI

  Jueves 4 de abril 2013 11:43 hrs. 
argentina

En Argentina, el 2 de abril no será por este año la fecha emblemática que recuerda a la Guerra de las Malvinas. Desde ayer es, en todo caso, el día de una nueva batalla que los argentinos perdieron, una vez más, contra el agua.

El sábado, el clima ya había advertido algo: un fortísimo temporal de viento, lluvia y granizo con epicentro en la ciudad de Bahía Blanca (al sur de la provincia de Buenos Aires), causó la muerte de un chico de 13 años.

Pero el viento siguió soplando. Este 2 de abril, sobre las 3 y media de la mañana, los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires saltaron de sus camas. La intensidad de la lluvia había hecho sonar las alarmas de algunos autos y los perros empezaron a ladrar. En los barrios de Belgrano, Nuñez y Saavedra (de clase media-media) empezaron a preocuparse.

Aquellos que viven en casas o en planta baja  alcanzaron a mirar por la ventana y, al ver las calles anegadas, comprendieron pronto: no había demasiado tiempo que perder antes de que el agua llegase. Sólo quedaba poner lo que pudieran a resguardo y ver cómo el agua entraba y subía de nivel, devorando sus pertenencias. Luego, vino lo peor: verla bajar y observar, entre el barro y las hojas, el estrago en el propio patio. Las voces de los vecinos parecían repetirse: “perdí todo”, “tuve un metro de agua”, “esto es culpa de Macri” (el alcalde), “esto es culpa de Cristina” (la Presidenta). Entre una lluvia y otra, crisis de nervios, los chicos en llanto, y mucha impotencia.

Calles convertidas en ríos

Llovieron 15 centímetros en pocos minutos, lo que en las calles y las casas se traducen en otra sensación y otro impacto: barrios anegados, calles convertidas en ríos correntosos que arrastran autos, troncos, containers de basura, y gente. Sólo en el barrio de Saavedra murieron tres personas por causas directamente relacionadas con las lluvias. Se estima que otros seis murieron en otros barrios de la ciudad.

Cuando los afectados pensaban que lo peor había pasado y los canales de televisión desmontaban sus equipos para enfocarse en el siguiente tema de coyuntura, la tormenta no sólo no se detuvo sino que siguió hasta La Plata, una ciudad de unos 750 mil habitantes que queda a menos de una hora de autopista de la ciudad de Buenos Aires.

La Plata, construída a finales del siglo XIX, fue la primera ciudad moderna argentina edificada en base a estándares urbanísticos de avanzada. De nada sirvió. Al menos cuarenta muertos dejó allí el temporal. Cayeron 20 centímetros en dos horas. Además de histórica, la cifra parece escandalosa: la cantidad de víctimas fatales en una ciudad moderna parece haber desnudado una vez la impericia crónica de la dirigencia argentina ante las emergencias.

El diputado de la UCR (oposición) Miguel Bazze dijo a RFI que si bien “no se puede controlar la caída de agua muy superior a la que siempre se da en esta zona del país”, a la ciudad le falta “canalizar mejor las aguas”. “Falta resolver el tema de los sumideros y de los desagües que fueron diseñados hace muchos años para una ciudad con mucho menos habitantes y mucho menos cemento”, agregó.

La tardía respuesta de los equipos de rescate fue también un motivo de descontento entre los damnificados.

Tanto en La Plata y en la ciudad de Buenos Aires, las quejas eran las mismas: nadie socorría a las víctimas, nadie pensó en esto, nadie tenía un plan de contingencia. Así que las autoridades hicieron lo que suelen hacer en estos casos: improvisar. Pero a diferencia de Buenos Aires, en La Plata el temporal hizo impacto en decenas de familias más humildes, de menos recursos y que no sólo habían perdido lo poco que tenían sino que no tenían qué comer ni a dónde ir. Una mujer y su beba atrapadas dentro de un auto a la deriva en medio de la inundación se convirtió en la muestra ejemplar que nunca falta: nadie les prestó socorro, nadie advirtió que estaban en emergencia. Más de once horas esperaron a que llegara la ayuda.

El paso del agua fue también la nueva excusa para que la política se cuele entre las cifras de evacuados, muertos y heridos. Así, lo que debería ser lo importante pasó a ser accesorio cuando el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri (de derecha y gran esperanza del electorado conservador para la presidencia) culpó al gobierno nacional de no financiar las obras necesarias para evitar estas inundaciones, lo que dio paso a que funcionarios del gobierno nacional le respondieran acusándolo de frívolo y holgazán.

Sin embargo eso no quedó ahí. El tercero en discordia en la política argentina, el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli (oficialista) también busca ser el próximo presidente, aunque sin llamar demasiado la atención ni plantear enfrentamientos. Pero el agua le cambió los planes. El temporal golpeó su distrito y lo puso en una triple encrucijada: frente a su electorado, frente a su amigo Macri y ante sus mandos naturales, es decir, a la propia Cristina Kirchner, quien, casualmente, nació en Tolosa, una pequeña localidad vecina a La Plata que fue muy castigada por el temporal.

Acaso como hablando en nombre de ella misma, de sus dos pretendientes a sucederla y de todos los afectados, dijo esta mañana en una recorrida por el barrio que la vio nacer: “Sé lo que es perder todo”.