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Año XII, 2 de julio de 2020

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Nueva Providencia: Más que un cambio de nombre

La alegría en el Concejo Municipal de Providencia fue contenida. La emoción invadió a muchos que esperaban el cambio de nombre de avenida 11 de Septiembre. Casi se posterga, pero finalmente se votó y la calle vuelve a su nombre original.

Juan San Cristóbal

  Martes 2 de julio 2013 18:30 hrs. 





Una hora más tarde de lo programado, los concejales Silva, Muñoz, Parada y García Márquez ingresaban junto a la alcaldesa Josefa Errázuriz al Salón Central del municipio de Providencia. Cuatro sillas vacías a la derecha de la edil grafican la ausencia de los concejales de la Alianza, lo que hizo pensar en un nuevo boicot a la votación.

El cambio de nombre de la avenida 11 de Septiembre, fue una afrenta de la entonces candidata Josefa Errázuriz, una “dueña de casa” según el ex alcalde Labbé (también ex coronel y miembro de la CNI). Su triunfo electoral instaló la propuesta en la mesa del Concejo, pero la disidencia optó por no presentarse, esperando con ello detener la realidad.

“No hay que confiarse en quienes están dispuestos a participar del juego democrático, porque luego no lo están”, señaló el concejal Muñoz, mientras Jaime Parada, miembro del Movilh y concejal del PRO, subrayaba que “esto traerá una correlación: la gente está aburrida de la política normal, y hoy tiene voz en este tipo de espacios”.

Casi las once, y el médico Manuel José Monckeberg, padre de un diputado de la República, hace su ingreso al salón. Saluda a la alcaldesa y muchos apenas pueden contener la alegría. Hay quórum para la votación, lo que borraría otro signo de la dictadura presente en esta comuna. “Mi obligación es estar presente, independiente del tema a tratar, independiente de la posición que uno tenga”, justificó más tarde, señalando que en pocos minutos, “ya he recibido un par de llamados de gente que no está de acuerdo con que viniera”.

Para algunos un cambio innecesario, un gasto para los vecinos. El concejal Pedro Lizana, ausente en la mesa central, llegaba al municipio como si fuera domingo. “No me presto para esta chuchoca”, señaló. “No hay garantías para venir”, dijo personalmente, a escasos metros de la silla que le corresponde, por 3 mil 207 votos de vecinos sin representación.

Para otros una burla, una espina que impide la unión nacional. “Es una fecha que violenta a los chilenos, recuerda el odio, la traición. Estoy a favor de la memoria, pero no de esta manera”, decía hace una semana Joan Turner en este mismo salón. La viuda de Víctor Jara apoyó el cambio de título a una calle que recuerda la fecha en que comenzaron a perseguir a su marido. Hasta encontrarlo, hasta matarlo.

Nueva Providencia

Josefa Errázuriz señaló que la avenida Nueva Providencia cambia a 11 de Septiembre por gestión del alcalde Alfredo Alcaíno Barros, quien ofreció el título a Augusto Pinochet, a cambio que la línea 1 del Metro pase por esta calle y no por Andrés Bello, visto en el plan original. Con el tren subterráneo, Providencia se anexa a Santiago Centro por el oriente, formando un eje clave en la organización urbana de la capital, con envidiable posición estratégica de la comuna.

Se inicia la votación, cuatro votos contra uno, y avenida 11 de Septiembre no va más. Contrasta la algarabía con la emoción, lágrimas contenidas durante años de transición democrática. Las cuatro mujeres pinochetistas que llegaron temprano a protestar, sacan el busto del general y responden furiosas a las burlas, al festejo. Se retiran del municipio en silencio. Hace algunos meses defendieron el homenaje a Miguel Krasnoff, luego buscaron la reelección de Labbé, y quizá no haya otra oportunidad de demostrar su visión política. Nunca salió de su mochila una bandera de Chile que era parte de los implementos.

Francisco Estévez, uno de los gestores de este cambio, recibía las felicitaciones. Maya Fernández Allende, candidata a diputada por este distrito, no contenía el llanto, no detenía los recuerdos. Luis Mariano Rendón, de “Democracia para Chile”, celebraba la presión social por cambiar la forma de hacer política, donde ahora los vecinos si tenían voz.

Marcelo Cicali, dueño del Liguria, coordinaba la camaradería que amerita la ocasión: “Cerraré arriba, está más grande y caben unas cuarenta personas”, prometía a funcionarios municipales, que esperaban la figura de Errázuriz por el balcón del palacio municipal.

Rápidamente la alegría se disipa. Los festejos se trasladan a la polémica calle, los vecinos se suben en andas, en hombros, incluso sobre una bicicleta, pegando una improvisada señalética nueva. Son los vecinos, los anónimos alegres que caminan por esta calle día a día, que luego mirarán el letrero aquel y respirar profundo, confiando en que hay cosas que sí se pueden cambiar.

Justamente en julio, el contrato con la empresa contempla la renovación de la señalética municipal, que exhibirá el nuevo nombre en pocas semanas.