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Año XIV, 26 de junio de 2022

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El IPC como devorador de sueldos

La evolución del IPC y del Índice de Remuneraciones muestra todavía un positivo impacto en la capacidad de compra de los trabajadores, dado el mayor crecimiento real de las remuneraciones respecto de la inflación. Sin embargo, esta tendencia parece comenzar a declinar en contra de los sueldos, especialmente dada la estructura de consumo de amplios sectores medios de la población.

Roberto Meza

  Martes 8 de abril 2014 18:34 hrs. 
dinero

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) anotó en marzo una variación de 0,8%, 0,3% sobre las expectativas promedio del mercado y la más alta desde septiembre de 2012 (también 0,8%), debido, principalmente, al fuerte aumento de los rubros de Educación y Alimentos y Bebidas no alcohólicas. Con este resultado, la inflación acumula un alza de 1,5% en lo que va del año y 3,5% referencial a 12 meses, acercándose así al techo de la banda de tolerancia definida del Banco Central, de entre 2% y 4%.

El índice de Remuneraciones (IR), por su parte, aumentó en febrero 0,2%, mientras que en 12 meses la variación fue de 6%, gracias a los avances en los sueldos del sector Construcción e Intermediación Financiera, dado el pago de incentivos y premios, así como de Comisiones por ventas y Pagos directos al trabajador de servicio de bienestar. En 12 meses, como es presumible, Actividades Inmobiliarias, Empresariales y de Alquiler, junto a Comercio, registraron las mayores incidencias positivas de este indicador.

La evolución de ambos índices muestra todavía un positivo impacto en la capacidad de compra de los trabajadores, dado el mayor crecimiento real de las remuneraciones respecto de la inflación. Sin embargo, esta tendencia parece comenzar a declinar en contra de los sueldos, especialmente dada la estructura de consumo de amplios sectores medios de la población. En efecto, al pormenorizar el IPC, diez de las 12 divisiones que conforman la canasta consignaron aumentos en sus precios en marzo, destacando Educación (4,9%) y dentro de ella la Superior (4,7%), Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, que mostró alzas en 10 de sus 11 clases, entre ellas productos de alta demanda como Hortalizas, Legumbres y Tubérculos (2,1%). En resumen, de los 76 productos de la división Alimentación, 55 mostraron incremento de valores, destacando carne de vacuno (1,7%).

De acuerdo a analistas del mercado, el aumento de la inflación de marzo se debería a los impactos de la depreciación del tipo de cambio, que encarece el dólar y por consiguiente las importaciones, haciendo rendir menos lo que la remuneración del trabajador puede comprar. Es posible que en los próximos meses estas alzas de productos de alto consumo no se repitan, permitiendo al Banco Central seguir bajando la tasa de interés para mantener activada la economía. Sin embargo, si la ralentización actual de la economía mundial persiste y se reducen las exportaciones en volumen y precios, el tipo de cambio tenderá a mantenerse en los presentes niveles, incidiendo en una mayor inflación por tipo de cambio en importaciones relevantes como alimentos y petróleo.

Asimismo, esa reducción de actividad externa, unida a las incertidumbres del proceso de reformas económicas que vivirá el país en los próximos meses, podría incidir en la inversión, generando un aumento de la desocupación, lo que podrá estancar las alzas reales de remuneraciones. De esta forma, los aumentos de precios de bienes de consumo podrían cruzarse en algún momento con bajas en los sueldos, generando una caída del poder adquisitivo de las personas, afectando el consumo en momentos en los que las expectativas económicas muestran los primeros síntomas de repliegue, al tiempo que las demandas sociales se incrementan.

Un escenario como el señalado, hace previsible que el Banco Central deba seguir bajando la tasa de interés en alguna de sus sesiones de Consejo siguientes y explica por qué las autoridades han ampliado las expectativas tolerables de IPC para los próximos meses hasta el 4,5%, pues parece indicar que se apostará a más inflación, en función de una mayor actividad que impida que impida aumentos relevantes del desempleo, sin importar mucho, por ahora, el efecto inflación en las remuneraciones de los trabajadores, dada la diversidad de tipos de consumo que se observan en la economía, pero que, tratándose de sectores populares, afecta con mayor presión a productos relevantes en su estructura de gastos, como Alimentos, Energía y Educación.