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Comentario de libros:

El deber cómplice del asesinato

André Jouffé

  Lunes 22 de junio 2015 11:25 hrs. 
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Un libro del escritor magallánico Juan Magal, La perra del vecino, me trae a la memoria un episodio en el cual el periodismo se quiso devorar al sentido común.

En la primavera del año 1969, un marinero norteamericano de la operación UNITAS, una actividad conjunta entre las marinas de Estados Unidos y Chile y que en septiembre de 1973 fue cómplice del Golpe, se balanceaba ebrio en la cornisa del segundo piso de un edificio. Era de esos inmuebles antiguos, lo cual quiere decir que en construcciones actuales estaría en el tercero.

Frente a él, los alambres eléctricos que suministraban de energía y alumbrado público al sector de prostíbulos del barrio chino de Valparaíso.

Para culminar su gracia, el marinero quería alcanzar los cables con un brazo y pretendía colgarse de éstos. Desde el interior del edificio, continuaba la jarana indiferente al accionar del marine.

Nosotros en la acera del frente observábamos. Mi fotógrafo permanecía como estatua con su Nikon lista para captar el drama. Si el individuo se colgaba de los alambres, salvaba con vida. Si mantenía los pies en la cornisa y una mano en los cables, iba a hacer tierra y se electrocutaba en el acto.

Comencé a gritar: “You fool, stop it” (“Estúpido, córtala”). Enrique me hizo callar. El quería “la foto”, el hombre hecho relámpago o cayendo al suelo en brasas. Años antes había tomado un barco varado que hicieron estallar en Antofagasta en los instantes de la explosión y fue portada de la revista Life. Los minutos se hicieron eternos. Yo con mis aullidos pidiendo auxilio, Enrique indignado.

El hombre estaba en lo suyo, pero tan embriagado que tampoco atinaba a dar con los alambres. En un momento preciso, tambaleó, pero hacia el interior del departamento. Enrique emitió un epíteto.

Siendo un hombre bueno, muy cristiano, ajeno a las coimas, incluso enemigo de tomar mujeres desnudas como se lo rogaba Guido Vallejos para sus revistas Novedades, Viejo Verde y Cosquillas, en este caso lo excitó un leve instinto criminal, porque no voy a justificar su actitud como profesionalismo. Y en vez de auxiliar al suicida involuntario pero inconsciente, poco faltó para que lo estimulara.

Juan Magal en su libro, debut de la Editorial de la Municipalidad de Punta Arenas, La perra del vecino y otros cuentos, Las hormigas del mediodía, plantea algo similar, pues hay un espectador y una persona que podía suicidarse. El que observa espera, no atina.

El volumen contiene 15 cuentos, la mayoría con la locura y la muerte rondando como buitres. En nombre del silencio calza perfectamente con un relato de Edgar Allan Poe, o al menos trae reminiscencias del escritor y poeta norteamericano.

Pero también encontramos escalofriantes ayuda memoria de la época de quema de libros y los métodos de tortura y los recursos usados por entes que aún están vivos. La soledad se pasea cómodamente a lo largo de muchas páginas.

Es un libro que recomiendo. Una mención merecedora de más de un asterisco: los derechos de reproducción están permitidos, lo cual permitirá en breve el libre acceso por internet a algunos cuentos deliciosamente macabros o de locura y muerte de Magal.

Foto: Presentación del libro / Biblioredes.