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Año XI, 20 de junio de 2019

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CEP: una encuesta a la medida del antiguo régimen

Lo triste de todo esto es que, después de 25 años, los oráculos de nuestro país sean todos de derecha. Al igual que los principales medios de comunicación. Al igual que el discurso de una parte importante de la Nueva Mayoría. En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Y Chile parece ser, a la luz de la encuesta del CEP, un país de ciegos.

Víctor Herrero

  Lunes 21 de diciembre 2015 8:46 hrs. 
CEP

Cada vez que el Centro de Estudios Públicos (CEP) publica su encuesta nacional, el establishment chileno –desde La Moneda a los empresarios, desde la prensa a los centros de estudio, desde los académicos a los ejecutivos de las firmas de comunicaciones y de lobby– se pone en alerta máxima. Después de todo, el sondeo de la CEP se ha convertido en una suerte de Oráculo de Delfos de la democracia chilena.

La encuesta de esta institución –financiada generosamente por el gran empresariado– anticipó el triunfo del “No” en 1988, las victorias de Patricio Aylwin y Eduardo Frei en 1989 y 1993, y el empate técnico en primera vuelta entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín en 1999. Además, ha sido técnicamente más rigurosa que otras encuestas, ya que se realiza de manera presencial y no telefónica (una indagación que, según los expertos, arroja resultados más certeros, pero que es muy costosa).

Así las cosas, no fue extraño el revuelo causado por la más reciente entrega dada a conocer la semana pasada.

Como siempre, los medios de comunicación se dieron un festín con el premio mayor: la percepción positiva de los líderes políticos, lo que constituye una suerte de barómetro de las carreras presidenciales chilenas que, aunque muchos digan que “no es el momento” de hablar de candidaturas, es el motor que mueve al poder en Chile en todo momento.

La noticia principal fue la fuerte caída de Marco Enríquez-Ominami, cuya evaluación positiva alcanzó 33 por ciento, una caída de 9 puntos respecto a la medición anterior a mediados de año. Con ello, el hijo del asesinado líder del MIR Miguel Enríquez, pero también receptor de dineros de campaña por parte del yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou, fue esta vez la gran víctima. Y eso que la encuesta ya había cerrado cuando hizo su mediática y algo estrafalaria comparecencia frente a la fiscalía en calidad de imputado.

El otro dato interesante de este ranking de percepciones políticas es que los nombres de los presidenciables está constituido por aquellos que han sido retratados o levantados de manera permanente por la prensa y la política tradicional chilena: léase, La TerceraEl Mercurio, y las agencias de comunicaciones de hombres como Enrique Correa y Eugenio Tironi, entre otros.

Ahí están Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, Isabel Allende e, incluso, ahora que es nuestro agente ante La Haya, José Miguel Insulza. Y también la presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende, y el senador de Renovación Nacional, Manuel José Ossandón. Es decir, como si fuera un perfecto retrato de familia, ahí están los actuales representantes máximos del establishment chileno.

Entre estos cinco potenciales presidenciables suman 338 años de vida; es decir, su promedio es de 67,6 años, una edad en la que los políticos del mundo occidental disfrutan ya hace tiempo de su digno retiro. El jovencito de esto grupo, Ossandón, tiene 53 años; Lagos tiene 77. Pero, bueno, la transición chilena se inició con un Patricio Aylwin que tenía 71 años cuando ingresó a La Moneda en marzo de 1990.

En comparación, el promedio de edad de los cuatro principales candidatos en las elecciones generales de España celebradas ayer es de 44 años, más de dos décadas menos que en Chile. Mariano Rajoy es el más viejo con 60 años. Albert Rivera, del centro-derechista Ciudadanos, el más joven con 36 años. El conservador británico David Cameron llegó al poder en Inglaterra a los 44 años. Barack Obama ingresó a la Casa Blanca a los 47 años; Bill Clinton a los 46; John F. Kennedy a los 43; y Felipe González tenía 40 años cuando ingresó al Palacio de la Moncloa en 1982.

Ciertamente, la edad –mayor o menor– no debería importar en la política. Pero el hecho de que, en estos momentos, nuestro futuro presidencial se vislumbre tan viejo tiene un aire a tutelaje, a políticos amonestando a sus adolescentes hijos rebeldes, es decir, al ciudadanía. Todo parece indicar que en Chile estamos viviendo, y aparentemente apoyando, una gerontocracia política. Y eso es triste, o al menos poco ambicioso para un país tan joven.

Es verdad, el político con mejor percepción positiva en la última encuesta CEP es el diputado Giorgio Jackson de Revolución Democrática. Pero él tiene 28 años y aún le quedan siete más para poder postular a la presidencia.

Los encargados del CEP advierten que las percepciones no significan adhesión política. Y he ahí la primera trampa del Oráculo de Delfos ¿Por qué no hacen la pregunta más certera, como la formulan sus colegas encuestadores en Estados Unidos, Inglaterra, España o Alemania? Y esa cuestión es muy simple: si las elecciones fueran el próximo domingo, ¿por quién votaría?

Es que esa sería una pregunta peligrosa y los “expertos” del CEP podrían perder cierto control sobre las respuestas. Después de todo, si uno se fija con cuidado en la formulación de las preguntas y en los temas escogidos, uno se puede dar cuenta que, pese a su prestigio y poder de anticipación, los sondeos de este centro están bastante dirigidos.

En la encuesta de la semana pasada, casi todas las preguntas respecto a la pobreza, igualdad y equidad arrojaron resultados sorprendentemente favorables al actual modelo económico. Los pobres son pobres por falta de educación y por ser flojos. Los ricos son ricos por su buena educación, porque trabajan de manera responsable y porque tienen iniciativa personal. Conspicuamente ausentes del cuestionario estaban preguntas sobre la colusión de grandes empresarios para estafar al consumidor chileno, como fue el caso de la CMPC y su dueño, Eliodoro Matte, quien hasta hace poco era el presidente del CEP.

Otras preguntas son fraseadas de tal manera de contraponer la acción del Estado a la actividad de individuo. Las respuestas no sorprenden. En un país con casi nulas políticas sociales, y con un nivel de educación cívica y cultura política casi inexistentes (como también revela la encuesta), muchos responden que la responsabilidad por avanzar en la vida depende de uno mismo y no de la comunidad.

Ciertamente, no hay por qué culpar a los investigadores del CEP por este prejuicio. Al final del día, la mayoría de sus expertos son de derecha, están financiados por la derecha, y responden al interés permanente de la derecha. Como solemos decir en Chile: “Uno no muerde la mano que te da de comer”.

Lo triste de todo esto es que, después de 25 años, los oráculos de nuestro país sean todos de derecha. Al igual que los principales medios de comunicación. Al igual que el discurso de una parte importante de la Nueva Mayoría. En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Y Chile parece ser, a la luz de la encuesta del CEP, un país de ciegos, donde más del 40 por ciento de los encuestados piensa que los pobres son pobres porque son flojos.

Y así se suceden las cosas en nuestras tierras neoliberales. Las supuestas vírgenes del Oráculo de Delfos de la antigua Grecia, en especial la Pitonisa, eran sugestionadas, manejadas y manipuladas por los sacerdotes griegos que querían avanzar su propia agenda política. El CEP hace lo mismo. El poder permanente de Chile hace lo mismo. Sólo que todavía muchos no se dan cuenta.