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Economía mundial: hacia la desocupación estructural

Aunque las quejas alemanas son atendibles, si Europa sigue con su actual estancamiento y peligro de deflación, la “nueva economía” prevista por el Secretario del Tesoro de Bill Clinton, Larry Summers, se instalará por largo tiempo. Tal escenario no ayuda ni a la recuperación china, ni a Latinoamérica.

Roberto Meza

  Martes 22 de marzo 2016 10:25 hrs. 
Currency symbols moving around planet Earth. Digital illustration.


La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, afirmó que el XIII Plan Quinquenal de China le ayudará a obtener un crecimiento más inclusivo y sostenible, según lo informado por la agencia Xinhua. Recientemente, en Shanghái, había pedido al Grupo de los 20 (G20) realizar urgentes reformas económicas para la recuperación de la economía mundial.

La preocupación de Lagarde es coincidente con la de especialistas de todo el orbe, así como de autoridades y dirigentes políticos de los principales espacios económicos del mundo. En efecto, el FMI ha corregido ya varias veces a la baja los pronósticos de crecimiento internacional, no obstante que asegura que la economía mundial se encuentra de nuevo en la senda del crecimiento.

Lagarde hace así una síntesis entre las posiciones que respecto del futuro económico internacional han estado colisionando desde la crisis de 2008: un grupo de naciones (apoyado por EE.UU. y China) ha apostado por seguir con políticas fiscales y monetarias expansivas, apuntando a resolver el problema vía aumento de la demanda, mientras que otros, como Alemania, se han mostrado a favor de que las naciones endeudadas hagan sus reformas económicas estructurales, viabilizando mediante más productividad una oferta más eficiente.

Entrampados en esta polémica de las grandes potencias, lo que es evidente para todos es que la economía internacional se encuentra gravemente debilitada y su ritmo anémico ritmo de crecimiento se expresa no solo en los peores números del Baltic Index en 30 años (que mide el comercio real a través del uso del transporte marítimo), sino en la abrupta caída los precios del petróleo y la energía.

La situación -indiscutida por los analistas- hace surgir una tercera hipótesis. En 2009, el Secretario del Tesoro de Bill Clinton, Larry Summers, conocido por su buena disposición hacia el mundo empresarial, auguró el surgimiento de una “nueva economía”, término con el cual quiso indicar que el desempleo sería algo normal, que el mercado sería el centro de la economía y finanzas y que las medidas sociales y de bienestar no serían más una preocupación de la economía.

Al mismo tiempo, Summers predijo un “estancamiento secular” durante mucho tiempo, lo que parece estarse materializando pues no ha habido acción política para crear estímulos y porque los banqueros centrales estiman que ya no tienen más herramientas para fortalecer el crecimiento o incrementar la inflación.

Así, en la reciente reunión del G-20, en Shanghai, los Ministros de Finanzas no pudieron ponerse de acuerdo y mientras Lou Jiwei, de China, afirmaba que la volatilidad del mercado no ha reflejado aún los fundamentos subyacentes al pantano que atraviesa la economía mundial, el alemán, Wolfgang Schäuble, hizo bloquear la propuesta para estimular las reformas defendidas por norteamericano, Jack Lew, insistiendo en que hoy solo caben las reformas estructurales y no políticas fiscales y monetarias expansivas.

Pero solo unos días después, el presidente del BCE, Mario Draghi,  presentó su nuevo programa de estímulo fiscal que colocó en cero el costo del dinero, al tiempo que aumentó la emisión mensual de 60 a 80 miles de millones de euros. Y si bien al comienzo, los mercados reaccionaron bien, luego bajaron, mientras Draghi advertía que los centrales no pueden hacer el trabajo de la política. En dicho marco, el crecimiento en la zona euro en 2016 será de alrededor 1,4% y apenas de 1,7% en 2017, con lo que Europa completaría nueve años desde que entró en estancamiento, sin poder recuperar el nivel económico de antes de la crisis.

Ante la política expansiva de Draghi, Alemania ha advertido que “el dinero fácil lleva a la perdición”, al tiempo que su ministro de Comercio Exterior, Anton Börner, ha dicho que los ahorros de los alemanes “han sido expropiados por el Sur”, con una política destinada a rescatar a los países endeudados del Sur de Europa, a expensas de Alemania y los demás países del Norte, que no requieren tasa de interés cero.

Los alemanes tienen en sus cuentas de ahorro alrededor de 2 millones de millones de euros, la tercera parte del total de la zona euro. Con tasa cero, se calcula que perderán más de 220 mil millones de euros, en comparación con lo que habrían ganado con el interés histórico promedio de los depósitos. Por su parte, el Tesoro italiano ahorra más de 50 mil millones y España, unos 40 mil millones de euros.

Aunque las quejas alemanas son atendibles, si Europa sigue con su actual estancamiento y peligro de deflación, la “nueva economía” prevista por Summers se instalará por largo tiempo. Tal escenario no ayuda ni a la recuperación china, ni a Latinoamérica.

El conflicto sobre reformas estructurales versus estímulos económicos y financieros, está en punto muerto, mientras, al mismo tiempo, los avances de la digitalización y robotización de la economía mundial amenazan con generar un enorme ejército de desempleados perpetuos: para 2025, los robots representarán el 52% de la producción industrial, por encima de su actual 12%, lo que no solo afectará millones de puestos de trabajo, sino que, además, con aumentar aún más la concentración de la riqueza y desigualdad social. ¿Será sustentable un mundo como ese?