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Poéticas del paisaje: huellas de Pablo De Rokha

El volumen recientemente aparecido, reúne tres importantes textos del poeta de Licantén fallecido en 1968, desperdigados en diversas recopilaciones, y que configuran una parte importante de la propuesta estética y política de una voz desmesurada que pretendió poblarlo todo a través del lenguaje y sus límites.

Felipe Reyes

  Lunes 11 de julio 2016 16:13 hrs. 
De Rokha 2





El volumen comienza con la siguiente escena: “A las nueve de la mañana tomó desayuno (…). Habló largamente por teléfono con su hija Lukó y su yerno, el poeta Mahfúd Massís. Cruzó un par de palabras con una vecina y luego recordó que tenía que tomarse unos remedios. A eso de las diez, entró en su escritorio. Minutos después se escuchó un fuerte estallido. Yolanda, la persona que hacía el aseo en la casa, le pegó un grito a su hija Sandra, que barría por ahí, acusándola de haber roto un espejo. La niña lo negó y se quedaron mirando. Ambas corrieron al escritorio. Lo encontraron sobre su silla, con la cabeza hacia atrás y los anteojos de montura negra colgándole de una oreja. En su boca, un hilo de sangre y empuñada en la mano derecha, una pistola”. Una escena demoledora para el triste final de un poeta vital, en permanente contradicción, y de una consecuencia a toda prueba que cruza toda su vida y los principios de su obra.

Junto a esa precisa semblanza de una biografía trágica e intensa realizada por Cristián Rau y Daniel Rozas, Poéticas del paisaje reúne tres importantes textos del poeta de Licantén fallecido en 1968, la edad de setenta y tres años, recopilados por el también poeta y editor Guido Arroyo. Desperdigados en diversas recopilaciones, estos escritos del “amigo piedra” configuran una parte importante de su ADN poético y político. El primero de ellos, Ecuación (canto de la formula estética), un arte poética en el que De Rokha repasa los temas que poblaran toda su escritura: la muerte, la tierra, la tristeza, la naturaleza y la actitud ética y política del vate con su obra y su época. De Rokha cultivó sin reparos una voz desmesurada que pretendió poblarlo todo a través del lenguaje y, a la vez, dando cuenta de sus límites, como señalara en el poema Ecuación (1929): “…es menester hacer la ciudad imperial hoy con la trepidación de la gramática, aquella cosa inmensa y mecánica, dinámica, difícil, que es, ¡por Dios!, el lenguaje colocándose”.

Poéticas del paisaje portada

En el segundo texto, La intuición poética, De Rokha se aventura en las mareas del ensayo para indagar en la relación del quehacer poético y la vinculación con la sociedad (el poeta-ciudadano que reflexiona sobre las problemáticas de su tiempo), y en el que sostiene que “la intuición poética de los pueblos, de todos los pueblos del mundo, crea la leyenda, que es la interpretación artística popular de la realidad”, pues “la leyenda es la historia imaginaria de los pueblos”. Para Pablo De Rokha los grandes poetas son legendarios, “porque la heroicidad popular los va nutriendo, alimentando”, y menciona la Biblia, La Ilíada y La Odisea, el Mio Cid Campeador como fábulas seminales “de la verdad histórica como verdad estética, intuitivamente, no con sentido conceptual”, pero también se detiene en el mito de los archipiélagos sureños como es “El Caleuche”, el que expresa y contiene “el sur lluvioso de las marinerías y las hazañas descomunales del chilote y del poblador magallánico, su ensueño letal del invierno, la fatalidad estupefacta que la carcome”.

Cierra el volumen Vocabulario, un personal diccionario de culteranismos, una introducción al léxico rokhiano para sumergirse en su personal lenguaje, y último texto programático que escribió. Ahí está toda la personalidad verbal presente en libros como Epopeya de las comidas y bebidas de Chile (1948) o Canto del macho anciano (1961), un canto a lo popular como señal de identidad y la utilización de un personaje que puede ser tanto su heterónimo como el arquetipo de lo que para de Rokha es la cultura popular, además de un tono épico y gozador del mundo, un sello propio que se le criticó desde un comienzo, imputándole una verborrea que para muchos mataba al texto, especialmente cuando el modernismo primero y la sombra de Huidobro y Neruda –ambos con una utilización mucho más parca del lenguaje– después, marcaban la correcta forma de hacer poesía en el Chile de entonces.

Poéticas del paisaje es un valioso volumen que nos permite conocer a la obra de un poeta que, en todos los frentes y contra viento y marea, batalló por no repetir fórmulas probadas. Desde su primer conjunto de poemas, Versos de infancia (aparecidos en la revista Selva Lírica, 1916) y, especialmente, con Los Gemidos (1922), rompe con los movimientos de moda como el modernismo o el naturalismo. Esta filiación tan temprana a la vanguardia –que sólo Vicente Huidobro había reflejado el año 1918 con su libro Ecuatorial– lo llevan a ser descalificado por la crítica de la época y su rupturista poemario Los Gemidos no llega a vender más de una docena de ejemplares. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, extraña que una obra mayor, aparecida el mismo año que Desolación de Gabriela Mistral y sólo dos años antes que Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda, no haya sido valorada por el solo hecho de no ser comprendido, negando así su aporte por el “pecado” de alejarse de la “norma literaria” de la época.

 

Poéticas del paisaje

Pablo de Rokha

Alquimia ediciones, 90 páginas.