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Año XII, 26 de noviembre de 2020

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Chile al espejo: Pesimismo injustificado

Una acción combinada del Estado y del sector privado, dada la obvia salud que aún muestra el joven Chile a pesar de sus remilgos adolescentes, es el remedio para que nos comencemos a ver con mayor optimismo al espejo.

Roberto Meza

  Martes 2 de agosto 2016 9:55 hrs. 
santiago



La economía chilena parece estar viviendo esa singular situación que afecta a los adolescentes que no gustan de sí mismos pero que, desde fuera, corresponden a un joven admirado y respetado por su buena salud y presencia.

Los sicólogos dicen que el fenómeno es resultado habitual del proceso de maduración, hecho que, de alguna manera, Chile parece estar experimentando junto con la materialización de las necesarias políticas de ajuste estructural que, como todo cambio, han introducido incertidumbre y le han restado impulso a la actividad.

Demás está señalar que la reforma tributaria, más allá del juicio convergente de que se requería aumentar la recaudación para enfrentar los provinientes desafíos sociales como la educación, salud o previsión, su diseño ha suscitado efectos negativos en la inversión, empleo y confianza de los consumidores y empresarios. En materia laboral, hay cierto consenso que la reforma podría judicializar las relaciones entre empleadores y trabajadores, elevando los costos, mientras que, en educación, el foco se ha puesto más en el financiamiento y aspectos ideológicos, que en el factor que originó el movimiento: su calidad y adaptación a los nuevos tiempos.

Añade factores al pesimismo, la compleja situación internacional, sentimiento que, por lo demás, inunda a casi toda América latina, dados los riesgos externos ciertos, particularmente desde China y Europa, que con una actividad ralentizada, siguen generando preocupaciones, en particular en naciones que viven de los commodities, y en el caso de Chile, los previsibles bajos precios futuros del cobre que eso implica.

Así y todo, en su último informe, Moody’s Investors Service, afirma que la calidad crediticia corporativa privada de Chile (Aa3 estable) permanecerá estable hasta finales de 2017 debido a que el fuerte marco institucional y su sólido sistema financiero, mantendrán disponible el financiamiento local para las compañías, y aquellas con fuerte calidad crediticia, tendrán acceso amplio y barato a los mercados financieros externos, aún hasta finales de 2017.

De acuerdo al estudio, a julio, ocho de las 14 compañías chilenas calificadas por Moody’s tienen perspectiva estable, mientras que sólo cinco muestran perspectivas negativas que reflejan sus condiciones específicas tales como liquidez apretada, expansiones financiadas con deuda, o demanda más débil de commodities, aunque no el entorno macroeconómico de Chile. En este ámbito, como es obvio, sólo están algunas mineras y actores minoristas, por los bajos precios del metal rojo y una eventual alza del desempleo, el que en el segundo trimestre se elevó a 6,9%.

Adicionalmente, según reciente informe de la OCDE, Chile registra una notable mejoría en sus ingresos familiares durante los últimos tres años. Mientras en 2013 registraba un ingreso familiar de US$ 11.039 y ocupaba el último lugar entre los países miembros del organismo, en 2015 su ingreso medio alcanza a los US$ 15.094, lo que significa que subió 36,7% sus ingresos familiares.

Otras cifras macro muestran que el joven está “sano”, en la medida que, durante las crisis reales, éstas suelen derrumbarse. En efecto, dólar y bolsa presentan índices saludables y si bien el ritmo de crecimiento se ha ralentizado notoriamente, desde los niveles esperados a comienzos de año de poco más del 2% a menos del 1,5%, se trata de un ciclo esperable para un país que depende aun crucialmente de sus exportaciones de cobre, las que, por lo demás, aportan sólo 10% a dicho crecimiento. Así, el tipo de cambio, que es tan nervioso cuando las “cosas se ponen malas”, se mantiene en niveles de entre 660/670 pesos -lo que abarata precios de importaciones y disminuye la inflación, aunque afecta la renta de exportadores menos productivos- mientras que la bolsa local se empina por sobre los 4 mil puntos, es decir, con precios superiores a los de antes de la crisis de 2008.

En 2017 viene un nuevo incremento del Impuesto de Primera Categoría (empresas) de 24% a 25,5%, y una rebaja de la tasa máxima para los ingresos personales (Global Complementario) de 40% a 35%, cambio que dejará más recursos en manos de los consumidores y del Fisco. Este hecho constituye una oportunidad para impulsar nuestra actividad interna y, en acuerdo público privado (que generan el 80% del PIB chileno), poner en marcha inversiones productivas como pavimentación de caminos agrícolas interiores, mejores puertos y caletas, embalses y puentes, más investigación y testeos de emprendimientos experimentales; o gasto social contracíclico, licitando la construcción de más hospitales, reconstrucción de viviendas destruidas por sismos o tsunamis, y avanzar en una audaz modernización del Estado en todos sus niveles, integrándolo con mayor profundidad a la sociedad de la información. Asimismo, aprovechar de descentralizar más rápido; activar los enormes potenciales de nuestro largo y rico borde costero, con granjas marinas y repoblamiento de las algas, cuyo subsidio fue aprobado recientemente; o impulsando más decididamente la forestación de millones de hectáreas con disposición para bosque nativo, creando así nuevas oportunidades de inversión y trabajo.

Una acción combinada del Estado y del sector privado, dada la obvia salud que aún muestra el joven Chile a pesar de sus remilgos adolescentes, es el remedio para que nos comencemos a ver con mayor optimismo al espejo. La “mala onda” de las justas iras que han producido las penosas revelaciones del mal comportamiento de parte de nuestras antiguas elites dirigentes “paternalistas”, no deberían liquidar ese optimismo que, naturalmente, asiste a las nuevas generaciones.