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México: El pavoroso descriterio de Peña Nieto

Peña Nieto se encontró con Obama en China en una reunión del G20. A su regreso, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray quien fue quien organizó el encuentro con Trump renunció al gobierno. Esta “renuncia” ha sido un golpe fuerte al gobierno ya que Videgaray era la mano derecha de Peña Nieto y es a quien se le atribuye el diseño de las principales reformas estructurales de este gobierno (telecomunicaciones, energética, educativa).

Javier Buenrostro

  Jueves 22 de septiembre 2016 12:13 hrs. 
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En casi todos los países existe una brecha considerable entre los ciudadanos y los gobernantes. Cada nación conoce una amplia gama de estupideces hechas o dichas por políticos que demuestran su profunda ignorancia de la res publica. En el caso particular de México podríamos señalar una gran cantidad de estas tonterías que sólo nos hacen pensar en dos cosas: o la gente del gobierno es extremadamente tonta a pesar de sus múltiples diplomas en el extranjero o es exageradamente soberbia y no le interesa nada de lo que le sucede a la mayoría de la gente. Muy probablemente sean las dos cuestiones.

El retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder, el partido inventor de la dictadura perfecta como describió al régimen priista Mario Vargas Llosa, se dio de la mano de la propaganda de un nuevo PRI. Nada más alejado de eso. El gobierno del presidente Peña Nieto ha gobernado como lo hizo el PRI a lo largo de la historia: corrupción, impunidad y violencia. El gobierno fue puesto bajo la lupa porque el jefe del Ejecutivo, su secretario de Hacienda y su secretario de Gobernación recibían casas de lujo que provenían de una empresa constructora que había sido beneficiada con múltiples contratos gubernamentales. Un país que tiene en estos cuatro años de gobierno del PRI más de 94,000 muertos por violencia (a estas cifras de la ONU hay que agregar otros 120,000 del sexenio anterior) y alrededor de 30,000 desaparecidos. ¿Cómo reaccionó el gobierno? ¿Tomó nota de estos graves hechos? Sí, pero no para corregir sino para tratar de enterrar la verdad. La periodista Carmen Aristegui y su grupo de trabajo que dieron a conocer el escándalo de las propiedades del presidente y los secretarios fueron despedidos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que dio a conocer su Informe sobre la Situación de Derechos Humanos en México fue hostigada y desmentida públicamente por funcionarios y posteriormente asfixiada económicamente.

Las consecuencias de querer pretender ignorar la realidad fueron que en las elecciones intermedias el PRI fue el gran perdedor. La gente no ha votado por candidatos específicos sino en contra del partido en el poder. A pesar de la lectura política tan clara que dejaron dichas elecciones, el gobierno actual ha dado muestra de su incapacidad para entender lo que pasa no sólo en la política sino en el país y con la gente en general. A principios de este mes dio una muestra más, seguramente una de las más graves que se recuerden en mandatos previos. El presidente Peña Nieto, tuvo el desatino de invitar al candidato republicano Donald Trump a una conversación privada en México que cumplió con las formalidades para un jefe de Estado. Así, el candidato republicano que se ha ganado la enemistad mundial por sus discursos xenófobos y racistas, que ha insultado a las minorías de su propio país, y que en particular promueve un discurso de odio contra la comunidad latina avecindada en Estados Unidos fue recibido en México con la diplomacia y los símbolos del Estado. Esto dio la impresión general de un presidente pasivo y hasta sumiso a un personaje narcisista que día tras día le declara la guerra a medio mundo y particularmente a los mexicanos.

A un candidato presidencial que venía en un descenso claro en las encuestas se le brindó un tanque de oxígeno. Se le hizo ver presidenciable y lo que es peor, su discurso de odio y prepotencia adquirió credibilidad gracias al presidente mexicano. La visita ofendió a todos los mexicanos por igual, conservadores y liberales o de derecha y de izquierda. Algunos comentaristas de televisión y, por supuesto, los funcionarios que organizaron el encuentro hablaron de un nacionalismo trasnochado por parte de los mexicanos. Hay una respuesta más sencilla: dignidad. El gobierno demostró no tener la dignidad ni la entereza de defender a los mexicanos que han cruzado la frontera y el desierto, a las familias que se han separado porque el país fue incapaz de ofrecerles oportunidades de trabajo y salarios dignos (ya no hablemos de seguridad social); familias que están rotas ya que muchos migrantes nunca volvieron por carecer de papeles. Esos migrantes han evitado, con sus propios medios y esfuerzos, el derrumbe de las economías familiares gracias a las remesas que han enviado por décadas y que son, junto al petróleo y el turismo, la principal fuente de ingresos del país.

Y que no se piense que la ofensa es porque los mexicanos tenemos la piel muy sensible. Los propios estadounidenses tomaron nota de los hechos. La Embajada de Estados Unidos, siempre en contacto directo con las autoridades mexicanas, lo suspendió por varios días ante el desconcierto de una invitación que ellos ignoraban en un principio y que, por supuesto no aprobaban. El equipo de la candidata demócrata también interrumpió el contacto con la gente encargada de la política exterior. El gobierno mexicano, escaso en su visión, no se dio por enterado que se metió en la política doméstica del vecino, en tiempos electorales, y que además el acto simbolizó un espaldarazo al candidato opositor y que se encontraba en caída libre en las encuestas, aunque el acto con el presidente mexicano le valió subir en las encuestas casi 7 puntos. Tratando de remediar el entuerto, el gobierno mexicano se apresuró a decir que se tenía programada una entrevista similar con la candidata demócrata. Hillary Clinton, respondió que no, que ellos no se iban a reunir con el gobierno mexicano y que por supuesto no aprobaban la reunión con Trump. Tal vez, y sólo tal vez, ahí el gobierno comenzó a entender el tamaño de su error. Y no fue porque ofendió a la ciudadanía que dice representar sino porque molestó directamente a Washington.

Peña Nieto se encontró con Obama en China en una reunión del G20. A su regreso, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray quien fue quien organizó el encuentro con Trump renunció al gobierno. Esta “renuncia” ha sido un golpe fuerte al gobierno ya que Videgaray era la mano derecha de Peña Nieto y es a quien se le atribuye el diseño de las principales reformas estructurales de este gobierno (telecomunicaciones, energética, educativa). La estupidez con Trump fue de tal magnitud que tuvo que irse el segundo hombre en importancia en el gobierno. Así, el gobierno de Peña Nieto vive una verdadera crisis por sus propias tonterías y su índice de aprobación es el más bajo para un presidente en más de dos décadas. Mientras, la ciudadanía en general afronta un recorte presupuestal en salud, educación, cultura y cada rubro que vale la pena así como se espera una oleada de miles despedidos en la estructura gubernamental. ¿Crisis del gobierno? Sí, desafortunadamente también una crisis para los ciudadanos.