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Comentario político: Más allá del “lloriqueo” y la “denunciología”

No debemos soslayar que de un movimiento social de tanto arraigo popular como No+AFP por lo menos ha surgido una propuesta seria respecto de cómo sustituir el actual sistema previsional o de AFP, así como de otras organizaciones sindicales, que no sea la CUT, también es posible descubrir propuestas relativas a qué hacer con nuestro cobre y recursos naturales. O de cómo emprender la construcción de un modelo de crecimiento sustentable. O, por último, qué hacer con nuestras relaciones internacionales, cuando hoy somos mal visualizados por nuestros vecinos y la región latinoamericana.

Juan Pablo Cárdenas S.

  Miércoles 19 de julio 2017 8:49 hrs. 
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Leo en nuestro Diario Electrónico una interesante entrevista a Aram Aharonian, fundador de la cadena televisiva Telesur, destacado periodista uruguayo que plantea una descarnada crítica a los referentes y dirigentes de la izquierda en América Latina y del mundo. A la incapacidad de ésta de presentar propuesta y quedarse en lo que llama el “choriqueo” y la “denunciología”. Toda una práctica política que se ha mostrado experta en hacer certeros diagnósticos sobre los modelos socioeconómicos de la derecha o de los pseudo socialistas, pero que una vez en el poder suelen fracasar y frustrar tantas esperanzas.

No hay duda que el mundo le debe a la lucidez de muchos intelectuales vanguardistas el avance hacia sociedades más dignas e igualitarias. Acompañando, siempre,  a estas lúcidas críticas la lucha y el sacrificio de tantos miles de combatientes y mártires. Ciertamente que los fascismos y las dictaduras militares no se habrían superado sin el ejemplar testimonio de jóvenes y movimientos que murieron o arriesgaron su libertad e integridad en la lucha contra la opresión. Sin embargo, el triunfo de estas gestas suele al final ser administrado por otros, por los que llegan “oportunamente” a sumarse al triunfo y  resultan, como en el caso chileno, de una solución negociada con los opresores.

Es una comprobación histórica, por ejemplo, que los grandes combatientes de la revolución mexicana le cedieron a otros el poder recién conquistado por sus armas. Al contrario de lo que sucedió más tarde con la insurrección de Fidel Castro en Cuba, donde hasta hoy tenemos allí un gobierno respetado por su alto arraigo popular. Frustración es lo que se vivió en Brasil después de poderoso despunte político del partido y liderazgo de Lula, así como la Unidad Popular de Allende cayera estrepitosa y criminalmente solo a mil días de gobierno.

Ya es un hecho de la causa que los que llegaron a La Moneda después de Pinochet no fueron los que se lucharon en las calles y fueran brutalmente reprimidos por la Dictadura, sino aquellos que por largos años mantuvieron silencio o justificaron el Golpe Militar, como el propio Patricio Aylwin. Conformando rápidamente una entente de partidos y toda suerte de políticos recién aparecidos o que estaban retornando del exilio. Una agrupación transversal que excluyó, justamente, a los principales luchadores políticos y sociales… Fenómeno que no ocurriera, felizmente, en países como Sudáfrica donde llegó a la presidencia de la República un Nelson Mandela después de estar encarcelado por largos años.

Cuando ahora se le ocurre al abanderado de la Derecha levantar un museo de la memoria que dé cuenta del éxito de los gobiernos que sucedieron al de Pinochet, ello parece ser muy expresivo de que la mal llamada Transición a la democracia, fue en realidad tiempo de una larga posdictatura, delineada y  aceptada por la derecha comprometida con aquellos 17 años de gobierno militar y autoritario.

Casi dos décadas en que los sectores que sospechaban de la Concertación, el sistema electoral binominal y de la real disposición de los gobernantes a acometer una profundización democrática se han mantenido atomizados. O liderados por inconducentes caudillos, que en todas las elecciones han demostrado que existen, pero no tienen posibilidad alguna de acceder al poder, salvo cuando algunos líderes estudiantiles prefirieron incorporarse a los referentes tradicionales o negociar con éstos para acceder a la Cámara de Diputados y convertirse en una franca minoría en relación a las fuerzas hegemónicas que todavía dominan nuestro Legislativo.

Sin duda que en los últimos meses ha sido encomiable el esfuerzo por constituir la Izquierda Unida que, como tal, va a llegar a la papeleta presidencial después de sus primarias. Sin embargo, es justo reconocer que este referente pudo ser, desde el inicio, más inclusivo y convocar a otras expresiones políticas que nuevamente están empeñadas en participar por su cuenta en los próximos comicios presidenciales y parlamentarios. Ello podría provocar que, pese a su enorme descrédito, la segunda vuelta presidencial esté protagonizada por el expresidente Piñera y el candidato de la mayoría de los partidos de la Nueva Mayoría, cuando en realidad muy pocos apuestan a que la abanderada demócrata cristiana pueda sobrepasarlo en votos. Menos, todavía, que algún candidato lograra imponerse en la primera ronda con la mayoría absoluta. Aunque en materia electoral ningún pronóstico resulte muy certero.

Si bien la falta de propuesta y el descrédito actualmente en Chile afecta al conjunto de la política, y muy probablemente las cifras de la abstención de mantengan o crezcan, de todas maneras debemos consignar que  las expresiones de izquierda vuelven a plantear fundados diagnósticos respecto del fracaso del modelo neoliberal y de quienes son sus ejecutores, pero sin plantearse soluciones que puedan constituirse en banderas de lucha de la población y de los chilenos inconformes o indignados. Es indiscutible que el país no sabe con certeza qué se propondrían hacer en el gobierno o en el Parlamento los sectores progresistas más allá de ejercer aquella “denunciología” que anota el fundador de Telesur.

Sin embargo, no debemos soslayar que de un movimiento social de tanto arraigo popular como No+AFP por lo menos ha surgido una propuesta seria respecto de cómo sustituir el actual sistema previsional o de AFP, así como de otras organizaciones sindicales, que no sea la CUT, también es posible descubrir propuestas relativas a qué hacer con nuestro cobre y recursos naturales. O de cómo emprender la construcción de un modelo de crecimiento sustentable. O, por último, qué hacer con nuestras relaciones internacionales, cuando hoy somos mal visualizados por nuestros vecinos y la región latinoamericana.

Ello mismo no ha llevado a asegurar que es desde los propios movimientos sociales donde debe surgir un referente político que se proponga y tenga posibilidad de competir con éxito en los próximos desafíos electorales. En la confianza de que los ciudadanos siempre podrán apoyar una opción viable que no se quede en el “choriqueo” y solo la descalificación del presente. No en vano podría propiciarse un encuentro entre el Frente Amplio y otros sectores políticos del vanguardismo que buscara con No+APF y los sindicatos alternativos la definición conjunta de una opción realmente competitiva. En la seguridad que desde el propio oficialismo desmoralizado podrían sumarse muchos adeptos a un verdadero cambio.

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