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Luis Riveros: “Hemos salido decepcionados del debate político”

El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile realizó un agudo diagnóstico de la situación política actual. Las elecciones presidenciales, la educación pública y el rol de la Universidad de Chile en el devenir del país fueron algunos de los temas abordados.

Diario Uchile

  Viernes 29 de septiembre 2017 7:58 hrs. 
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En conversación con Juan Pablo Cárdenas, el profesor Luis Riveros, ex rector de la Universidad de Chile y Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, hizo un repaso por los temas que han marcado la agenda pública en las últimas semanas.

El rol que asumirá la masonería en los procesos electorales que se avecinan, las deudas del gobierno de Michelle Bachelet con la educación pública y la necesidad de tener una “mirada más trascendente” que permita proyectar el país en el mediano y largo plazo, fueron algunos de los aspectos clave de esta entrevista.

En las semanas anteriores las iglesias han manifestado sus puntos de vista respecto de los denominados temas valóricos. La Masonería representa un ámbito espiritual e intelectual que en un proceso como el que estamos viviendo no pasa inadvertido. ¿Existen candidatos presidenciales o parlamentarios que puedan representar el pensamiento de la masonería? 

La masonería es una institución muy diversa. Hay gente de izquierda, de derecha, del centro. Hay distintas miradas, con distintos posicionamientos del punto de vista profesional o productivo. Hay empresarios y empleados y personas de distintas iglesias: católicos, protestantes, judíos, musulmanes. También agnósticos.

En relación a lo que se está opinando, yo diría que esta diversidad hace que la masonería sea una muestra muy representativa del país. Probablemente el nivel de estudios y reflexión en la masonería es mayor que el promedio del país porque hay una selección y una preparación, pero creo que hay una diversidad.

Muchas veces se piensa que en la masonería son todos “come curas”, o todos radicales o socialistas, cuando la verdad es que hay una enorme diversidad y muchas veces uno se siente muy sorprendido. Incluso hay una logia parlamentaria en la cual están los parlamentarios que pertenecen a la masonería y los hay de todas las bancadas.

¿Hay masones UDI?

Si claro. Tienen una mirada común con la necesidad de que tengamos un estado laico, que separemos temas y eso es algo que atrae a mucha gente. Hay personas de una derecha muy católica que cree que el catolicismo no tiene que meterse en estas cosas de los debates políticos.

Hay instituciones que dicen que no deliberan, pero sabemos que lo hacen. La masonería si delibera y me consta por haber participado de muchas acciones y actos convocados por el presidente, justamente para tratar los grandes temas del país, como la necesidad de una nueva Constitución. ¿Cómo están viendo en estas deliberaciones el futuro en la política?

En la Masonería existe una enorme desazón. Hay 235 logias de Arica a Punta Arenas, en las cuales se entrecruza todo este ambiente político, religioso, valórico, regional.

Este sentimiento de desazón es primero con el Gobierno. La Masonería aspiraba a que tomaran las riendas en materia de educación pública y no se hizo. Se fueron en otras líneas, en otras cosas que son completamente debatibles en mi opinión, por lo que hay un sentimiento de profundo desaliento.

Una segunda desazón es con la política. Hay una opinión transversal de que la política no está a la altura de lo que el país necesita, con perspectiva de largo plazo. Eso incluye naturalmente a muchos políticos que son masones pero que como políticos han estado en esta actividad que es poco trascendente, poco influyente, poco opinante, con pocas ideas.

Entonces esto lleva a ese sentimiento que prevalece en el país. Un sentimiento de incomodidad por los días que estamos viviendo. Por eso yo creo que en el país existe este desaliento, por lo que nos está ocurriendo, en que pasa a ser más importante si le encontraron una boleta a uno o si otro declaró o no declaró impuestos hace no sé cuántos años.

Esos pasan a ser los temas y no las cosas que debieran importarle al país. Las encuestas lo dicen muy claro: la gente quiere que se atienda el tema de salud, educación y seguridad. El asunto es que las discusiones sobre esas materias quedan en líneas muy generales y algunos tratan de ideologizarlo, pero es un debate que en realidad no lleva a ninguna propuesta.

¿Cuáles son las propuestas de la Masonería?

Hicimos un llamado al que acudieron alrededor de 240 distinguidos profesionales. Organizados en 24 grupos hicieron una propuesta al país que se presentó el día de ayer en Concepción. Se llama “La masonería piensa Chile” y ahí hay propuestas transversales.

Por ejemplo, dice que el Estado subsidiario tiene que ser enriquecido con un Estado solidario, pero no se trata de sustituir uno por otro. También tiene una propuesta que dice que el Congreso tiene que despachar una nueva Constitución, pero una asamblea constituyente debe ser parte de los insumos que recoja el Congreso para esa tarea. Ahí hay una serie de propuestas en los temas sociales y sectoriales que yo creo que es importante que se recoja.

Lo que vamos a hacer ahora es entregárselo a los candidatos presidenciales, en la esperanza de que eso se tome y se considere un insumo, porque de lo que se trata es de una propuesta nacional, trascendente, de estas miradas que tienen bordes específicos con una mirada un poquito más transversal sobre varios de estos temas.

Pero bien precisa por los dos ejemplos que nos da. Plantear una solución constitucional así como la has definido es bastante decir, mucho más allá de lo que dicen políticos interesados en el tema. Hablar de modificar la estructura del estado subsidiario y complementarlo con un estado solidario es bien importante también pero no se dice que el estado con los recursos millonarios que tiene como reserva podría hacer lo que hicieron precisamente los gobiernos radicales y masones que es fomentar empresas en este país que den trabajo y puedan estimular la economía. 

Nosotros también tenemos el punto de vista de que el régimen de gobierno debe ser semi presidencial, o sea, que el país debiese tener el régimen de un Presidente con un primer ministro designado por el Congreso y que el presidente tenga también el poder de disolución del Congreso.

Eso funciona en muchos países y nosotros podríamos avanzar hacia eso que soluciona un problema endémico de la política chilena. Nosotros fuimos presidencialistas durante gran parte del siglo XIX y terminamos con una enorme crisis. Fuimos parlamentaristas durante gran parte del siglo XX y terminamos en una crisis. Hoy día tenemos este presidencialismo que también ha desatado todo tipo de conflictos institucionales. Además, también creemos que el Estado necesita reestructurarse. Esto de seguir haciendo crecer al Estado en cuestiones poco sustantivas y sin entregarle instrumentos para que tenga iniciativa productiva, porque don Pedro Aguirre Cerda no habría podido hacer lo que hizo con la Constitución ahora vigente.

El llamado es que tenemos que empezar a avanzar como país. Yo creo que se ha disuelto ese sentimiento de unidad nacional que es tan importante para caminar hacia un futuro. Parece que cuando uno escucha distintos representantes políticos, viviésemos en países distintos, con diferentes objetivos y propósitos. Yo creo que el esfuerzo por provocar una unidad en torno a cierto objetivo y trascender esta cuestión de los cuatro años, que yo diría es una cuestión mortal para la sociedad chilena. Cada cuatro años reinventamos el país. El señor Piñera dice que va a echar para atrás muchas de las cosas que se hicieron malas o buenas en los últimos cuatro años. Pero un país no puede progresar así.

Es necesario tener una mirada un poquito más trascendente. Yo creo que no es tan difícil que nos pongamos de acuerdo en donde queremos estar en las materias más claves para el país, en la institucionalidad de aquí a 12 años.

En esta controversia muchos han reconocido que estamos ante una crisis política, pero además,  en una crisis institucional porque hablamos de presidencialismo pero el organismo rector del Estado es el Tribunal Constitucional y no el Presidente de la República. En vista a la presidencial que viene, me imagino que esta declaración no opta por ninguno de los candidatos, pero mucho se dice en la opinión pública que hay un candidato masón, Alejandro Guillier. ¿Qué juicio le merece esa advertencia?

Hay dos candidatos masones, porque Alejandro Navarro también es masón, de manera que hay dos vertientes bien distintas en sus posiciones políticas.

Ellos no representan a la masonería. Al interior hay mucha diversidad. Así como hay muchos masones que apoyan a Beatriz Sánchez, muchos otros que apoyan a Piñera. Son distintas miradas y apreciaciones políticas. Ellos son miembros de la masonería, pero ello no los hace ser los candidatos de la masonería.

Usted ha dicho que un tema importante para la masonería es la educación. Todos estamos conscientes de las grandes movilizaciones de estudiantes secundarios y universitarios abogando por una reforma educacional. Se estimó, y en eso tiene usted razón, que este Gobierno iba a realizar estas reformas. El rector Pérez que estuvo en rectoría la Universidad después de usted, dice que se partió la reforma al revés, que debió iniciarse por los niños y no por los universitarios. ¿Qué opinión tiene usted al respecto?

Yo creo que el balance es malo. Que no se acometieron las cuestiones fundamentales. Estoy de acuerdo con Víctor Pérez; esto debió haber partido por la educación preescolar y poner un gran énfasis en el tema de la educación pública media, en la educación municipalizada.

Creo que el camino de desmunicipalizar está bien, pero no constituye una solución para la situación estructural. Yo he visto por ejemplo el caso del Instituto Nacional y lo único que veo ahí en los últimos años es decadencia y eso me duele en el alma porque representa la situación de la totalidad de los colegios públicos del país.

No se ha puesto el énfasis tampoco en las universidades porque en realidad esto de la gratuidad es algo que no sustituye los temas fundamentales del desarrollo universitario. Cuando se presentan estos proyectos de ley sobre universidades que han desatado críticas, más que nada es porque se ha abordado mal y se le ha devuelto a las instituciones públicas estatales, el rango y la trascendencia que debiesen tener en el sistema.

¿Cuál es el balance de lo que ha hecho el Gobierno en esta materia?

Mi evaluación de los resultados de esto es mala. Yo creo que el ministro Eyzaguirre se equivocó profundamente con esta idea de quitarle los patines a uno para poder igualarse con lo otro, cuando yo creo que el tema era ponerle patines a todos. Eso significaba darle un reimpulso a la educación pública porque a mí me apena la situación en que se encuentra y más allá de eso, me apena la situación de la educación en general.

El resultado Simce del día de ayer que muestra los enormes déficit de nuestros estudiantes, de los niños y jóvenes para redactar un texto simple, muestran que tenemos una educación que simplemente no da el ancho. Es una educación que pone mucho énfasis en los servicios y que las escuelas estén bien adornadas y limpias, que hayan buenos servicios de todo tipo, pero en términos de la calidad de lo que se está haciendo, de lo que egresa de ahí, de lo que se hace en la sala de clases, creo que este Gobierno no ha hecho un esfuerzo trascendente que es el salto que esperábamos que se hubiese dado.

Hoy día tenemos una educación pública más debilitada y una educación que en general no tiene mejores resultados.

Aquí se descuidaron aspectos fundamentales. En el tema de la desmunicipalización, yo insistí que el asunto no era excluir a las municipalidades sino que lograr una asociación distinta de los nuevos entes rectores de la educación, pero se partió de una definición distinta. No era o las municipalidades o estos nuevos entes. Había que configurar porque ciertamente en muchos lugares del país las municipalidades han hecho un excelente trabajo en materia de educación. No son un desastre generalizado.

Entonces creo que los temas de diseño han fallado y creo que han fallado también en otros sectores importantes. En salud evidentemente las fallas son mayores y la gente lo resiente porque para un país como este que alegamos tener 20 mil y tantos dólares per cápita, que gente se muera en las colas en los servicios públicos de salud me parece que es una insensatez.

Claro y con una Presidenta que pertenece al ámbito de la salud y que lo conoce porque fue ministra de Salud. Ni siquiera se van a completar la cantidad de establecimientos hospitalarios que se prometieron para este Gobierno. Es un tema también el de la salud.

Claro, es una insensatez.

Volviendo a la educación… ¿Cuál es el balance que usted hace de la Universidad de Chile? ¿Qué piensa de lo que ha pasado en materia de universidades?

En este punto uno tiene dos visiones. El primero es que la universidad ha estado figurando muy bien en los rankings internacionales. Lo que es un indicador del arrastre que tiene la universidad porque lo que se evalúa hoy día es el trabajo de evaluación o de creación que se hizo hace 4 o 5 años atrás.

A mí me preocupa un poco el tema del desarrollo de la universidad. Creo que en ese sentido se ha perdido fuerza, sentido de integración. Veo a las facultades cada vez más como islas, como era antes. La veo sin proyecto universitario, sin un plan de desarrollo sustantivo como aquel que elaboró el Senado por ahí por el año 2006 o 2008, que tenía una mirada y un cierto norte.

Yo creo que la universidad debe tener un sentido de liderazgo para lograr esta confluencia de distintas visiones en una visión de Universidad de Chile que diga a donde queremos estar en 10 años más. A mí no me gustaría verla en decadencia.

Ciertamente ahora no está en decadencia, pero todos sus problemas estructurales, sus problemas financieros, que los tiene y los ha arrastrado siempre como el caso del Hospital Clínico, son factores que la detienen en este ánimo de desarrollarse integralmente.

¿No tiene usted alguna sospecha al respecto? ¿De que exista algún integrante de la política o el Gobierno que no quiere que la Universidad de Chile mantenga el rol histórico que ejerce?

Sin ninguna duda, eso ha existido siempre. Curiosamente, y en eso también concuerdo con Víctor Pérez, una de las cosas que se logró en el anterior gobierno de Piñera fue el aumento sistemático del 5 por ciento al año del aporte fiscal directo. Cuando uno mira los números, ese aporte fue decreciendo y que si hubiese continuado durante el periodo que se había pactado, que eran 10 años, habría sido un incremento fundamental en los recursos para la universidad.

Este Gobierno detuvo eso y fue denunciado por Víctor Pérez. Yo creo que existen tanto los enemigos ideológicos de la universidad que no le gusta esto de lo público, estatal, laico, etc. y también aquellos otros que ven a la universidad como un peligro, como una amenaza porque la Universidad de Chile es naturalmente un poder opinante muy importante y bien conducida es una amenaza para cualquier ministro de Educación, del Interior, o cualquier Presidente de la República.

Una Universidad de Chile ahí al frente, no haciendo estas cosas intrascendentes de salir a gritar a la calle un poquito, sino que haciendo planteamientos de fondo respecto de lo que se habría esperado y que no se ha cometido en las distintas administraciones.

Por lo tanto están estos dos tipos de enemigos. Uno, los enemigos declarados, ideológicos, de principios. Y otros son aquellos que tienen cara de amigos pero que en definitiva no les gusta esto de tener una universidad critica. Yo también viví mucho eso cuando fui rector. No gustaba esto de la universidad crítica y hubo amigos de la universidad, egresados de la universidad muy distinguidos que propugnaban que a la universidad había que cortarle los recursos para que fuera más eficiente.

Por estas razones, tener una visión de una universidad integrada, con norte y con una posición clara respecto a sus objetivos y desarrollo es fundamental para moverse en este esquema que es un poquito ingrato y muchas veces agresivo en contra de la universidad.

¿Usted observa algún riesgo respecto de los próximos comicios presidenciales? ¿De que -como algunos piensan-, que se altere la institucionalidad? Hay quienes han hablado de que podríamos enfrentar una nueva ruptura institucional por las contradicciones que hay en la sociedad chilena, por este tema mapuche que no quiero dejarlo fuera de esta conversación…

Yo creo que no es un proceso tranquilo, pero no veo las posibilidades reales de una ruptura institucional de esa magnitud. Francamente yo no veo que eso tenga caja de resonancia efectivamente en ningún sector relevante.

El tema mapuche se ha manejado muy mal desde hace muchos años y por cierto hoy día está explotando por todos lados y se tratan de parchar situaciones.

Pero yo creo que eso no va a afectar decididamente las elecciones. Yo espero que seamos capaces de tener una visión de país para enfrentar ese problema adecuadamente, porque a mí me parece que distinguir efectivamente entre el pueblo mapuche y estos grupos que tienen acción política y militar, evidentemente que estamos hablando de cosas muy distintas. Pero no hemos abordado ni lo uno ni lo otro correctamente.

Hace algunos días, escribía haciendo memoria sobre lo que fue esa contienda republicana entre Jorge Alessandri, Salvador Allende y Radomiro Tomic. En esa oportunidad a los programas de gobierno incluso se les daba el apelativo de “proyectos históricos”. Había ahí tres visiones distintas y contundentes de país.

Triunfó Allende, vino la crisis institucional, pero estábamos en un momento particular de la política en que había cuestiones por las cuales luchar. ¿No tiene usted la impresión de que quien quiera que resulte elegido como Presidente de la República no tendría mucho que cambiar el país? ¿Que no hay nadie que esté planteando un modelo económico realmente nuevo? ¿Una reforma constitucional profunda? ¿Una solución al conflicto mapuche? ¿O algo distinto a correr el riesgo de seguir en lo mismo pero con distintos rostros en La Moneda?

Bueno yo concuerdo con eso. Creo que no hay visión. He visto entrevistas a candidatos presidenciales que son simplemente vergonzosas. Muchos de ellos no darían ni para candidato a presidente de un centro de alumnos.

Siento que no hay esa visión y esa voluntad. Efectivamente en esos años había debate político y por cierto que cuando esto ocurre hay más posibilidades de lograr entendimiento sobre ciertas líneas fundamentales sobre el desarrollo del país. Yo creo que quien quiera que sea electo no hay una visión de país. No hay un ánimo que preguntarse qué es lo que queremos lograr, en qué plazos y cómo. Esto se traduce en una reyerta más bien que en un debate, con acusaciones y tonterías de todo tipo, pero que mantienen a la gente alejada de la política.

Lo que podría causar un aumento de la abstención y el riesgo de la democracia misma…

¡Así es! Desde ese punto de vista es muy seria y no ha sido acometida con la responsabilidad que uno esperaría de figuras políticas que pretenden ocupar la primera magistratura del país.

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