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Año XIV, 29 de septiembre de 2022

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La “U” de Hoyos: Fin de la historia

La contundente y humillante derrota de la Universidad de Chile contra el Cruzeiro de Brasil sentenció definitivamente la salida de Ángel Guillermo Hoyos de la dirección técnica del equipo. Tras el partido y tras rápidas conversaciones con algunos dirigentes, el presidente Carlos Heller informó, aún encontrándose en el extranjero, que el entrenador dejaba de trabajar en el primer equipo de la U.

Francisco Cárdenas

  Viernes 27 de abril 2018 17:45 hrs. 
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En resumidas cuentas el clásico perdido contra Colo Colo, la goleada propinada por Unión La Calera y el fatídico 7-0 en la Copa Libertadores terminaron por agotar a la dirigencia y desencantar a la hinchada. Un proceso que queda trunco pero que al mismo tiempo, ya nadie podía seguir defendiendo. Y que tres resultados negativos hayan terminado marcado la despedida no resulta casual. La U desde hace tiempo no jugaba bien. Podía ganar partidos y marcar diferencias en base a sus individualidades y su amplio plantel, pero el juego asociado, la propuesta estética detrás del trabajo y el funcionamiento colectivo general siempre fueron de poco a malo. El equipo desde hace mucho no brilla. Ganaba, hacía buenos partidos pero nunca era extremadamente superior o contundente. Quizá hubo mejores instantes del equipo en la cancha pero definitivamente ningún hincha estaba plenamente feliz con la forma de jugar. Incluso siendo campeones hubo voces críticas e inconformes.

La defensa, ya sea con línea de cuatro o de tres, siempre pareció tambalear ante la velocidad rival. Ausencia de mecanismos de marca asociada y deficiencias físicas y técnicas individuales fueron los errores más comunes. La U atacaba con mucha gente pero los retrocesos eran lentos y el cambio de faceta siempre dejaba mal parado al equipo en algún sector. La defensa estaba lejos de los delanteros y siendo un equipo tan largo los de arriba se agotaban rápido tratando de presionar y ahogar al rival. El “sistema” se sustentaba finalmente en los rendimientos físicos y técnicos individuales destacados y eso es muy poco para un equipo como la U.

Desde hace tiempo el trabajo defensivo de los azules estaba lejos de ser ideal y había sido duramente cuestionado. Los rendimientos individuales tan bajos, particularmente Gonzalo Jara, Matías Rodríguez  y Christian Vílchez delatan una mala preparación y una deuda imperdonable para cualquier entrenador. Si tus jugadores dejan de ser tan buenos (porque lo son) muestran falta de compromiso, parecen confundidos con la propuesta y finalmente pierden contra cualquiera de forma estrepitosa, entonces el trabajo del preparador está siendo derechamente malo. Pero no sólo atrás estaba el problema, arriba y en medio tampoco era tan diferente el asunto. Había momentos buenos de Ángelo Araos, Yeferson Soteldo, Mauricio Pinilla y Nicolás Guerra. Habían instantes y hasta partidos notables de Lorenzo Reyes, Jean Beausejour y David Pizarro pero nada era sostenido en el tiempo y durante muchos pasajes de los partidos parecía un equipo confundido que no tenía herramientas planificadas para responder a las dificultades.

En ese sentido, llevar a los jugadores a su máxima expresión futbolística, acompañar su talento con entrenamiento profesional y otorgar las herramientas colectivas para la idea de juego son responsabilidades exclusivas del entrenador y su cuerpo técnico. Si todo eso falla entonces uno tiene todo el derecho de cuestionar la calidad del método elegido y la capacidad del equipo de trabajo también. Por otra parte la falta de autocritica y la ausencia de análisis táctico hacían imposible hablar de fútbol con Hoyos. En buenos tiempos, las conferencias eran una oda a la alegría, una sonrisa de oreja a oreja plagada de chistes y amabilidad. En los malos, justificaciones, frases religiosas, carencia de humildad y bien poco de fútbol. A muchos ya nos tenía cansado el discurso bíblico y toda esa venta de ilusiones no avalada por el rendimiento. La Universidad de Chile representa a la mayor institución educativa laica de nuestro país y llevar ese nombre conlleva responsabilidades y compromisos ineludibles que algunas veces Azul Azul ha omitido u olvidado.

Al final, en el fútbol es claro que si uno trabaja bien no hay forma de que no se note. Puede ser que los resultados no acompañen pero la estructura, la forma de jugar, el planteamiento, la entrega de los jugadores y la idea detrás de la búsqueda se deben reconocer. Y ahí estuvo precisamente el problema, porque ya nadie reconocía fácilmente a que jugaba la U. Y eso es imperdonable porque este equipo posee el mejor y más vasto plantel de Chile. Tiene jugadores de primer nivel y de gran experiencia. Jugadores que han sido exitosos en otros clubes y que han ganado cosas importantes. Además posee futbolistas jóvenes de innegable talento, entonces no se podía entender ni aceptar más esta mediocre propuesta. La U debe ser un equipo que proponga y que salga a ganar en todos lados. Otra cosa sería puro conformismo.

Y si bien el cambio de mando se produce justo a tiempo, porque la U mantiene todavía posibilidades intactas en ambos torneos, se viene un proceso complejo de reemplazo y acomodo a los cambios. Ahora será fundamental que los directivos hagan un correcto análisis, vean y escuchen propuestas serias y decidan por el mejor entrenador. Ángel Guillermo Hoyos ya no es el director técnico de la Universidad de Chile. Fin de la historia y “vuelta de página”. Comienza, hoy mismo, un nuevo desafío para el Club, los jugadores y sus seguidores.

 

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