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Yaritza Véliz: “A los chicos de mi edad casi no les interesa ir a una ópera”

Antes de dejar Chile y debutar en el Royal Opera House de Londres, la soprano habla de sus inicios, su afición a otros géneros musicales, la falta de público joven y las condiciones en las que trabajan los cantantes líricos: “Estamos súper abandonados y nadie lo sabe”, dice.

Rodrigo Alarcón L.

  Lunes 16 de julio 2018 9:37 hrs. 
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Tenía que cantar dos arias. Si lo hacía bien, podía entrar a un exclusivo programa para jóvenes cantantes del Royal Opera House (ROH) de Londres. Estaba en uno de los escenarios más importantes del mundo y tenía que probar su capacidad vocal ante un jurado encabezado por Antonio Pappano, director musical del teatro hace 16 años. Una de las piezas la escogía ella, la otra la elegía el jurado.

Yaritza Véliz eligió y cantó “Oh quante volte”, un aria de Capuletos y montescos de Vincenzo Bellini. “Y lo único que quería era que no me pidieran el aria de Susana, porque no había vocalizado los graves, nada”, recuerda. Lo primero que le pidió Pappano, justamente, fue esa esa melodía de Las bodas de Fígaro de Mozart, así que no le quedó más opción: “Tuve que cantarla no más. Parece que no salió tan mal”, relata.

No salió nada mal. Ese mismo día, desde el ROH le avisaron que era una de las cinco seleccionadas, entre unos 400 postulantes de 59 países, para formar parte del Jette Parker Young Artists, un programa que a partir de septiembre la tendrá estudiando y trabajando en la capital británica. No solo será la primera chilena ahí, sino también la primera latinoamericana. He pasado por todas las sensaciones. Entro en pánico y me da mucha angustia, porque soy muy apegada a mi familia, entonces irme me da un miedo terrible, pero también estoy contenta. Todavía no aterrizo”, dice.

Yaritza Véliz tendrá su debut en Covent Garden en noviembre, haciendo el rol de Frasquita en la ópera Carmen de Bizet. En junio de 2019 cantará la Barbarina de Las bodas de Fígaro, de Mozart, mientras que en febrero será cover en Cosi fan tutte. Es decir, debe estar preparada para saltar al escenario si es que la soprano que interpretará a Fiordiligi tiene algún inconveniente.

Además, el programa contempla que sus participantes hagan conciertos en diferentes lugares de Londres. Todo ya está calendarizado, pero todavía en Santiago, a Yaritza Véliz le cuesta asumirlo: “Yo siento que tiene el mismo valor que el Municipal de Santiago. Si bien es un teatro grande, uno de los más importantes del mundo, no desmerezco el Municipal. Mi base y todo lo que me llevo en el cuerpo es de ahí. El cantante se hace en las tablas”.

Las tablas del Municipal han sido un lugar especial para Yaritza Véliz, nacida hace 27 años en Coquimbo. Acaba de despedirse de la sala de calle Agustinas cantando el rol de Magalena en la ópera El Cristo de Elqui, de Miguel Farías, poniendo en pausa una trayectoria donde registra roles en óperas como El turco en Italia, Tancredi, Don Giovanni y La bohème, entre muchas otras.

Muchos años antes, cuando apenas era una niña, el tenor Tito Beltrán la escuchó en la fiesta de la Virgen de Andacollo y la invitó a cantar con él esa misma noche. Luego fue becada por la Corporación de Amigos del Municipal, que la apoya hasta hoy, y eso le permitió no solo cantar en el coro de su colegio en Tierras Blancas, sino también viajar a Santiago para tomar clases particulares y luego entrar a la Universidad de Chile, donde se formó con Carmen Luisa Letelier.

¿Cómo empezó a cantar? Al responder, Yaritza Véliz recuerda a su madre: “Ella era asistente de párvulos cuando yo era chica y me estimulaba mucho con el canto. Tengo un recuerdo, cuando tenía como nueve o diez años, y le dio con una canción de Andrea Bocelli, el ‘Vivo por ella’. Me tenía sentada escuchando la cuestión y sacando la letra para que me la aprendiera de memoria”, dice entre risas.

“Me gustaba mucho cantar. En kinder cantaba para los actos del colegio. Me gané un concurso en el Santa Isabel, el supermercado, donde estaban los de Telefónica, del 188… imagínate, hace años. No me daba vergüenza, porque me gustaba. Me puse a cantar una canción y me regalaron un peluche que hasta el día de hoy está en mi casa”.

¿Esos ositos del 188?

Esos mismos.

Fue tu primer logro en la música.

Claro, mi primer premio. Tenía cinco años. Después en el colegio hacían aniversarios, todos podían salir a cantar y yo me colgaba del micrófono y no lo soltaba. Así me escuchó mi profe de música, habló con mi papá y me metió en el coro.

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Yaritza Véliz se ha acostumbrado a ganar concursos. Además del ROH (y los peluches), en 2014 fue la primera ganadora del concurso Mujeres en la Música, organizado por el capítulo chileno del National Museum of Women in the Arts. Esta misma semana también fue anunciada como una de las finalistas del París Opera Competition, que se realizará en enero en el Teatro de los Campos Elíseos.

Sin embargo, dice, convertirse en una estrella internacional no le obsesiona. “Más importante que ser ‘famosa’, para mí también es importante la familia. Soy muy apegada a mis papás, mi abuela, mi hermano, mi pareja, y es difícil dejar todo de un día para otro. De aquí a dos años no sé qué va a pasar, no sé si pueden salir cosas geniales o puede que termine en la Royal y no haya nada más”, explica.

“Lo ideal sería hacer lo que hace Evelyn Ramírez, que es una gran cantante y muchos se preguntan por qué no se ha ido. Ella tiene una carrera internacional, canta en el extranjero, pero vive acá. Si ya no pudiera vivir en Chile, me gustaría venir lo más seguido posible, porque para mí también son importantes mis raíces, mis comidas, todo”.

Y los músicos que hacen carrera internacional viven entre aviones y hoteles…

Es triste, en cierto sentido. Depende cómo uno lo quiera tomar. Si bien mi carrera es muy importante, también lo es hacer familia en algún momento. No quiero que mi vida sea totalmente para la música. Yo amo el canto, pero no soy como muchas cantantes que dicen que su vida es la música. Mi vida no es la música; la música es parte de mi vida, pero también es mi familia, mis mascotas, todo. Siento que si en algún momento esto se cae, tengo otras cosas que me van a llenar. No me vuelve loca hacer una carrera internacional, también quiero que mi carrera sea una herramienta para, por ejemplo, poner una escuela en Coquimbo.

¿Una escuela de música?

Sí, pero me gustaría hacer algo con niños que están en el Sename o en distintos hogares. Yo trabajé con niños de una escuela en Puente Alto y las tías me decían que eran terribles, pero lo único que necesitaban era cariño y que alguien los escuchara. El coro que formé ahí fue bonito y creo que se puede hacer algo en Coquimbo, que es un semillero de músicos.

¿Se escuchaba ópera o música clásica en tu casa?

Nada, se escuchaba cualquier cosa (se ríe). A mi papá le gusta Antonio Ríos, mi mamá escuchaba música romántica.

¿Te acuerdas de la primera vez que viste ópera?

Fue Carmen, el 2012. Había un convenio entre la Chile y el Municipal para que fuéramos a los ensayos previos y ver cómo se montaba. Nunca me voy a olvidar que la segunda fue Atila, también en el teatro. Yo quedé pa’ dentro, porque tiraban un mono como de trapo, ahorcado, y me daba mucha risa.

¿Qué otra música escuchas?

De todo. Me gustan mucho Los Viking 5, ¡soy súper coquimbana!

Y Coquimbo es cuna de música tropical.

Sí, Los Viking 5 son los reyes, es obvio que allá los escuchas. Vas a La Pampilla y tienes su música.

¿Vas a La Pampilla?

Todos los años. Los 19 (de septiembre), es sagrado, con mi abuelita y mi mamá, a cachurear. Este año me lo voy a perder, eso sí que es dolor.

¿Qué otra música escuchas?

También me gusta el reggae. Mi pololo es fanático de los Beatles, entonces ahora los escucho, igual que a los Beach Boys. Me encanta Joni Mitchell.

La última Encuesta de Participación Cultural dice que el 84,6 por ciento de las personas nunca ha ido a la ópera y que solo el 1,9 por ciento fue en el último año. ¿Qué pensaste cuando viste esos números?

Es muy triste, porque la música clásica va cayendo. Si el Gobierno no se pone las pilas para invertir un poco más en cultura… porque cultura no es poner el pato que pusieron en Quinta Normal, cultura empieza porque los niños chicos quieran esto. Ellos son la base de la sociedad. Tampoco se puede decir que no hay interés, porque la gente va cuando se hacen conciertos gratuitos. Yo vine al último concierto que hizo la Filarmónica en la Iglesia de la Merced y la iglesia estaba llena, con gente parada.

Para ti es particularmente importante el tema en regiones, ¿no?

Sí, mi región todavía no tiene el teatro que se ha prometido hace diez años. Había un teatro maravilloso y lo botaron para hacer un estacionamiento. ¡¿Cómo?! Ahora están tratando de hacer el Teatro Municipal de La Serena, pero se la llevan con que no hay recursos… Parece que no están las ganas de hacer algo. Siento que la cultura es lo último en lo que se piensa en Chile.

¿Esas cifras se explican solo por la falta de inversión?

También por el interés de las personas. El público más joven es el que más se ha ido. Siento que a los chicos que tienen mi edad casi no les interesa ir a una ópera, les aburre ir a un concierto de música clásica, pero a los niños se les cultiva. Si le enseñas a un niño sobre los instrumentos, sobre el canto, lo capta. Pasa por una cuestión de enseñanza, para que cuando sean más grandes puedan elegir entre un concierto de J Balvin y uno de la Filarmónica de Santiago, que puedan decidir si van a uno u otro.

Nada contra J Balvin, pero además esos conciertos pueden ser incluso más caros.

Pero hay gente que lo paga, entonces no va tanto por lo económico, sino por la falta de espacios. Si hubieran más proyectos de música clásica u ópera, la gente tendría más opciones. Si solo tenemos un teatro de ópera y los abonados toman las más baratas, luego quedan las entradas de 120 mil pesos y hay personas que no lo van a pagar.

¿Qué te pareció lo que ocurrió con la Ley de Artes Escénicas?

Tiene mucho que ver con lo anterior. Hoy tenemos solo el Municipal como teatro principal y tenemos trabajo para actores, vestuaristas, tramoyas, técnicos, iluminadores, cantantes, bailarines… pueden ser cientos de personas. Los actores igual tienen razón en estar enojados, porque no nos pusimos las pilas antes para apoyarlos, pero ahora nos estamos organizando, porque los cantantes líricos no tenemos un gremio. Estamos súper abandonados y nadie lo sabe, nadie lo entiende. Todos estamos sin cobertura de salud, a menos que te la pagues solo. Trabajamos a honorarios, trabajamos un mes y medio en una producción y se nos paga por función. Si te enfermas en la primera función, no te pagan nada porque el contrato es por función. Función cantada, función pagada. Así es el trabajo en todos los teatros.

¿Cuál es tu papel soñado?

Tengo varios, pero uno sería la Sophie de Der Rosenkavalier y otro es Mimi de La Bohème. En algún momento dije que quería hacer la Musetta y al año siguiente lo hice dos veces, en La Plata y en Santiago. Mimí me gustaría, pero quizás todavía no estoy preparada y necesito unos años más. Para mí, Puccini es lo máximo.

¿Y cuál ha sido tu favorito hasta ahora?

Clorinda de La Cenerentola, me veía horrible (dice riendo). Es muy difícil hacer el ridículo, uno siempre tiene miedo a sentirse fea en el escenario, pero lo pasamos muy bien. Yo tengo un gran amigo que es Sergio Gallardo, creo que es el mejor barítono que tenemos en Chile, y nos reímos todo el rato. Lo pasé muy bien y eso que me esguincé un pie en un intermedio, justo para el estreno. Se me hizo una pelota en el pie y no tenía cover, estaba desesperada, así que me vendaron todo lo que pudieron y usé la cojera a mi favor en el personaje. Al final todas las funciones las hice con una bota, una bota rossiniana le decían (se ríe otra vez).  

Uno habría pensado que una soprano elegiría un rol donde no hace el ridículo…

Es que lo pasé muy bien y sentí que podía dar mucho actoralmente. El segundo que más me ha gustado ha sido Magalena (El Cristo de Elqui), que me costó porque me costó abordar ese lado sexy, me sentía muy expuesta con el vestuario. Era difícil, pero cuando ya te paras en la primera función, te sueltas. Aparte, poder compartir con el compositor (Miguel Farías) es muy diferente. Más encima, se dio por streaming y mi familia me pudo ver por ahí. No son mucho de viajar, pero mi papá justo vino un día en que tenía el ensayo “a la italiana” y pudo verme, grabar, nos sacamos una foto en el teatro… hizo todo lo que podía hacer. Despedirme así del teatro fue súper emotivo.