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Los dos 5 de octubre de Mónica Echeverría

Mientras que el 5 de octubre de 1974, la escritora Mónica Echeverría se enteraba del asesinato de Miguel Enríquez; el 5 de octubre de 1988, vivía una situación completamente diferente: el triunfo del NO. Hoy, a 30 años de esa victoria, recuerda: “Surgió la esperanza de un cambio que todavía no se produce en su totalidad”.

Abril Becerra

  Miércoles 3 de octubre 2018 17:19 hrs. 
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Han pasado 30 años desde el triunfo del NO y 44 años desde que Miguel Enríquez, secretario general del MIR, fuera asesinado, precisamente, un 5 de octubre de 1974. No obstante, pese al  tiempo transcurrido, Mónica Echeverría Yáñez (98) tiene viva la memoria: recuerda con facilidad el terror instaurado durante dictadura y la esperanza que surgió en el pueblo chileno en la antesala del plebiscito de 1988.

Para ella, es un gusto volver a resucitar aquellas experiencias que fueron trascendentales en su vida. Más allá del dolor o la alegría, comenta: “Durante mi larga vida, he gozado y he sufrido todo lo que ha pasado en Chile. ¡Tengo la experiencia de casi un siglo! Y creo que lo que yo pueda decir le sirve a los jóvenes para que se alimenten o se recreen”.

“Mientras mi cerebro me dé fuerzas y lo pueda utilizar, necesito hablar. Si no doy una entrevista, escribo. No tengo miedo de decir lo que siento. Trato de que los años no me pesen”.

Así, con voz pausada, sentada en su estudio, ese que conecta directamente con su dormitorio y que ha sido escenario de tertulias y cientos de experiencias, afirma: “Mi vida está plagada de grandes fracasos y grandes éxitos”.

Mónica Echeverría nació en 1920 en una familia acomodada de la época. Nieta de Eliodoro Yáñez e hija de la escritora María Flora Yáñez, reconoce incluso que fue cuestionada por sus cercanos por haber apoyado, junto a su marido, el arquitecto Fernando Castillo Velasco, a  Salvador Allende.

¿Recibió muchas críticas por parte de sus conocidos?

¡Qué no hicieron para molestarnos por teléfono, a cualquier hora, con insultos! Ese último año de la Unidad Popular fue muy fuerte y muy decidor. Entonces, nos jugamos el todo por detener el golpe, aunque ya estaba fraguado y decidido por Estados Unidos. Aún así hicimos todo lo que pudimos para que no se produjera el golpe, para darle confianza a la gente que veía que que carecíamos de tanta cosa.

¿Podría considerar dentro de sus fracasos el sabotaje contra la Unidad Popular?

Sí. El fracaso de la Unidad Popular. Fue muy macabro y  muy triste para mí y mi marido, porque las consecuencias de ese golpe de Estado se tradujeron en muertos y en gente detenida desaparecida. Desgraciadamente fracasamos.  

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La imagen acompañó el artículo “Solicitan prohibición de libro” de Mónica Guerra. Fue publicado en El Mercurio el 11 de julio del 2000. Fuente: Memoria Chilena.

Durante la dictadura, Mónica Echeverría junto a su esposo, debieron viajar a Inglaterra donde permanecieron cuatro años: ese fue el lugar de la angustia, el sitio de la espera por saber qué estaba pasando en Chile.   

“Durante esos cuatro años nos organizamos en lo que podíamos con una enorme cantidad de gente que estaba buscando refugio y volvimos aquí e hicimos todo lo que pudimos, dentro de la poca fuerza que teníamos para ridiculizar y demostrar lo que era Pinochet”.  

Una vez en Chile, la escritora protagonizó un acto: en plena calle Ahumada, junto a un grupo de mujeres, vistió a un chancho como Pinochet. Durante esos años también participó en una actividad en los Tribunales de Justicia. Ahí, con otras 20 mujeres, soltó cabezas de pescados con el fin de protestar contra aquella justicia inexistente.

Durante esa manifestación también colgó un lienzo donde se leía: “En Chile la justicia está vendida”. “Ahí caímos detenidas varias de nosotras, pero lo hicimos para dar un aviso a los jueces de que por favor se preocuparan un poco más, porque no estaban cumpliendo con su deber”, critica la autora.  

Y, ¿cree que esa frase es vigente hoy?

No podemos hacer una comparación. La justicia en Chile camina a ratos bien y a ratos de manera bastante regular, pero no está vendida, ni está silenciada. Falta que se tomen más decisiones y que esas decisiones sean más justas. Pero en Chile no puedo hacer la comparación. Una cosa fue la justicia durante los 17 años de la dictadura, que no existió, y una justicia hoy que a ratos como que tropieza, como que es poco clara. Pero existe. Hay que darle sus empujoncitos y eso le corresponde a los jóvenes. 

Los dos 5 de octubre

Mónica Echeverría también ha sido testigo de dos hechos que, coincidentemente, ocurrieron un 5 de octubre. Se trata de el asesinato de Miguel Enríquez, que sucedió en 1974, y el plebiscito de 1988.

Sobre la muerte del militante del MIR y pareja de Carmen Castillo, su hija, comenta: Las radios dieron la noticia, pero fue un hecho errado. Siento que matar al enemigo de esa forma no es nuestro camino”.

“Siempre fui contraria a eso. No soy partidaria de la muerte o el asesinato, aunque sea político, soy partidaria de ridiculizarlo, de menoscabar, de sacarle sus tripitas que tienen podridas a la luz, pero no de matar. Nunca fui partidaria de usar la fuerza o algo de ese estilo y creo que a la larga eso fue lo que resultó en Chile más positivo”.

Durante la dictadura, Carmen, su hija, casi fallece en el marco de la Operación Albania…

Estábamos en Inglaterra. Así que lo vivimos lejos de Chile. Fue muy doloroso, muy triste y no estar aquí fue muy grave, porque no supimos de nuestra hija durante varios días. La aislaron en el hospital y nadie pudo verla ni estar con ella. No le permitieron la entrada ni a mi madre que aún vivía aquí en Chile ni al Cardenal Raúl Silva Enríquez. Ahí nos ayudaron mucho los países, especialmente, Francia e Italia. Gracias a eso le salvamos la vida, pero fue un momento complicado.

¿Cómo vivió la campaña por el NO?

Todos estuvimos metidos en esa campaña y creo que la ganamos con humor, ridiculizando ridiculizando reglas, ridiculizando al dictador. Lo ganamos saliendo a la calle. Ahora, las salidas más grandes fueron dirigidas por mujeres. Hicimos tantas cosas por la campaña del NO. Creo que el día de la mujer, que fue un 8 de marzo, fue el día que más gente sacamos a la calle. Fue muy fuerte, porque no sé por qué los dictadores siempre habían mirado en menos a las mujeres y nosotras utilizamos ese mirar en menos para organizarnos y salir a las calles.

¿Qué cree que fue finalmente lo que favoreció la victoria de la oposición?

Se vio que no había que tener más miedo. Había que decir: sí, podemos. Además, la propaganda estuvo muy bien hecha y los movimientos fueron fructíferos. Surgió la esperanza de un cambio que todavía no se produce en su totalidad.

¿Cuál es la crítica que tiene de todo este proceso de la transición?

Fue un proceso muy lento. Todavía no hay intensiones de mejorar la situación económica de los pobladores. No han sabido abrazarlos, darles un lugar. No podemos seguir en una ciudad en la que no se ve lo que está sucediendo con los pobres. Las poblaciones están demasiado aisladas y demasiado sin recursos. O sea, estamos creando de nuevo odios. No hemos sabido darle al pueblo un abrazo fraternal. Eso nos falta. Acogernos, dar un lugar.

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¿Cómo vive este presente cuando se pone en cuestionamiento la necesidad de una memoria crítica?

Creo que la derecha está tomando mucha fuerza en Chile, pero por lo menos tenemos libertad. Nos falta a veces ser más decisivos. Creo que estamos bastante desorganizados. Nos faltan ideales. Nos falta fuerza. Estamos como entregados y no con la fuerza necesaria para decir no. Todavía existen muchas cosas que son injustas. 

¿Qué hacer para destrabar esas amarras que dejó la dictadura?

Hay que cambiar algunas reglas. Creo que nos falta algunas correcciones en este Poder Legislativo que nos está dominando. Chile es uno de los países donde menos se castiga a los que tienen dinero. Falta hacerles ciertos castigos a los que tienen todo el poder y darle un abrazo fraternal al pueblo para que Chile no siga dividido entre los varios ricos y sus pobladores. Hay países que eso lo han entendido. Además, todavía la izquierda chilena continúa bastante maltratada y con casi nada de poder.

¿Qué opina sobre el movimiento feminista que está viviendo Chile? 

Creo que todavía tiene que moverse para conquistar realmente el poder, porque no hay duda de que ahora hay muchos más puestos de mujeres en lugares importantes, pero todavía hay bastantes leyes injustas que hay que modificar en relación con el matrimonio, en relación a la capacidad de la mujer. También se debe adquirir el poder político. No es que estemos tan mal como era a principios del siglo, pero sí todavía nos falta dar algunos pasos más. Soy optimista y creo que el hecho de que las mujeres salgan a la calle y que muestren de lo que carecen todavía me parece bastante importante. 

Una nueva publicación

El próximo 11 de octubre la autora dará a conocer su próxima publicación: Acero y paloma. Relato de una mujer libre en cautiverio.  

En el libro, la escritora aborda la  biografía de Sybila Arredondo, hija de Matilde Ladrón de Guevara y ahijada de Gabriela Mistral, ex mujer del peruano José Miguel Arguedas, quien fue acusada en 1985, junto a otras 70 mujeres, de pertenecer a Sendero Luminoso en los años de Fujimori. A raíz de ello, Sybila Arredondo pasó 15 años presa en Lima y regresó a Chile en 2002.

La actividad se realizará a las 19:00 horas en la Casa Central de la Universidad de Chile. Comentarán el libro Marta Cruz Coke. Paulina García y Gladys Díaz.   

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