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Crisis argentina afecta turismo en Chile

Los ajustes impulsados por el Gobierno de Mauricio Macri tienen directo impacto en la llegada de sus connacionales a ciudades como Santiago, Viña del Mar y La Serena. Los números del primer semestre así lo demuestran y se espera una caída aún mayor de cara a la época estival de 2019.

Raúl Martínez

  Lunes 15 de octubre 2018 13:50 hrs. 
argentinos


En el centro de Santiago, en la Plaza de la Constitución, en centros comerciales como el Costanera Center o el Paseo Ahumada, los argentinos llenaban hasta hace sólo un par de años las calles con bolsos y maletas e incluso con grandes equipos de televisores que se importan a Chile sin aranceles gracias a los acuerdos comerciales suscritos con las naciones del Asia Pacífico.

Los turistas argentinos aprovechaban entonces de comprar tecnología. Uno, dos e incluso tres teléfonos celulares eran llevados a urbes como Mendoza, San Juan, Córdoba e incluso Buenos Aires.

Y es que la situación económica del común de los argentinos había mejorado sustancialmente durante la última década, permitiendo que no sólo los sectores más acomodados cruzaran la cordillera para vacacionar o pasar un fin de semana largo en la capital chilena o Viña del Mar y La Serena.

En 2017 los argentinos representaron el primer grupo de turistas en Chile con 3 millones 323 mil 771 personas, dejando importantes ganancias especialmente en el sector comercio.

Pero las medidas de ajuste aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri rápidamente están perjudicando a los argentinos y de paso el ingreso de divisas a Chile.

Esto porque según un informe de la Cámara Nacional de Comercio, durante el primer semestre de este 2018 se anotó una caída del 52,4 por ciento de las transacciones con tarjetas de crédito y débito de los argentinos en Chile.

A eso se debe sumar una baja considerable del ingreso de trasandinos a territorio chileno que se anotó con un 19,2 por ciento menos en comparación con 2017, es decir 350 mil argentinos menos que el año anterior.

El turismo ha significado para muchos países una tabla de salvación de sus economías en momentos complejos, articulando redes y promoviendo la llegada de extranjeros para que dejen recursos que consiguen con salarios estables y particularmente con una perspectiva hacia el futuro más o menos clara de lo que ocurrirá con el funcionario o trabajador en su empleo.

Pero ambas premisas en el caso de la Argentina de Mauricio Macri, no se cumplen.

Sólo hace algunas semanas el Banco Central decretó un incremento de la tasa de interés que fue noticia a nivel mundial, haciendo prácticamente imposible adquirir un crédito. A esto se suma la volatilidad del dólar que “licuó” los salarios de los argentinos, rebajando a casi la mitad el ingreso mínimo en comparación a lo que se obtenía con ese ingreso en 2015.

En el caso de la tasa de interés, el ente rector lo situó en un 60 por ciento, mientras que el ingreso mínimo pasó de los 605 dólares mensuales a los 333 de ahora con los datos del precio de la moneda estadounidense a mediados de agosto de este 2018.

En esas condiciones, la gente prefiere asegurar la subsistencia y evitar el turismo que aparece como un lujo para la mayoría de los trabajadores que ahora miran el incremento sostenido de las cuentas básicas que antes contaban con subsidios estatales que fueron retirados por la administración macrista.

Ya en los centros comerciales chilenos los argentinos no son los que llenan tiendas y se detienen en sus escaparates. Los estacionamientos registran menos placas patentes con el fondo negro y el escudo de la República Argentina. La baja en la llegada de trasandinos se mantendrá de continuar las medidas económicas del Gobierno de Macri que perjudican al bolsillo de la gente y la posibilidad de conocer las bondades Allende los Andes.

De todas formas, la balanza comercial entre Chile y Argentina sigue una tendencia expansiva luego de un crecimiento marginal en 2016 (2,6%), para situarse en un 21 por ciento general en 2017 con aumentos significativos en sectores como el agropecuario, silvícola y pesquero (45%), minería con un 108%, y vinos con un salto del 383 por ciento.

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