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Ser mujer y escribir teatro: narrar desde el margen

Durante cinco días, cerca de 200 mujeres escritoras de teatro de distintos lugares del mundo habitaron la misma geografía como parte de la Conferencia Internacional de Dramaturgia Femenina (WPI, por su sigla en inglés), que por primera vez se desarrolló en Chile y en Latinoamérica. Pese a no tener apoyo estatal para su desarrollo, el evento se realizó de igual manera y las dramaturgas se encontraron, compartieron y relevaron un trabajo que no es ajeno a las desigualdades de género. ¿Cómo se vive la dramaturgia siendo mujeres en sus países? Fue la pregunta que hicimos a seis de ellas. Éstas son sus historias.

Gabriela González

  Lunes 22 de octubre 2018 11:44 hrs. 
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August Andong, Filipinas: “Tengo un trabajo de día para cubrir mis necesidades básicas, pero para mi alma y mi pasión está la dramaturgia”

August Andong es periodista y trabaja como empleada pública en Filipinas. Visitó Chile por primera vez la semana pasada, pero no por su rol como trabajadora del gobierno de ese país sino por la labor creativa que viene desarrollando desde que tenía 21 años. Escribe obras de teatro, guiones de televisión y cine, pero siempre en los espacios que encuentra en paralelo a su trabajo. “A diferencia de otros países en donde las compañías de teatro contratan dramaturgos regularmente, la dramaturgia en Filipinas no es un trabajo. No hemos alcanzado aún la profesionalización de ganar un ingreso sostenido”, cuenta. “Tengo un trabajo de día para cubrir mis necesidades básicas, pero para mi alma y mi pasión está la dramaturgia”, explica.

Recuerda que desde que era adolescente disfruta de escribir. Su primer acercamiento fue a través del radioteatro, ya que creció en un área muy rural de Filipinas en la que el único medio de comunicación era la radio, por lo que fue a través de la escucha que se enamoró del ejercicio de crear historias. “Ese hecho influyó en mi escritura”, dice.

Hoy tiene diez obras, en las que aborda principalmente problemáticas sociales. En una de ellas se refirió al rol protector de las madres incluso en condiciones tan adversas como es vivir en la calle. “Cuando estaba en la secundaria veía a una madre y su hijo que vivían en la calle. Fue una imagen muy chocante para mí. Luego fui a Manila, la capital, a trabajar por un par de años y cuando regresé seguían sin casa, durmiendo en el piso y mendigando”, cuenta. Este trabajo lo presentó en Estocolmo, en el marco de la WPI Conference. “Siempre extraigo una imagen particular o una historia de la cotidianidad”, expresa en relación a sus procesos creativos.

August Andong. Foto de Gabriela González.

August Andong. Foto de Gabriela González.

Reconoce que en el teatro en Filipinas no existen iguales condiciones para hombres y mujeres, pero destaca el cambio social que se viene desarrollando gracias a una legislación que promueve la equidad. “Hay una ley que busca disminuir la brecha de género entre hombres y mujeres, instalando la presencia de ambos en programas y proyectos, incluso en el gobierno. El 5% del presupuesto anual del gobierno debe invertirse en trabajo de mujeres. Naturalmente esto no ha producido un equilibrio total, pero vamos hacia allá, y la normativa de alguna manera mejora las situaciones donde las dramaturgas están involucradas”, manifiesta. “Además organizamos el WPI local, donde cada año hacemos talleres y clases para dramaturgas jóvenes y emergentes. No sólo para chicas, sino también para chicos”, añade.

August ha participado en las últimas tres ediciones de WPI Conference y su presencia en la próxima está ya comprometida luego de que fuese nombrada como presidenta de la organización por el periodo 2018-2021. Entre sus desafíos se encuentra ni más ni menos que la organización del próximo encuentro, a realizarse en Montreal, Canadá, en 2021.

Vana Medeiros, Brasil: “En São Paulo hay muchas mujeres que escriben, tal vez sea mitad y mitad, pero los hombres continúan ganando mucho más dinero que nosotras”

“Me gusta tener la palabra final, por eso escribo” dice Vana Medeiros, periodista y dramaturga brasileña en su paso por Santiago en el marco de la conferencia WPI. Aquí su obra Disculpa-Un inconveniente en seis partes se presentó como lectura dramatizada bajo la dirección de Amalá Saint Pierre.

Vana decidió dedicarse a la dramaturgia luego de ejercer durante ocho años el periodismo, tiempo en el que de manera paralela participaba de varios grupos de teatro. Se formó en la Escola de Teatro de São Paulo, pero luego de cursar sus materias notó que “no quería ser actriz y como escribía bastante por mi influencia del periodismo, pensé en ser dramaturga. Me gusta mandar a las personas”, dice entre risas.

Vana Medeiros. Foto de Danilo Salvego.

Vana Medeiros. Foto de Danilo Salvego.

Hoy, con 31 años, ocho obras escritas y cinco montadas, manifiesta que se ha ganado un espacio en la escena paulista, pero que el camino para conseguir ese lugar no estuvo exento de hostilidad. “Al inicio sentí que cuando estaba en una sala de ensayo no era tomada tan en serio como los dramaturgos hombres, que los actores me contradecían un poco más y que cualquier proposición que hiciera no era recibida del mismo modo que si la hacía un hombre. Ahora estoy eligiendo mejor con quién trabajo. Hoy creo que ya no tengo ese problema”, cuenta.

“En São Paulo tenemos una clase artística muy organizada en varios sentidos y una de esas agrupaciones congrega a muchas mujeres. Nos reunimos para darnos más fuerza, hacemos eventos y tertulias sólo de dramaturgia femenina. En São Paulo hay muchas mujeres que escriben, tal vez sea mitad y mitad, pero los hombres continúan ganando mucho más dinero escribiendo que nosotras”, explica luego de asistir a la proyección del documental sobre Isidora Aguirre exhibido en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).

Vana confiesa que su dramaturgia está cruzada por dos ejes: lo femenino y la muerte. “Todas mis piezas tienen que ver con represión femenina en algún contexto o por lo menos contienen alguna escena que habla sobre eso. Ese tema está siempre ahí. Y otro tema es la muerte. Me agrada mucho porque creo que es la última cosa que no resolvimos filosóficamente, por eso para mí es bien trágico y teatral resolverlo”, concluye.

Khanyisa Sigwanda, Sudáfrica: “Las mujeres nunca han tenido el espacio para darse a conocer tanto como los hombres”

Buscando representar a las personas de color es que Khanyisa Sigwanda decidió dedicarse a la dramaturgia hace ya seis años. “El racismo hacia las personas negras es aún un problema en Sudáfrica”, dice. Tanto es así que manifiesta que ha sido más discriminada por su color que por su género. “En ciertos espacios la gente no te da lugar para expresarte”, agrega.

Khanyisa es actriz, trabajadora de teatro y estudiante de teatroterapia. Ha desarrollado su trabajo con niños motivada por darles “esperanza para reimaginar una mejor Sudáfrica, con mejores espacios y formas para articularse”. Para este cometido utiliza la narración de historias (cuentacuentos), títeres, sombras chinas, entre otros elementos. “Es muy cautivador, tengo obras donde los niños están en el escenario conmigo y ellos finalizan las historias que yo comienzo”, cuenta con entusiasmo.

Khanysa Sigwanda.

Khanysa Sigwanda.

No tiene la certeza de cuántas obras ha escrito a la fecha, sólo sabe que son muchas y que las ha presentado en teatros, escuelas, iglesias o en comunidades, “básicamente en cualquier lugar”, dice, pero lejos de la escena profesional sudafricana. “No he recibido reconocimiento y aún no hay otras oportunidades. Yo creo mis propias obras, las produzco, consigo fondos, dicto talleres de empoderamiento para mujeres”, explica.

Al ser consultada por la situación de las dramaturgas respecto a sus pares en términos de oportunidades es enfática. “Como dije en la mesa de discusión de WPI, hay un montón de dramaturgos que han obtenido más reconocimiento que sus pares mujeres, incluso en instituciones siempre es la figura masculina la predominante. Las mujeres nunca han tenido el espacio para darse a conocer tanto como los hombres”, concluye.

 Jyoti Gajbhiye, India: “Yo estoy en la casta más baja y eso es un problema. Ser mujer es otro”

 Jyoti Gajbhiye es escritora, dramaturga y doctora en Literatura Hindú por la Universidad de Mumbai. Escribe desde niña, pero hace quince años se dedica a la dramaturgia en un país machista y con un rígido sistema de castas que determina qué posibilidades tiene cada tipo de habitante en la India. Ella pertenece a la más baja. “La literatura india es cautiva de las castas. Yo estoy en la casta más baja y eso es un problema. Ser mujer es otro”, cuenta.

De sus seis obras ninguna ha sido montada todavía, sólo se han podido presentar como lecturas dramatizadas en el marco de WPI. Jyoti estuvo presente en Suecia, Sudáfrica y ahora en Chile, donde se leyó su trabajo The mirror (El Espejo) bajo la dirección de Ana López Montaner. La obra ponía en escena a cinco chicas sobrevivientes de un ataque de ácido, la angustia de ese trauma y la esperanza de querer reiniciar sus vidas expresada en la visita a un salón de belleza.

“Por el dominio masculino en la sociedad, se prefiere a los dramaturgos. No hemos montado mis obras porque los cupos en los teatros ya han sido ocupados por hombres”, expresa. No se ha quedado impávida ante esa situación y junto a otras mujeres hicieron un grupo teatral con el que ha interpretado todas sus obras, pero en espacios no profesionales. “Yo quisiera montar mis obras, pero no hay dinero ni apoyo”, dice.

Sin posibilidad de ser indiferente a los problemas sociales de su país, sus obras dan cuenta de esos conflictos, siendo las mujeres uno de los ejes centrales de su escritura.

Pese a lo anterior, es enfática en señalar que hoy existen muchas mujeres escribiendo teatro en la India y que cada una lo hace en su propia lengua. “Las mujeres sufren, pero ahora están despiertas. Somos más confidentes y empoderadas”, cuenta.

“Empecé a escribir porque soy emocional y sensible. Todo lo que pasa a mi alrededor me duele, es por eso que escribo”, concluye.

Marcia Johnson, Canadá: “Los directores hombres parecen no entender cuando una mujer es quien protagoniza una obra”

Hasta octubre de 2018, Marcia Johnson era la vicepresidenta de WPI Conference. Ahora es parte del comité asesor de la misma y de aquí a 2021 contribuirá a que la nueva versión del evento se realice en Canadá, país en el que vive y desarrolla su trabajo artístico.

Se inició en la dramaturgia luego de una experiencia de creación colectiva en la que notó que era la que más había aportado a lo escritural. En 1994 escribió su primera obra y luego de ello se embarcó en un proceso que se ha diversificado, ya que además de teatro escribe para cine y televisión. “Escribo sobre relaciones humanas. Obras políticas con una dimensión personal y usualmente comedias”, explica en GAM. A Santiago vino con una obra inspirada en la serie The Crown, de Netflix. En uno de los capítulos, la reina Isabel y su esposo visitan Kenia, pero “no hay actores negros que hablen, sólo están de fondo. En mi obra les di palabras”, explica.

Recuerda que al comienzo sus trabajos se desarrollaron y mostraron en el marco de festivales y que el acceso a los  teatros era menos democrático que en la actualidad.  “Hemos hecho mediciones y dicen que este año (2018) el 35% de obras profesionales han sido escritas por mujeres. Normalmente es un 25% o menos, entonces éste es un buen año”, dice entusiasta, agregando que en Canadá hoy “tú puedes tener una compañía que consiga dos temporadas seguidas en un teatro con una obra escrita por una mujer”.

Marcia Johnson.

Marcia Johnson.

Pese a esta positiva situación, Marcia no ha desarrollado su quehacer exenta del machismo. “Los directores hombres parecen no entender cuando una mujer es quien protagoniza una obra. Escucho comentarios frecuentemente de parte de ellos donde dicen no creer lo que las protagonistas expresan en las obras. Preguntan por escenas entre dos hombres, como si fuese algo que faltase en mi texto. Suelen esperar siempre a un hombre como el centro de la atención en las obras”. Incluso ha recibido sugerencias para hacer cambios, solicitudes a las que se ha negado con firmeza.

“Nosotras nos reunimos en estas conferencias cada tres años y todas tenemos la misma historia. En todos nuestros contextos hay un 25% o menos de presencia de dramaturgas en el medio, y en todos los casos hay directores hombres queriendo cambiar nuestros textos. Cada tres años nos reunimos y la situación sigue siendo así. Lo que hacemos es motivarnos entre nosotras a alzar la voz en nuestros países y eso ha hecho la diferencia, nos ha hecho negarnos a volver a donde estábamos antes”, sentencia.

Leyla Selman, Chile: “Mis temas parecen ser el territorio, el abandono y la marginalidad”

Desde Concepción llegó Leyla Selman, actriz y dramaturga, para participar en la mesa redonda En la frontera: Dramaturgia y territorio, desarrollada en WPI Conference. Fue invitada a exponer su experiencia artística en la capital de la octava región que comenzó hace quince años atrás. “Me parece fantástico lo que ocurrió. Fue una experiencia maravillosa”, manifiesta.

“Antes de estudiar teatro escribía mucho, de cualquier cosa. El teatro me gustó por la posibilidad de hacer dialogar a los personajes. Inmediatamente  tuve la suerte de poder ver a los actores decir y vivir las palabras que yo escribía, ¡eso fue genial!” rememora.” La escritura siempre estuvo conmigo, en mi vida, así que no pensé dedicarme al teatro, sólo ocurrió”.

Ha escrito 30 obras, de las cuales la mitad se han estrenado en Concepción y dos en Santiago, bajo la dirección de Rodrigo Pérez. “Me gusta escribir historias. Mis temas parecen ser el territorio, el abandono y la marginalidad”, precisa.

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Leyla Selman.

Dice que escribe para “recuperar la libertad de los espectadores o lectores, por terror a la muerte, a desaparecer, quiero sobrevivir en las palabras; y porque me gusta tener el control total sobre una historia”.

Pese a que en el teatro encontró un lugar de diálogo, hoy reconoce frustración por “lo poco que se lee la dramaturgia. Me gusta que las personas lean lo que escribo. Hoy quiero escribir historias sin importar el formato”, dice.

Consultada sobre su experiencia como escritora de teatro en términos de género es tajante. “Ha sido pésima. Nunca quise ser mujer y siento pena por eso. Trabajo por la igualdad, pero siento que luchan por mí, por las que vivieron tristezas como la mía. Mi escritura está teñida por eso”, concluye.

Traducción: Felipe Sandoval C.
Foto principal: Jyoti Gajbhiye / Pavel Jofré.