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Memoria de un desastre: la huella viva que dejó el terremoto de Valdivia

Este 22 de mayo se conmemoran 60 años de la catástrofe. En ese contexto, Fundación Proyecta Memoria organizó un ciclo de actividades para recordar los hechos que siguen latentes en la población valdiviana.

Abril Becerra

  Viernes 22 de mayo 2020 9:39 hrs. 
valdivia terremoto


Pasadas las 15:00 horas del domingo 22 de mayo de 1960, la ciudad de Valdivia y sus alrededores comenzaron a sacudirse. El movimiento telúrico se propagó lentamente hasta desbordarse a las 15 con 11 minutos, removiendo casas, agrietando calles, violentando cauces, modificando rutinas y transformando el territorio.

Nadie habría imaginado que al final del día los pobladores caminarían entre escombros y enfrentarían lo que con el tiempo se convirtió en el terremoto más devastador de la historia, alcanzando los 9,5º Richter con poco más de dos mil víctimas, extendiéndose por casi 14 minutos y dejando secuelas en Japón, Hawai, California y Nueva Zelanda.

Un día antes, Concepción había experimentado un evento similar, alcanzando los 7,5° Richter, pero nada se comparó con lo sucedido en Los Ríos, donde el terremoto fue secundado por un maremoto y, días después, por una explosión volcánica.

A 60 años de la catástrofe, no obstante, los hechos ocurridos esa tarde surgen como huellas vivas en la memoria de los y las sobrevivientes. Lo mismo ocurre con las generaciones que han conservado ese relato heredado de familia en familia. Allí las experiencias revelan un presente determinado por aquella marca telúrica de 1960: no sorprenderá encontrar testimonios que hablan de personas que guardan agua en baldes o en hervidores por si llegase a “terremotear” durante el día o la noche. Tampoco será extraño descubrir a quien guarde demás, sólo por ser precavido.

Puerto de Valdivia tras el maremoto, 1960. Colección Biblioteca Nacional

Puerto de Valdivia tras el maremoto, 1960. Colección Biblioteca Nacional. Fuente: Memoria Chilena.

“Gracias a Dios ocurrió un día domingo, de lo contrario, habría muerto mucha más gente”, dice Renato Jara, quien al momento del desastre tenía 23 años.

“Recuerdo que ese día tuve que ir al Teatro Cervantes, porque con otros colegas cambiábamos los rollos de películas que se daban. Íbamos de teatro en teatro pasándolos. Estábamos conversando con unos boleteros cuando comenzó el movimiento. La luz se cortó rápidamente y se abrieron las puertas de emergencia para que quienes estaban viendo las películas salieran. Afortunadamente, había muy poca gente. Una vez en la calle no tenía de dónde sujetarme, pero de pronto aparecieron otras dos personas del teatro y los tres nos tomamos de la mano y nos abrazamos para no caernos”, rememora.

El testimonio de Renato Jara está poblado de imágenes que revelan cómo la ciudad cedió ante el movimiento de la tierra. No obstante, a él se suman experiencias de solidaridad que se dieron con el transcurso de los días.

“En la plaza la gente gritaba, preguntándose ‘qué hacemos ahora’. Me tocó ver muchos heridos. Vi cómo el reloj de la torre de bomberos se vino abajo y cómo cayó una orilla del Banco Chile que estaba en la esquina. Había gente que le pedía perdón a Dios”, comenta.

“Entonces, mi familia tenía un patio grande, así que hicimos un hoyo en la tierra y pillamos agua. Con los vecinos también logramos iluminar durante la noche. No había gente que anduviera saqueando. Todos estaban preocupados. Varios se fueron luego a Argentina, Puerto Montt o Punta Arenas, porque se pensaba que podía venir un temblor más grande”, señala.

Renato Jara ha dado múltiples veces su testimonio. Para él es importante transmitir lo que ocurrió a las nuevas generaciones, sobre todo por respeto a quienes fallecieron y que no deben ser olvidados: “Un amigo mío se había ido a vivir a una isla que, con el terremoto falleció. Por supuesto, él desapareció también con la isla”, rememora.

Él se sabe parte de esa historia y, por lo mismo, sostiene: “Hay que recordar”.

terremoto de valdivia

En la imagen, terremoto de Valdivia.

 

Un territorio vivo 

El megaterremoto de Valdivia fue un fenómeno natural que repercutió en distintas capas de población del sur de Chile. Generado por un salto de hasta 18 metros de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, el movimiento telúrico trastocó el paisaje de la zona, originando el Santuario de la naturaleza Carlos Anwandter y provocando el hundimiento de las riberas del río Cruces, lo que finalmente decantó en un humedal de más de seis mil hectáreas.

Pero, producto del desastre, no sólo fue trastocado el paisaje, sino que también toda una cultura que debió reinventarse: murieron y crecieron oficios, mientras las mujeres asumieron un rol activo frente al apaciguamiento de los ánimos detrás de la catástrofe.

“El terremoto es un hito significativo para todas las comunidades. Primero, porque de la noche a la mañana debieron cambiar un estilo de vida que estaba muy apegado al sistema fluvial. Numerosas familias fueron cambiadas drásticamente”, señala Marcelo Godoy, antropólogo y director de la Dirección Museológica de la Universidad Austral de Chile.

“Desde su fundación, Valdivia tuvo un eje de desarrollo en relación al sistema fluvial y, posteriormente, durante el nacimiento de la República y la instalación de la colonia alemana el puerto de Corral y el río Valdivia fueron relevantes para el desarrollo industrial de la ciudad. Por lo tanto, buena parte de la industria que estaba asentada en la orilla del río se volvió bastante próspera, pero, claramente con el terremoto y el maremoto, se generó una destrucción de infraestructura radical. Hubo industrias que cerraron y con ello también cambió la impronta de la ciudad”, dice el investigador.

Barco Canelos hundido tras el maremoto, 1960. Colección Biblioteca Nacional. Fuente: Memoria Chilena.

Desde el punto de vista sismológico, el terremoto del 22 de mayo también marcó un hito en términos de investigación científica. En este caso, los antecedentes señalan que el evento experimentó una longitud que duplicó la implicada en el terremoto del 27 de febrero de 2010. Del mismo modo, los datos apuntan a que la energía registrada en 1960 fue 11,2 veces mayor a la liberada en 2010.

Desde esa perspectiva, Carlos Rojas Hoppe, académico del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad Austral de Chile y autor del libro Valdivia 1960: entre aguas y escombros, señala que “es poco probable que alguna vez haya otro terremoto que los supere por mucho”.

“El terremoto de 1960 generó una serie de eventos que, desde el punto de vista científico, son muy interesantes por la diversidad de fenómenos que se pueden asociar a él (…). Una de las cosas más notables fue la comprobación empírica de que el terreno se había hundido. Eso generó un cambio notable en el paisaje, pero también existieron algunos transformaciones en los humedales interiores de la ciudad”, dice.

“El terremoto también reveló antecedentes sobre los suelos de la ciudad de Valdivia que eran desconocidos y que habían sido disimulados con los rellenos durante prácticamente un siglo. En términos de construcción de infraestructura, el terremoto mostró una muy estrecha relación entre el grado de destrucción y el tipo de suelo, o sea, hubo sectores que experimentaron daños muy intensos y otros donde el daño fue mucho menor”, comenta.

Para el investigador este punto fue clave para determinar las futuras construcciones. De la misma manera, indica que a raíz del terremoto de 1960, la idea de un “territorio vivo” se hizo mucho más latente en la población.

Derrumbes sobre el río San Pedro, 1960. Colección Biblioteca Nacional

Derrumbes sobre el río San Pedro, 1960. Colección Biblioteca Nacional. Fuente: Memoria Chilena.

1960-2020: la conmemoración

En el marco de un nuevo aniversario y para continuar recordando el hecho que marcó a la población de Valdivia, Fundación Proyecta Memoria anunció un ciclo de actividades que se desarrollará bajo la plataforma “1960. LaMemoriaSalvaVidas”.

El evento, que busca reunir a distintas generaciones en torno a la memoria del megaterremoto de 1960, comenzará este viernes 22 de mayo y se desarrollará hasta las 16:00 horas. El programa contempla un diálogo entre expertos y sobrevivientes de Chile y Japón, un radioteatro, una cantata y una conversación sobre el rol de las mujeres en la catástrofe, entre otras actividades.

“Estamos apoyándonos mucho en el lema de conectar para prevenir y rescatando las resiliencias colectivas que vemos ante este contexto, haciendo un cruce con las campañas de solidaridad a Chile, los estudiantes que se volcaron a los vecinos, la organización y las ayudas extranjeras. Ese es nuestro foco en esta conmemoración”, dice Camila Wirsching, directora regional de Los Ríos de Proyecta Memoria.

“Lo que queremos es rescatar los vínculos para que los sobrevivientes puedan transmitir su saber sobre cómo abordar este fenómeno. La base de la Fundación es la educación para prevenir, para entender que estamos en un territorio vivo”, añade.

De esta forma, la conmemoración busca rescatar aquel patrimonio de ayuda y colaboración que permitió que la ciudad saliera adelante. La idea, según indican desde Proyecta Memoria, es conectar a distintas generaciones en torno a un hito que continúa presente en el paisaje y en la idiosincrasia de toda una sociedad. A fin de cuentas, se trata de un ejercicio que devela una huella que se mantiene viva, pese al paso del tiempo.

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