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“El madrileño” de C. Tangana: la autenticidad de ser incorrecto

El último viernes, cerca del fin del verano en este bloque del mundo y con la primavera avizorándose en la península ibérica, el rapero español lanzó un disco titulado por una especie de tag, que soltaba de vez en cuando en los brillos de su repertorio antecesor. Con apariencia de accidente y patrones alejados de la maquinaria de los hits, uno de los artistas más versátiles de los últimos años se aleja del evangelio del trap para reivindicar la canción popular española, así como a sus propios instintos.

Eduardo Andrade

  Sábado 27 de febrero 2021 11:02 hrs. 
El madrileño.


C. Tangana no colecciona frases demasiado elaboradas. Los títulos de sus temas bien podrían ser simplemente autodescripciones de alguna red social, o imperativos cotidianos en segunda persona. Durante el 2020, golpeados por la primera ola de la pandemia del coronavirus, no fue ajeno a entregarnos retazos de lo que hoy en concreto es su tercer disco. Y es que si algo nos ha regalado ese año que todos de alguna forma estaremos condenados a recordar, es una vasta producción, al menos en la música comercial, lejana de los hits urbanos de la última década, y más cercana a las reflexiones generadas por la soledad a la estuvimos -estamos- expuestos.

Próximos al final del verano en territorio sudamericano, la muerte del invierno español nos regala, a través del que quizás es su artista más versátil en los últimos años: “El madrileño”, un disco en el que muy probablemente, y sin estar demasiado viejo aún, Antón Álvarez -C. Tangana- parece encontrar lo que en el argot literario sería su voz, “su propia voz”.

“Nunca estoy”, por ejemplo, lanzada en abril de 2020, con el sampleo del hit de su compatriota Rosario, “Cómo quieres que te quiera”, ya vaticinaba cierto hartazgo de Tangana con el trap y con el evangelio de la fama y de la vida fácil que predica. Se inspiró en su madre, contó alguna vez Puchito sobre un tema con el que muchos intentaron hacer un link hacia su pasada relación con Rosalía, y que más bien daba cuenta de un estilo musical, y de vida, en el que nunca encajó del todo.

C. Tangana y Andrés Calamaro.

C. Tangana y Andrés Calamaro.

Bien por los que sí lo hicieron, bien por los que siguen hallándose en lo que solemos llamar “urbano”. Pero Tangana, tal como un olvidado Bunbury en Licenciado Cantinas (diciembre, 2011) pretende darse ahora un viaje en el cancionero popular casi por accidente, pero con aspiraciones claras; ceder el protagonismo a expertos como La húngara, José Feliciano, Jorge Drexler, Eliades Ochoa o Andrés Calamaro, y husmear en sus instintos aunque éstos estén fuera de la normativa vigente.

Ariana Harwicz, la escritora argentina recientemente censurada en Twitter por el título de su novela “Matate, amor”, volvió abrir un debate sobre la corrección política en tiempos donde, aunque no esté mal, diversas voces intentan abanderarse y colarse como a de lugar en lo “sano”, lo “masivo”, lo aplaudido casi por inercia y con la mirada hacia el costado. Harwicz defiende su obra: “Para no ofender -que es un imposible porque la vida es violenta- hay que hacer arte que no ofenda. Eso además de despótico es perverso”.

Con “El Madrileño” queda claro que Tangana no ubica forzadamente el estándar de la creación en armonía con los tiempos. Su límite lo marca el mismo, y sin temor navega entre el No he olvidado el olor de la que me follé en el baño de un garito, borracho en Berlín” y el “Escribo cosas buenas de algunas chicas malas, sobre todo cuando ya se han marchado”. Se me hace mucho más familiar su “¿dime en que piensas cuando te acuestas?” que cualquier maniobra apresurada para sobreponerse al desamor como lo cuenta Bad Bunny, del otro lado del charco. Se me hace más auténtico su “Ni una pistola para poder gobernarte, ni una escalera para poder alcanzarte”, que el vitoreado estribillo “Ella perrea sola”.

Todo esto acompañado por una estética audiovisual exquisita, que intercambia lo excéntrico por una frivolidad mucho más cotidiana y con aroma a trago barato, casa de los abuelos, azoteas, bares de mala muerte, ha empezado a configurar lo que bien podría llamarse el universo C. Tangana. No hay que confundir, sin embargo, el desdén con la falta de ambiciones de Puchito, porque de eso ‘el Madrileño’ sabe bien cual es la maña. En una de mis entrevistas favoritas a Tangana, la del videoblog peruano Ventana de Emergencia, Antón confiesa estar motivado por realizar música que no sea pasajera, sino más bien, trascendente.

Una crítica mucho más rica en tecnicismos, en la revista española Mondo Sonoro, sentencia con razón que “Párteme la cara”, el quinto tema del álbum, “dentro de unos años tendrá su lugar de privilegio en la música española”.

“Para que otros no te conviertan en su producto, tienes que hacerlo tú mismo”, aseguró Tangana en aquella entrevista. Su última apuesta, cada vez más lejana de las rimas y del autotune, nos confirma su divorcio con el trap en la forma pero quizás no en el fondo. “Para creer que lo que haces puede cambiar una generación de pensamiento o las referencias estéticas de tu cultura, creo que hay que estar un poco subido”, remarcó confiado ‘el madrileño’, “en algún momento uno tiene que estar emborrachado de su ego”.