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Antonella Estévez

“El agente topo” no anda sólo

Antonella Estévez | Domingo 28 de marzo 2021 10:42 hrs.


El cine tiene la potencialidad de ser ventana y espejo. El cine nos permite asomarnos a otros mundos que, inicialmente, nos resultan ajenos y conmovernos con aquello que nos une en la diferencia. Y también, nos permite reconocernos y a nuestras realidades desde lugares que probablemente no habíamos visto. Uno de los méritos de “El agente topo” es lograr adentrarnos en un mundo para muchos de nosotros desconocido –como es el interior de un hogar de ancianos y ancianas- y conocer sus dinámicas y las múltiples realidades que allí habitan. Al mismo tiempo que nos invita a reflexionar sobre los propios vínculos con los adultos mayores de nuestras vidas y, de paso, hacernos preguntas sobre el envejecer y cómo será nuestro propio futuro.  Todo esto filmado con una sensibilidad que al mismo tiempo es cuidadosa con sus personajes, y pone en evidencia las soledades y dolores de quienes comparten sus historias en este documental.

Lo que Maite Alberdi y equipo logran es algo muy difícil de hacer. El relato posee una equilibrada dinámica interna que nos permite pasar por múltiples emociones desde la sorpresa y las risas, hasta la conmoción profunda. Este manejo de la narrativa tiene que ver con el conocimiento profundo del material y sus personajes y un estudio de la realidad a la que se acerca, que es ya característico del cine de Alberdi. Es este concienzudo trabajo de investigación y el cuidado proceso de filmación el que permite que la realidad se haga presente con elementos que nos parecen de ficción por su atractivo y encanto.

Todo lo anterior para decir que los merecidos reconocimientos que está recibiendo “El agente topo” no son gratuitos sino fruto de un trabajo de décadas y que se encarnan en este cuarto largometraje de Maite Alberdi que muestra la madurez de un estilo y una técnica que ya veníamos observando desde sus cortos iniciales y sus largometrajes anteriores: “El salvavidas”, “La once” y “Los niños”.  La nominación de la película a la categoría de Mejor Documental de los premios Oscar, otorgado por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, es también mérito de organizaciones como CinemaChile –que lleva décadas potenciando la presencia del cine chileno en el mundo- y la Asociación de Documentalistas de Chile que ha impulsado el trabajo de realizadoras y realizadores que trabajan desde la realidad. Porque no basta con tener buenas historias y hacer de ellas estupendas películas, se requiere un trabajo mancomunado que permita que estas lleguen a públicos diversos que puedan emocionarse con ellas.

Maite Alberdi es la única realizadora latinoaméricana compitiendo este año en los Oscar y una de las poquísimas mujeres que han sido nominadas por su trabajo como directora. A pesar de todos los avances que se han hecho en los últimos años seguimos teniendo menos de un 20% de la producción audiovisual mundial a cargo de mujeres. Este desequilibrio en quienes están a cargo de contar las historias afecta nuestra mirada del mundo y la construcción de imaginarios al respecto, ya que –como sabemos- el cine tiene el poder de abrir nuestra experiencia e influenciar la perspectiva que nos construimos de la realidad. Mientras más personas distintas tengan acceso a contar historias más rico será el relato del mundo que podremos hacernos, y desde allí y gracias a que el cine es una gran máquina de empatía, más fácil va a ser dialogar y encontrar puntos de encuentro desde nuestra diversidad.

Esperamos que este tremendo logro de Maite Alberdi, su equipo y el cine documental chileno nos ayude a reconocer el trabajo que ya se ha logrado en este sentido, a tener mayor valoración por las películas chilenas y a comprender que esta oportunidad de vernos en pantalla nos regala no sólo una experiencia emotiva, sino también la posibilidad de dialogar respecto a lo que somos y queremos ser.