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La indigesta medialuna argentina

Ante las Naciones Unidas, el gobierno de Chile pretende reclamar soberanía sobre la superficie, plataforma continental y subsuelo marinos de un territorio que comprende 5.000 kilómetros cuadrados de la llamada “medialuna argentina”. Un espacio en el Mar de Drake que Buenos Aires incluye dentro de su propia plataforma continental, argumentando que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Luis Hernán Schwaner

  Lunes 30 de agosto 2021 16:11 hrs. 
Sebastian Piñera


Lo que específicamente Chile pretende es proyectar su plataforma continental al este del meridiano 67º 16´ 0, lo que según Buenos Aires, contradice el Tratado de Paz y Amistad firmado con Argentina en 1984, como solución al conflicto territorial por el canal de Beagle y supuesto broche de oro a la grave controversia entre dos dictaduras genocidas que casi nos llevaron a una guerra fratricida en 1978. Cabe recordar que dicho Tratado fue firmado bajo la mediación del Vaticano y del papa Juan Pablo Segundo y fijó los límites entre Chile y Argentina desde el canal Beagle hasta el paso (o Mar) de Drake.

La decisión del gobierno de Piñera implica cuestionar esa aprobación, aunque doce años después, ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU, instancia que aprobó en 2009 todos los antecedentes jurídica y científicamente sustentados que entonces presentó Argentina -previamente votados por unanimidad por el Congreso trasandino-, sin que el gobierno chileno de la época  lo objetara. Así, la medialuna de 5.000 kilómetros cuadrados fue incluida en la plataforma continental argentina

No obstante, ahora, Santiago alega que ese principio bioceánico no existe y por ello actualizó su Carta Náutica N° 8 que determina los derechos soberanos chilenos sobre lo que se denomina la plataforma continental, sumando así 200 millas más hacia el este del límite continental trazado y ya reconocido. El precepto que está siendo cuestionado 37 años después por Chile es aquel que reza: “La soberanía de la República Argentina y la soberanía de la República de Chile sobre el mar, suelo y subsuelo se extenderán, respectivamente, al oriente y al occidente de dicho límite”. En otras palabras, sobre el océano Atlántico para Argentina y sobre el océano Pacífico para Chile, ambos conceptos bajo los principios bioceánicos contemplados en diferentes tratados internacionales.

Tal vez sea por ello que el ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, formalmente, especificó que Chile pareciera querer apropiarse de “una parte de la plataforma continental argentina y de una extensa área de los fondos marinos y oceánicos, espacio marítimo que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar”.

Así las cosas, este nuevo conflicto marítimo con Argentina se suma a una larga lista de disputas territoriales que Chile emprendió en los últimos años. Entre estos se cuentan el conflicto con Bolivia por la salida al mar (en el que la Corte de Justicia Internacional falló a favor de Santiago), y la controversia por el límite marítimo con Perú (saldado a favor de Lima en La Haya), en que Chile perdió 14 mil kilómetros cuadrados de superficie, plataforma y subsuelo oceánico frente a Arica, en el extremo norte del país.

Un aspecto positivo en este asunto es que las autoridades de ambos países han manifestado su voluntad de que, antes de acudir a otros mecanismos de solución de las diferencias, la actual controversia limítrofe debe zanjarse vía diálogo “y  no por otras vías”, según han señalado los máximos personeros de Estado allende y aquende la cordillera.

Tal vez así, la medialuna argentina recobre la sabrosura de siempre.