Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 6 de octubre de 2022

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Carmen Miró

Columna de opinión por Germán Correa Díaz
Miércoles 21 de septiembre 2022 9:44 hrs.


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A los 103 años falleció Carmen Miró en Panamá, su país natal, aunque vivió una gran parte de su vida en Chile. La gran Carmen Miró, demógrafa, fundadora y directora del Centro Latinoamericano de Demografía. CELADE de las Naciones Unidas hasta 1976. Siento por ella una profunda admiración, a la vez que reconocimiento.

“Conocí” a Carmen por allá por 1960 o 61, cuando recién había entrado yo a estudiar en la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile, que en aquel entonces funcionaba en las dependencias del Instituto Pedagógico. Fue esta Universidad la que abrió sus puertas a las oficinas del naciente CELADE, las que estaban al lado del Instituto de Sociología y daban a un largo pasillo al aire libre, por donde diariamente transitábamos quienes concurríamos al Instituto de Sociología, ya sea a clases o a su biblioteca. La oficina de Carmen daba a este pasillo y solía verla al pasar. Me fijaba en ella porque ya entonces se comentaba de su gran capacidad intelectual y de su fuerte personalidad.

Posteriormente en múltiples ocasiones nos encontramos al pasar, cuando tenían lugar conferencias o reuniones internacionales a las que yo concurría como simple asistente y ella habitualmente en su capacidad de directora de CELADE, donde siempre hacía inteligentes y punzantes intervenciones. Su fuerte personalidad ya se había transformado en algo mítico. Parecía una persona adusta, pero tenía un gran sentido del humor, que ejercía a veces de manera cáustica, pero que a mí me agradaba. De hecho, era algo temida por ello, cuando alguien, por alguna razón, caía bajo el foco de su atención y era objeto de una ácida pulla . En eso, yo no fui la excepción, pero nunca temí su fuerte personalidad, por el contrario, me agradaba.

Vine a conocer a Carmen de manera mucho más cercana en 1974. Después del golpe de Estado de 1973 pasé por un largo y angustioso período de cesantía y semi cesantía, trabajando para poder sobrevivir como chofer de mi automóvil para funcionarios de una empresa de la capital. Tuve ofertas de Estados Unidos y de Argentina  para irme a trabajar, pero no quería irme de Chile. En 1972 había concurrido a una conferencia de Naciones Unidas en Manila, representando a la institución del gobierno del Presidente Salvador Allende en la que trabajaba, la Consejería Nacional de Desarrollo Social (ex Promoción Popular de Frei Montalva). Allí conocí a un chileno que trabajaba en CELADE, Gerardo González, con quien entablamos amistad. Al regresar a Chile Gerardo me ofreció trabajar en un proyecto de investigación que él estaba montando en CELADE, lo que agradecí, pero rechacé. Cuando pocos meses después se produjo el golpe de Estado, Gerardo insistió en que me incorporara a su equipo de investigadores, lo que esta vez acepté. Pero los recursos para el proyecto se demoraron mucho en hacerse efectivos y mi situación económica se tornaba insostenible, con mi hija recién nacida y sin trabajo, por lo que advertí a Gerardo que, si algo no se concretaba con CELADE en Chile en un breve plazo, iba a tener que dejar el país. En esas circunstancias Carmen, directora de CELADE, autorizó que se me contratara de emergencia para elaborar el análisis de un estudio que CELADE había realizado sobre temas de políticas de población entre dirigentes políticos chilenos. El proyecto definitivo para el que se me iba a contratar demoró casi un año más en contar con los recursos necesarios. Ese fue un gran gesto de solidaridad de Carmen conmigo, como los tuvo por decenas con compatriotas perseguidos en esos tiempos. Muchos funcionarios chilenos de CELADE fueron objeto de persecución en esos duros años, y en cada caso Carmen salía en su defensa con tremendo coraje y valentía, levantándose a veces en la madrugada para ir a algún lugar de detención a rescatar a algún funcionario detenido.

Una vez instalado como funcionario internacional de CELADE en Santiago en 1975, Carmen habría de distinguirme con su confianza en diferentes ocasiones, enviándome en su representación a eventos internacionales o pidiéndome que atendiera en su lugar a alguna reunión en Chile, cosa que no dejaba de molestar a personas que, teniendo mucho mayor rango institucional que yo, que era un simple investigador, debían haber sido quienes Carmen eligiera para estas ocasiones. Cuando en una oportunidad le hice ver a Carmen esta a veces molesta circunstancia, me respondió que ella necesitaba que la institución estuviera bien representada y que por eso me elegía a mí y no al burócrata de turno. Esas muestras de confianza de Carmen, no dejaban de abrumarme a veces, conocedor como soy del significado de los celos institucionales.

Carmen dejó CELADE y Chile a mediados de 1976, fuertemente presionada por la dictadura, que amenazaba con declararla “persona non grata” para el gobierno de facto. Pocos meses después que dejara Chile fue asesinado Carmelo Soria, funcionario internacional de CELADE, colega de trabajo, aunque no teníamos relaciones directas entre nosotros. Fue un tremendo golpe. Carmen lo sintió en carne propia, porque Carmelo había sido muy cercano a ella. Para mí, no cabe duda que fue una venganza de la dictadura, dirigida contra Carmen, porque fue un asesinato sin sentido político alguno. Con este asesinato le pasaron la cuenta por las muchas vidas que ella sin duda ayudó a salvar de las garras de la oprobiosa dictadura.

Cuando dejé CELADE en 1977 para dedicarme a otras tareas profesionales y políticas, Carmen igual siguió distinguiéndome con su confianza, contratándome para algunos grandes proyectos de investigación a nivel internacional que ella llevaba a cabo desde la Union Internationale pour l´Etude Scientifique de la Population, con sede en Bélgica.

Con del tiempo nuestras vidas se fueron apartando, pero siempre sabiendo de cada cual a través de amigos comunes. Carmen finalmente volvió a vivir a su país natal, Panamá, donde llegó a ser candidata a la Presidencia de la República, en lo que no tuvo éxito. Una inmensa lástima por el pueblo panameño, que se perdió una tremenda Presidenta.

Siempre recordaré con mucha admiración y afecto a Carmen, una tremenda profesional y persona, que dejó profundas huellas en la comunidad internacional y también entre las personas que tuvimos la fortuna de compartir con ella, por lo que le rindo hoy este pequeño homenaje.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.