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Mario Amorós y autocríticas a 50 años: “Quienes fueron a Washington a implorar un golpe de Estado nunca las van a tener”

El historiador destacó que aquel 11 de septiembre el Presidente Salvador Allende iba a llamar a plebiscito, porque a pesar de saber que "las posibilidades de perder eran grandes, él entendía que era la forma de evitar una guerra civil".

Diario UChile

  Miércoles 19 de julio 2023 10:52 hrs. 
Mario Amoros

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En la cuarta edición de “Escuchemos la historia”, parte de la programación especial preparada por Radio Universidad de Chile con motivo de la conmemoración de los 50 años del Golpe Militar, el historiador español Mario Amorós, quien es reconocido en Chile por escribir los libros “Allende. La biografía” y “Pinochet. Biografía militar y política”, se refirió a las habilidades políticas de Augusto Pinochet, el rol de los civiles de derecha y de la izquierda frente al quiebre democrático del país en 1973.

El autor de “Pinochet. Biografía militar y política” sostuvo que Augusto Pinochet Ugarte fue un soldado del siglo XX, que ingresó a la Escuela Militar Libertador Bernardo O’Higgins tras dos postulaciones fallidas. “Se formó con mucha tenacidad. No era una persona brillante intelectualmente, pero fue subiendo escalón a escalón al interior del Ejército chileno durante 38 años”, detalló. 

Amorós señaló que el jefe del Ejercito en ese entonces pensó mucho si incorporarse o no al golpe de Estado al igual que sus conspiradores, como lo fue Sergio Arellano Stark, quien hoy es reconocido por haber encabezado la Caravana de la Muerte. El historiador sostuvo que para quienes conocieron a Pinochet previo al 11 de septiembre de 1973, fue sorprendente que la noche del bombardeo a La Moneda él era uno más de los cuatro generales que lideraban la Junta Militar, pero “en apenas 15 meses se nombra así mismo Presidente de la República”. 

“Ese hombre abominó siempre la política. Pinochet fue un político notable como dictador, supo crear un régimen personalista (…), hizo del terror y la violación de los derechos humanos un instrumento político para llevar a cabo esa refundación del país, de la mano de los Chicago boys y de los civiles de derecha, principalmente de Jaime Gúzman”, detalló.

Respecto a la autocrítica que al día de hoy tienen o no los distintos partidos políticos, el periodista comentó que “durante 50 años se le ha pedido a la izquierda chilena que de cuenta de esa retórica exagerada que tenía” Carlos Altamirano y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), a pesar de que era imposible que sostuvieran una lucha real ante las Fuerzas Armadas por el poder en Chile. 

Sin embargo, “quienes tuvieron el papel de desconocer el triunfo del Presidente Allende en las urnas del año 70, quienes fueran a Washington a implorar ante Nixon y Kissinger -como fue el caso de Agustin Edwards- un golpe de Estado en Chile, que la potencia occidental interviniera y agrediera la soberanía del país, estos sectores que son dominantes en Chile, que controlan los medios (de comunicación) y el poder económico, que controlan lo que se habla y se discute en la sociedad chilena, nadie les ha pedido cuentas y ellos sienten que no tienen que hacerlo, ni siquiera hoy. Nunca lo han hecho y parece que no lo van a hacer”, argumentó.

De esa manera, Amorós expuso que tales sectores tienen una gran responsabilidad en cuanto a la toma de poder de Pinochet, “sobre todo la Democracia Cristiana porque después del golpe tardó dos años en darse cuenta de lo que era la dictadura de Pinochet”. 

El rol de la izquierda 

El historiador español, Mario Amorós, sostuvo que “dentro de la izquierda chilena y de la Unidad Popular faltó unidad, faltó cohesión en torno a una estrategia política clara, compartida y a la que todos los actores de la izquierda fueran leales”. 

De acuerdo al escritor, a partir de 1972 comienzan a quedar en evidencia las disputas y diferencias al interior de la izquierda, como aquella entre el Partido Comunista y el MIR, entre el Partido Socialista y el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU). “Faltó una unidad como la requería un gobierno como el de Salvador Allende, con tantos enemigos dentro y fuera de Chile”, dijo. 

No obstante, Amorós reprochó que el rol de la izquierda sea “el gran tema” que ha primado en los medios de comunicación tradicionales en Chile los últimos meses.  

“Evidentemente las circunstancias en las que estaba Chile en el invierno 1973 eran muy difíciles. La crisis económica, la polarización absoluta de la población, el grado de odio de los sectores opuestos al gobierno de la Unidad Popular era notorio y tenemos que recordar los paros patronales ”, comentó.

En esa misma línea, el historiador planteó que a pesar del discurso de Carlos Altamirano el 9 de septiembre en el Estadio Chile (actual Víctor Jara) -en donde afirmó que si la actitud de la oposición de la época continuaba no dudarían en que el país fuera un nuevo Vietnam (en referencia a la guerra que vivió el país asiático entre 1955 y 1975)-, “el gobierno de la Unidad Popular el 11 de septiembre iba a llamar a plebiscito”.

“Iban a llamar al país a las urnas para encontrar una solución democrática. El propio Allende sabía que las posibilidades de perder eran grandes, pero él entendía que era la forma de evitar una guerra civil”, manifestó Amorós.

 

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