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“Perder teorías”: vivir es esperar

Felipe Reyes |Lunes 8 de agosto 2016 12:53 hrs.

Vila-Matas

En esta breve novela publicada por la nueva editorial porteña Kindberg, el escritor catalán Enrique Vila-Matas reflexiona sobre la espera como condición fundamental del hombre, y como tema literario de reconocidos escritores.

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En esta breve novela publicada por la nueva editorial porteña Kindberg, el escritor catalán Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), como en varias de sus obras anteriores, conocemos a un evidente alter ego de su autor, un escritor que viaja a la ciudad francesa de Lyon invitado por una organización cultural a dar una conferencia sobre las relaciones entre la ficción y la realidad. Una vez en el hotel, se da cuenta que nadie de la organización ha ido a recibirlo y recuerda lo ocurrido al escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, quien vivió algo parecido. Entonces, convertido en un “esperador”, disfruta esa soledad y se lanza a la escritura automática para desarrollar una personal teoría sobre la novela del siglo XXI, a la vez que reflexiona sobre la espera como condición fundamental del hombre y, por supuesto, como tema literario de algunos reconocidos autores como Gerard de Nerval, André Breton, Dino Buzatti, Kafka, Coetzee, Beckett y, sobre todo, Julien Gracq, quien cruza toda la historia de Vila-Matas con su novela “El mar de las Sirtes” (1951), pues según el personaje-escritor la obra del francés no solo representa un ejemplo perfecto del tratamiento de la espera en la literatura, sino que también es un libro avanzado a su tiempo y que cumple con los cinco requisitos “irrenunciables e imprescindibles” que debe tener la novela en el siglo XXI según nuestro narrador:

  • La “intertextualidad” (escrita así, entrecomillas).
  • Las conexiones con la alta poesía.
  • La escritura vista como un reloj que avanza.
  • La victoria del estilo sobre la trama.
  • La conciencia de un paisaje moral ruinoso.

En “Perder teorías” una vez más nos enfrentamos a esas señas de identidad de su autor: un nutrido catálogo de referencias literarias – reales (rastreables) e inventadas –, y sus desvelos y obsesiones en el oficio: la “intertextualidad”, o cómo nutrir la novela sin caer en el plagio, con ideas y tópicos de otros libros, no de manera directa, sino dejando que fluya del río de la tradición literaria. No hay escritor que no busque su eslabón en la cadena ininterrumpida de escritores. Pero a Vila-Matas le interesa más limar la cadena, romperla para insertar enlaces falsos. Su personaje-escritor ironiza sobre la erudición académica para aventurarse con un discurso propio, y como es la ilusión de todo escritor, que sea único y singular.

“Todo verdadero narrador tiene que tratar de inventar su teoría sobre la literatura y transmitirla a través de la obra que, al llevarla a la práctica, nos propone”. Anota Vila-Matas, “parafraseando a Antonio Machado, hacer teoría al andar. Y andar para mí es escribir directamente una novela, que es un modo muy directo de hacer teoría”.

El personaje-escritor también se detiene en la poesía y en la teoría que desmenuza y acaricia el lenguaje, para luego volver a sus cavilaciones sobre el triunfo del estilo sobre la trama, esos cimientos sobre los que se construye la novela, y a la vez, la válvula de escape que oxigena al escritor en el duro camino de cargar sobre sus hombros la antigua maleta de “el tema”, así podrá volcarse con plena libertad a su labor. Después de todo, hay pocas tramas y muchos caminos por recorrer con “la forma”, esa materia prima fundamental en la construcción de la muralla novelística.

Y en esas cavilaciones del “esperador”, del personaje-escritor, la conclusión llega como un inesperado rayo de luz: el mundo es una gran sala de espera. Vivir es siempre esperar. La espera, que para Kafka es una dimensión espiritual del hombre, es mucho más que una pausa temporal en la que se pone a prueba la esperanza o la desesperanza, es un estado metafísico relacionado con el silencio, la profundidad y la paciencia, “el sentido de la vida, decía, había que buscarlo en el sentido de la espera”, concluye Vila-Matas.

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Perder teorías
Enrique Vila-Matas
Editorial Kindberg 74 páginas.