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Crónica | Huertos urbanos: Un respiro en la ciudad

Yasna Mussa |Sábado 4 de febrero 2017 12:21 hrs.

Huertos urbanos

Iniciativas que se han multiplicado en los últimos años dentro de la llamada "selva de cemento". Plantaciones, jardines, huertas medicinales e invernaderos que han surgido de proyectos privados, municipales o vecinales, y que hoy conforman una red de intercambio y capacitación que cada vez toma más fuerza.

En momentos en que el medio ambiente pide a gritos tomar consciencia, replantearse la forestación y conectarse con las necesidades de cada ecosistema, los huertos urbanos avanzan de manera silenciosa pero segura en medio de la selva de cemento de la gran capital.

Si bien su origen se atribuye al período de entreguerras, cuando en Europa o Estados Unidos no podían depender de la importación de alimentos y tuvieron que ingeniárselas para plantar en pequeños espacios de la ciudad; en la posguerra tomó fuerza de la mano de movimientos ecologistas y como rechazo a la dependencia a los grandes supermercados o la producción a gran escala.

Chile no se ha quedado atrás y en medio del frío y gris concreto citadino surgen espacios verdes que se cuelan entre la agitación cotidiana, entregando un lugar donde la naturaleza sigue su curso a su propio ritmo.

“Empezamos con distintos huertos en distintos espacios de la comuna especialmente en escuelas, jardines infantiles, juntas de vecinos y ahora último se están agregando los Centro de Salud Familiar (Cesfam) de la comuna. En cada uno de estos centros tenemos un huerto y realizamos talleres, capacitamos a los vecinos, y la idea es que se mantengan los espacios en los barrios”, explica Carolina Hurtado, encargada del huerto urbano llamado Viventerio. “En este espacio en específico que es el Viventerio, nos dedicamos, principalmente, a reproducir todas las plantas que van a alimentar todos los huertos. Reproducimos plantas medicinales y también ocupamos este espacio como centro educativo, de distintas técnicas agroecológicas”, dice Hurtado.

El Viventerio es gestionado por la Dirección de Medio Ambiente, Aseo y Ornato (Dimao) de la Municipalidad de Recoleta y ha sido impulsado en los últimos 5 años por la actual administración de la comuna, encabezada por el alcalde Daniel Jadue. Hurtado es enfática en recalcar la constante retroalimentación que existe con las comunidades pues de ellos, pobladores y vecinos, surgen las propuestas y por lo mismo su implementación ha tenido una respuesta tanto positiva como activa.

“Los espacios que tenemos en junta de vecinos, por ejemplo, tratamos de recuperar espacios comunes de los barrios. Tenemos un huerto que antes era un micro basural y las personas lo recuperaron y entonces ahora es un huerto productivo y pueden tener sus verduras, etcétera. Hay otra organización, por ejemplo, que se interesó más por la medicina. Entonces los ayudamos a capacitarse para hacer preparados medicinales y distintos temas de medicina alternativa, entonces el primer paso es que las señoras dejaron de tomar algún remedio tradicional y ocupan sus propias plantitas y tienen su propia botica viva”, subraya Hurtado.

Si bien el espacio existe desde hace más de 20 años, no siempre fue un vergel. “En un principio el vivero funcionaba como vivero de flores del cementerio. Por mucho tiempo estuvo abandonado y muy dejado de lado, y le quisimos poner el nombre de Viventerio por eso mismo, como para poder renovar la energía, para que este espacio sea un espacio de vida también, de generar más actividad. Aquí hay alimentos también que podemos utilizar y también se va generando vida, yo diría comunitaria. La gente viene a ocupar este espacio y lo disfruta. No es como el cementerio que tiene otra carga. Acá la gente viene a celebrar, a disfrutar”, dice Hurtado para explicar el origen del nombre Viventerio, ubicado dentro del Cementerio General, entre las calles La Unión y Profesor Zañartu.

Aunque en Santiago existen más de 40 huertos urbanos que conjugan áreas verdes con sustentabilidad, no todas las iniciativas tienen el mismo origen o igual misión. En el caso de la huerta Matucana 100, espacio perteneciente al centro cultural con el mismo nombre, surgió como una instalación de la artista visual Caterina Purdy en torno a la programación del centro.

“Matucana se está concibiendo como un centro de cultura contemporánea, un concepto un poco más amplio, donde las artes claramente son una expresión de la cultura, pero no son la única expresión. Las huertas y todo lo que está sucediendo con el interés en recuperar espacios para cultivar no sólo plantas, sino también cultivar relaciones entre comunidades es algo que nosotros hemos visto como un eje, un factor fundamental. Entonces la huerta es nuestro principal mecanismo que nos permite también experimentar con ciertas dinámicas”, explica Gonzalo Bustamante, coordinador de Educación y Ambientación de Matucana 100.

Bustamante trabaja en conjunto con Carla Aravena, coordinadora del Programa de Cultura Ambiental de Matucana 100, con amplia experiencia en huertos urbanos y encargada de gestionar el espacio junto a organizaciones externas interesadas en aprender o dictar talleres en este rincón diseñado con palets y que incluye una pequeña laguna, producción de plantas, hortalizas y hierbas medicinales.

“Lo que hacemos es una articulación de distintas otras organizaciones para que ellas hagan su trabajo acá. Yo puedo proponer una idea y de ahí se trabaja en conjunto sobre cómo desarrollarla acá, pero la desarrolla finalmente otra organización, es una plataforma. Con la comunidad tenemos un trabajo solo a nivel de las organizaciones. Ya tenemos vínculos con la Usach y la idea es durante este año poder reactivar, poder desarrollar proyectos con ellos y ya estamos trabajando con la huerta que está en Quinta Normal”, dice Aravena.

Existen tantas formas de crear un huerto como alcance la imaginación y el bolsillo. Una de las alternativas más sustentables y flexibles es con el uso de palet, esos armazones de madera empleados en el movimiento de carga con grúas y que se reutilizan para muebles, estantes y en este caso, en jardines y huertas donde su capacidad de adaptación permite crear desde macetas hasta soportes para huertas verticales.

“Hay muchas propuestas arquitectónicas en torno al uso del palet, como un soporte para poder construir. A nosotros nos permite también ser flexibles en el diseño: se arma o se desarma como si fuera un lego, y eso es bueno porque nos da la flexibilidad. Ahora vamos a hacer ciertos cambios en la huerta, vamos a recuperar espacios para plantar. Porque hay que entender todos estos espacios como ecosistemas y estos son complejos, pero también implica que se intencionan ciertas acciones. Entonces por ejemplo, sabemos que si tenemos ciertas plantas van a llegar ciertos bichitos, y lo que se está haciendo con el estanque ahora tiene que ver con eso”, enfatiza Bustamante.

Según un estudio realizado por la Red de Agricultura Urbana, la RAU, en 2012, un 36 por ciento de estas chacras urbanas en Santiago estarían destinadas al autoconsumo; un 24 por ciento para la educación; un 15 por ciento a plantas terapéuticas con propiedades medicinales y un 14 por ciento al carácter estético y paisajismo. En cualquiera de sus usos, los huertos urbanos se expanden por la ciudad y prometen llenar de verde y oxígeno el ajetreo de la capital.