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Año XIV, 29 de noviembre de 2022

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Piojo de Mar: ¿La última estocada a la industria salmonera?

El Caligus o “piojo de mar” podría convertirse en la nueva amenaza sanitaria en la industria salmonera. A través de este parásito pueden instalarse otras peligrosas enfermedades como el ISA y el SRS, las que mantienen en alerta a las autoridades de pesca. Radio Universidad de Chile conversó con el biólogo, Héctor Kol, sobre las características de esta plaga, sus alcances y riesgos.

Paula Correa

  Lunes 25 de marzo 2013 21:05 hrs. 
salmon

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“Estamos con los ojos muy abiertos para ver qué está pasando y cuáles son las acciones a tomar”, afirmó el subsecretario de Pesca, Pablo Galilea al ser consultado por el revuelo que ha producido el alarmante aumento del Cáligus o piojo de mar.

En entrevista con La Tercera la autoridad sanitaria reconoció que hay inquietud por el tema y que en abril se adoptarán medidas. Entre ellas se está evaluando el declarar como “zona de saturación” a la novena y décima región, y sancionar a las empresas  frente a una determinada cantidad de piojos por ejemplar.

Para el biólogo de la Universidad de Chile, Héctor Kol, estas medidas son insuficientes, ya que no apuntan a combatir el problema de raíz, lo que requiere comprender la naturaleza del fenómeno.

“Aquí fue inserto el salmón y se encontró con un parásito que no pudo resistir. Este organismo es endémico y los salmones no estaban preparados para enfrentarse a una plaga. Eso fue favorecido por las prácticas indeseables de la industria respecto del tratamiento en el medio acuático que se han mantenido hasta ahora”, dijo el experto.

El también integrante de la Fundación Pumalín, añadió que este invertebrado vive en el agua, no en los peces y comenzó a actuar en 2004, fecha desde la que ha presentado mutaciones, haciendo frente a los distintos mecanismos de control. Además, se ha expandido, ya que antes se detectaban dos o cuatro cáligus en róbalos, por ejemplo, pero que este último tiempo se han llegado a encontrar hasta 400 piojos por salmón.

Por ello Kol ya sostenía en 2007 – un año antes de la crisis del virus ISA – que esta era “una enfermedad terminal”, considerando que el piojo de mar es un trampolín que favorece la generación de otras graves enfermedades como el mismo ISA o el SRS.

“Existen publicaciones bastante antiguas que le atribuyen al cáligus propiedades de vectorizar enfermedades como el ISA. Ese es un efecto directo que produciría el Cáligus. De una manera indirecta favorece las enfermedades al causar estrés en el salmón, lo debilita, le baja las defensas y, por lo tanto, permite la acción de otras enfermedades”, precisó el académico.

Entre estas malas prácticas que permitieron la proliferación del parásito destacó la forma de contabilizar los piojos por salmón, al ocultamiento de información y los malos manejos sanitarios.  Además, los mismos ejecutivos de esta industria han sostenido que el aumento de biomasa ha gatillado los problemas de control del Cáligus.

Para Kol, allí los inversionistas están reconociendo es que hay un hacinamiento de los peces en el agua. “La densidad estándar que hoy se utiliza son 17 kilos de pescado en un metro cúbico de agua. Así no hay ninguna forma de que una enfermedad no se propague”, añadió.

Además, apuntó a otro tipo de conductas como la utilización de antibióticos que sólo van inmunizando  al micro-organismo y a los baños de pesticidas, los que dañan la salud humana.

“Por supuesto que son tóxicos. Son pesticidas que no son biodegradables. que son bioacumulables y que son injeridos cada vez que se consume un pescado que sale del mar de las regiones afectadas”, aseguró.

Este escenario no sólo afectaría la salud,  afirmó, sino que “han atentado también contra la pesca artesanal, contaminando nuestra única forma de producción orgánica de alimentos”.

En ese sentido, el especialista sostuvo que la industria del salmón “no respeta las leyes”, porque sabe que el Servicio Nacional de Pesca “no tiene anchas propias”, ya que no cuentan con recursos ni instalaciones para ir a fiscalizar de forma presencial, por lo que deben “fiscalizar por encuesta” o confiar en la buena voluntad de las declaraciones de los propios empresarios.

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