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Año XIV, 2 de octubre de 2022

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A 40 años del golpe de Estado

Vladimiro Mimica: “No habrá nunca reconciliación, mientras no exista verdad en este país”

El periodista y relator deportivo, conversó con Juan Pablo Cárdenas, acerca de su experiencia como prisionero político en el campo de concentración del Estadio Nacional, luego del golpe de Estado de 1973. "Yo me pregunto si hay algún candidato a la presidencia que esté dispuesto a derogar la ley de amnistía, porque no habrá nunca reconciliación mientras no exista verdad en este país", sostuvo el ex edil de Punta Arenas.

Claudio Medrano

  Miércoles 11 de septiembre 2013 11:20 hrs. 
vladimiro mimica

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El periodista y relator deportivo, que actualmente conduce el programa “Alo alcalde” de nuestra emisora, conversó con Juan Pablo Cárdenas acerca de su experiencia luego del golpe de Estado de 1973, cuando fue detenido y trasladado el campo de concentración dispuesto en el Estadio Nacional, donde permaneció 20 días detenido, siendo víctima de tortura y otros vejámenes por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet.

El ex alcalde de Punta Arenas, repasa también otros aspectos que se encuentran pendientes en nuestra sociedad, como el establecimiento de la verdad y la justicia para con los familiares de Detenidos Desaparecidos y la aplicación de la ley de amnistía que permitió que muchos de los crímenes cometidos durante la dictadura quedaran impunes.

Nosotros conocemos algo de tu historia, pero no toda tu historia. Tú fuiste una de las personas que estuvo detenida en el Estadio Nacional, ¿Cuántos días permaneciste ahí y cuáles fueron los cargos que se te imputaban?

Estuve poco más de 20 días, desde el 11 de octubre. Yo tuve la oportunidad de ver el parte del cual se me acusaba, fui trasladado desde la Torre de San Borja donde vivía con mi hermano hasta una comisaría de carabineros y donde el capitán a cargo de la comisaria escuchaba la radio. Yo trabajaba en Radio Magallanes en aquél tiempo, era relativamente conocido, por lo mismo, tuve un trato muy preferente, por lo cual me pidió que me comiera todos los documentos que tuviera a mano, para eso me acercó un vaso de leche, yo deshoje una libreta que tenía y literalmente me la comí y de ahí fue traslado en un bus de carabineros al Estadio Nacional. Tú me preguntabas de qué se me acusaba, se me acusaba de activista peligroso y posteriormente me di cuenta, que ese activista estaba acusado de tener armas y de estar disparando desde la Torre de San Borja defendiendo al gobierno de Salvador Allende. Me di cuenta de eso porque lo único de que se me consultaba en los interrogatorios era dónde estaban las armas, me decían que mi hermano ya había declarado, que había sido fusilado, que mi polola de aquél entonces había sido violada, en un trabajo psicológico que mina la resistencia de cualquier persona. Pero como yo nunca había tenido un arma en mis manos, podrían haber estado meses interrogándome, y aun así no hubiese dado ninguna información porque no la tenía. Pero todo esto nace por mi militancia, yo en ese tiempo era militante del Partido Socialista y por haber tenido el privilegio de haber acompañado a Salvador Allende durante muchos meses y kilómetros por los caminos de la Patagonia, cuando Salvador Allende era candidato a Senador por mi región y luego candidato a la presidencia, de verdad tuve el privilegio de conocer en profundidad la vida y obra de Salvador Allende y creo que eso fue significativo para mi acusación, de lo que viví en el Estadio Nacional y lo que posteriormente significó un exilio, no prolongado afortunadamente, en Argentina durante los años 74 y 75.

No quiero entrar en los detalles, pero claramente tú fuiste torturado como muchos otros en el Estadio Nacional y digo esto porque hay quienes quieren afirmar, como Manuel Contreras que no hubo violaciones a los Derechos Humanos, tú eras un militante de un partido, eso no es ningún delito, eres un periodista ¿Cómo es que tú escapas de esta situación con vida?

Yo también trabajaba en el canal de la Universidad de Chile, hacía “Café campeón”, programa que dirigía Toño Freire y era coordinador de la Corporación de Magallanes de Santiago, que era como la Junta de Alto de Arica, cargos de confianza. ¿Cómo salí?, francamente no me explico. Cuando me detuvieron pensé que mi destino era la Isla Dawson, porque ahí estaban mis amigos, tuve fortuna. Ayer viendo con mis hijos la entrevista a Manuel Contreras, ver que cuando no se le mueve una ceja para decir que no se torturó, para decir que eran campos de estancia corta y relativa, sólo para tomar la identidad de los detenidos. Yo creo que nadie de los que estuvieron en el Estadio Nacional se salvó de la tortura. Yo tengo recuerdos imborrables, como por ejemplo, ver al hijo de Luis Corvalán, quien luego de salir del Estadio Nacional va al exilio y muere al poco tiempo. Durante las noches era difícil conciliar el sueño producto de los gritos desgarradores de quienes volvían de la tortura. Nosotros siempre cubiertos con una frazada en el Velódromo del Estadio Nacional, desde el momento en que abandonábamos la cancha central, éramos agredidos permanente por quienes nos conducían y por quienes nos interrogaban posteriormente.

¿Estamos hablando de cientos, de miles de personas?

Yo creo que en el momento en que llegué al Estadio Nacional había por lo menos 7 mil presos políticos, las mujeres estaban en el sector de la piscina, yo me encontré con ellas sólo después de un interrogatorio en que salí en muy malas condiciones y recuerdo perfectamente a la hermana de Anselmo Sule, ya fallecida, era una mujer valiente, dirigente de la salud, bastante mayor que yo y recuerdo que ella me cobija y me dice “que no se te de nada, que me acaban de manguerear desnuda así como me ves gorda” y recuerdo que al lado de ella había una muchacha joven, que era psicóloga del Hospital J.J. Aguirre que me dice “que no se te de nada, que acaban de eyacular en mis senos”, eso pasaba en el Estadio Nacional, los fusilamientos, los simulacros de fusilamiento por la noche, con un trabajo psicológico que a nadie se lo quiero dar y las secuelas físicas que han dejado en cada uno de los presos. Yo me he encontrado con muchos compañeros impedidos de caminar, otros que se suicidaron, otros que terminaron alcohólicos y quiero agregar que yo fui invitado por ESPN a declarar en un documental que se está preparando del Estadio Nacional y que será transmitido antes del mundial, recuerdo la iniciativa de amnistía de no gritar el primer gol ante Venezuela, yo creo que el camino estuvo equivocado, pero yo creo que el deporte y el futbol chileno están en deuda con la sociedad, con Chile; no ha habido un acto de reparación del futbol y del deporte en el Estadio Nacional, el único acto que yo recuerdo fue durante la visita del Papa, pero ese fue un acto con la cristiandad, el deporte no ha hecho nada.

A mí me recordaban de aquel partido suspendido entre Chile y la URSS por las clasificatorias al mundial de Alemania, porque el Estadio Nacional fue desalojado precisamente para ese partido y fueron las autoridades de la FIFA, con las autoridades del fútbol chileno de aquel tiempo, quienes revisaron el estadio e informaron que todo era normal, que los presos gozaban de buena salud y de buen trato, la FIFA se prestó para este juego, la FIFA suspendió a Chile cuando fue el “Maracanazo”, pero no fue capaz de suspender el estadio cuando fue transformado en un campo de concentración, con muertos, heridos, violados, torturados, en consecuencia, el fútbol y el deporte están en deuda con la sociedad chilena y espero que se realice un acto de reparación en el próximo gobierno.

Yo entiendo que tuviste un encuentro fortuito que podría explicar que te hayan liberado más adelante, alguien te identifico.

Hoy pareciera que ese gesto no tiene gran trascendencia, pero había que estar ahí. El día en que el cardenal Raúl Silva Henríquez ocurre esto. Para nosotros fue de gran esperanza que el cardenal nos visitara, pero antes ya había ido Cruz Roja Internacional y lo cierto es que los presos estábamos tras las rejas, bajo la tribuna, no teníamos acceso de dialogar con la gente que iba a visitarnos, sin embargo junto al cardenal Silva en aquel momento, entre los periodistas, fue Patricio Amigo, él trabajaba en TVN, al que yo conocí en Punta Arenas durante una campaña senatorial, fuimos amigos y Patricio se me acercó y me preguntó “¿en que te puedo ayudar?”, y yo le dije “contacta a mi familia” y lo hizo, en aquel tiempo todos se corrían, uno era peligroso y ese fue un paso muy importante porque nuestras familias estaban muy desesperadas sin saber que pasaba con nosotros y lo otro ocurría a las salidas. Tú abandonabas el estadio de noche, en pleno toque de queda, sin plata en los bolsillos y tú te preguntabas ¿Adónde voy? Pero ahí una vez más afloraba la solidaridad de la gente, primero había muchas personas que esperaban a sus familiares y ellos te ponían plata en los bolsillos o los choferes de la locomoción colectiva te llevaban gratis. Ayer Contreras decía que tenía 50 mil informantes delatando a sus vecinos, pero al mismo tiempo yo creo que hubo millones de personas que demostraron su solidaridad en ese tiempo.

¿Y saliste del estadio sin cargo alguno?

Salí del estadio aparentemente sin cargo, pero yo recuerdo que mi padre me invitó a almorzar al otro día, con algunos amigos y cuando termina el almuerzo volvemos a mi departamento y veo que había un furgón de la Fuerza Aérea donde le dicen a mi papá que necesitan interrogarme nuevamente, preguntándome por una persona que me había ido a visitar al estadio, el Coronel Stock, que trabajaba conmigo en la Corporación de Magallanes y que posteriormente también la pasó mal. Luego yo me voy a Punta Arenas, yo no quería ir, pero mi papá insistió tanto en que fuera a pasar el año nuevo con él, que yo llegó el día 30 y el día 31 me vuelven a detener. Me largan cerca de la medianoche, gracias a la intervención de monseñor Alejandro Goic y la última fue cuando ya estaba trabajando de pleno en Chile, en “Deporte Total” de Radio Minería, después del atentado a Pinochet. Yo viaje a Colombia con un grupo de mineros de El Salvador y entre ellos iba un ingeniero de apellido Bunster que posteriormente fue sindicado como el cerebro del atentado a Pinochet y revisaron la lista de pasajeros y el único con antecedentes políticos era yo, entonces me buscaron por cielo, mar y tierra hasta que enfrenté a la policía política de investigaciones para buscar antecedentes de mi relación con Bunster a quien yo no conocía. Había fotos mías con él porque yo me saque fotos con la barra durante el viaje a Cali.

Yo soy de aquellos que buscan la reconciliación pero ésta debe ocurrir cuando haya real justicia. Yo escuchaba a doña Ana González, quien perdió a 5 familiares y cuando hay tantos casos como ella, donde no se sabe lo que ha ocurrido, yo me pregunto si hay algún candidato a la presidencia que esté dispuesto a derogar la ley de amnistía, porque no habrá nunca reconciliación mientras no exista verdad en este país.

Escuche la entrevista completa aquí

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