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Año XI, 22 de agosto de 2019

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Mario Waissbluth: “Profesores y alumnos están en una jaula de ardillas”

El experto en educación, Mario Waissbluth, conversó con Juan Pablo Cárdenas sobre su último libro “Cambio de rumbo, una nueva vía chilena a la educación", en el cual se plantean los principales problemas y desafíos del sistema educacional en el país. A su juicio, el abuso de los test estandarizados, como el Simce, es uno de los principales responsables de la segregación.

Diario Uchile

  Viernes 11 de octubre 2013 20:25 hrs. 
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En una edición especial del Departamento de Prensa de Radio Universidad de Chile dedicada a la educación, Juan Pablo Cárdenas conversó con el profesor Mario Waissbluth, ingeniero civil de la Universidad de Chile y Coordinador Nacional de Educación 2020, sobre los temas incluidos en su nuevo libro “Cambio de rumbo, una nueva vía chilena a la educación”, que diagnostica la situación educacional de nuestro país, analizando comparativamente lo que sucede en otros países del mundo respecto de este tema.

Todo el mundo dice que Chile vive una crisis de su sistema educacional, lugar común al que siempre se le agrega el prejuicio de que tuvimos alguna vez un pasado exitoso en la educación pública, un compromiso del Estado en esta tarea gigantesca de educar a los chilenos. ¿Por qué podemos decir que estamos en crisis cuando en varios aspectos tenemos una situación mejor que la de otros países en materia educacional?

Yo no le pondría ese nombre. El sistema entró en crisis política cuando los estudiantes el 2011 entraron a cuestionar la raíz del modelo educativo y con toda razón. Pero en términos de resultados, de desarrollo del sistema, yo creo que el hecho de que tengamos una cobertura educativa, y me estoy refiriendo a la materia escolar y preescolar, no estoy hablando del escándalo y el negociado de la educación superior y el libro de hecho no se refiere a ese tema, el hecho de que tengamos una tasa de completación de estudios de media superior a la de Estados Unidos y la de muchos países de la OCDE, es una buena noticia, así como el hecho de que nuestro test de PISA sea el mejor de América Latina. Entonces no podemos decir que esto es una crisis y esto va de mal en peor. Mi expresión favorita es que esto tocó techo. Por donde vamos, por el rumbo que vamos, dado los espantosos niveles de segregación social y académica del sistema, inéditos en el mundo, y frente a la destrucción pública que no nos va a permitir reintegrar el sistema educativo tampoco, frente a la destrucción a la que ha sido sometida la carrera docente a lo largo de 30 años, no vamos a seguir. Me temo que en el próximo test de PISA no es que vayamos a caer, pero ya estamos tocando techo.

Ahora, en el libro que estamos comentando se habla de que Chile es uno de los países que ha logrado mayor cobertura, pero también se deja muy claro que la calidad de nuestra educación está fallando. Cuando uno escucha de esta encuesta que habla de que más del 40% de los chilenos son analfabetos funcionales, uno claramente tiene que deducir que la educación está en crisis.

Bueno, es correcto. El sistema, en el fondo, se expandió brutalmente, pero la elite de Chile decidió que le alcanzaba la convicción y el bolsillo para ampliar la cobertura, pero no para tener la cantidad de profesores en la calidad necesaria como para tener una educación de calidad, privada o pública. Esto se fue al chancho a partir incluso del gobierno de Eduardo Frei padre. Ahí es cuando comienza la producción de lo que se llamó en esa época los “profesores Marmicoc”, como la olla de vapor.  Se instaló un sistema de mercado que no existe en ninguna parte del mundo, que produjo la peor segregación del mundo en forma estructural. No es casualidad que donde tengamos el modelo más mercantilizado del mundo y más basado en la competencia en base a indicadores cuantitativos estandarizados como el famoso Simce, lo que se produce automáticamente es la segregación. Nos lo dice Nueva Zelanda, China, muchos países. Pero aquí se persiste en un cierto modelo. Y esto me lleva al tema de la calidad. ¿Qué es calidad? ¿Es contestar una hojita con respuestas múltiples? ¿Eso es calidad de la educación? Yo no digo que no hay que hacer estos test. Pero esto se llevó al extremo de la obsesión. Los profesores y los alumnos están en una jaula de ardillas, todo el día pasando materia para que la pregunten en el Simce. ¿Cuál es el resultado de esto? Que en los test estandarizados a lo mejor a la gente le va bien, regular o mal. ¿Pero salen los chicos con conciencia crítica, capacidad de discutir, capacidad de objetarle al profesor, capacidad de expresión oral y escrita? Esta es una especie de locura tecnocrática que se apoderó del sistema educativo, que ya no es de izquierda o de derecha. Esto es tontera.

Sabemos que el Estado hizo en el pasado esfuerzos enormes por importar profesores. Trajo grandes educadores, destinó recursos para formar profesores. Parece ser que en ese ítem es donde más hemos fallado.

No es sólo en la formación, desgraciadamente es más grave y más profundo. Es que la élite de chile, una élite que casi en forma inmoral, de todos los colores políticos, decidió que la profesión docente no era relevante, exactamente lo contrario que se ha hecho en otras partes del mundo, donde la esencia de los países desarrollados son los profesores y los directores. Una vez que los tengas, no necesitas Simce, evaluación docente, no necesitas currículo. El documento curricular finlandés tiene 40 veces menos grosor que el chileno y eso es porque se han preocupado que sea una de las carreras más relevantes en el país, con unos filtros en el ingreso feroces. Desde ahí para adelante arreglaron el problema y les dan libertad, que es exactamente lo contrario a lo que hemos hecho. Acá no hay libertad, hay libertinaje en la educación, en el cual, hasta el día de hoy, hay escuelas de pedagogía recibiendo chiquillos que no entienden lo que leen y pasándoles un cartón a chicos que no entienden lo que leen y de pasada cobrándoles 4 millones de pesos.

Deduzco de tu libro que hay que ponerle un incentivo a la formación de profesores, que deben ganar más dinero para que los estudiantes se sientan atraídos por la pedagogía. Y veo en los últimos años que estos temas se están denunciando, pero todavía no aparece una iniciativa certera para fortalecer la enseñanza de la pedagogía.

Nuevamente hay una cuestión que es un desafío comunicacional para nosotros, que es que la cosa se “sloganiza”. En el libro menciono ocho ejes estratégicos, sino abordamos los ocho, no hay salida, y yo lo que veo son programas presidenciales que tiran bombitas, pero no hay una aproximación sistémica, que es lo que pretende plantear este libro. Yo no puedo decir que soy el dueño de la verdad, pero por lo menos discutamos un programa coherente, pero no esta cosa de tirar bombitas de soluciones. En el caso particular de crear capacidades humanas en materia docente, aquí hay siete propuestas, una de ellas es la referida al proyecto de ley corta en materia docente, que no es la ley larga de carrera docente, la cual apunta en la dirección correcta, pero que tiene fuertes deficiencias en lo técnico. Podemos discutirlo, pero se necesita una ley de carrera docente integral, desde el ingreso a la pedagogía, hasta el retiro, pasando por todo los ámbitos. Se requiere mejorar mucho en la concursabilidad de los directivos escolares, ahí se juega la mitad del partido. Cuando tienes un directivo decidido en sacar a los chicos adelante…

Te refieres a los rectores de los colegios… ¿Cómo se los recluta?

Ahí nuevamente están las miopías que a mí me desesperan. En países capitalistas avanzados, no te estoy hablando de estados comunistas, hay centros nacionales de liderazgo educativo que se dedican a la detección temprana de futuros directores de escuela, encargándose de su selección, entrenamiento, de darles apoyo cuando están en la pega Aquí se dejó el tema al mercado, el sacrosanto dios mercado proveerá a los buenos directores de escuela. ¿Qué puede ser más importante que tener un buen equipo directivo en las escuelas? He visto cabros excelentes salidos de las escuelas de pedagogía, que llegan a un colegio donde hay un director burócrata y ese cabro no dura tres años ahí. Tenemos una tasa de 40% de deserción de la carrera docente, que no es solo por condiciones laborales, no es solo por condiciones remuneracionales, sino porque están trabajando con directores burócratas que no están interesados en sacar a los chicos adelante.

Me gusta una confesión que haces en tu libro, donde dices que efectivamente eres un social demócrata, a pesar de que yo deduzco de la lectura que se trata de una propuesta revolucionaria. Quizás el énfasis que pones es que, claro, puede haber mercado, puede servir para muchas cosas, pero tajantemente no sirve para la educación.

Eso no lo digo yo, lo dicen los informes de la OCDE sobre Chile. Si aquí la obcecación ideológica es algo alucinante, los informes de la OCDE sobre Chile dicen: Chile le pone un énfasis excesivo a la competencia de mercado en la educación, eso no funciona. No te lo está diciendo la URSS, no lo está diciendo Corea del Norte, te lo están diciendo los países a los cuales quieres pertenecer. En esos países dicen, el mercado si funciona en los automóviles, si funciona en los cepillos de dientes, pero no funciona en la educación. Pero nosotros, los ideólogos de la subsidiariedad, los “Jaime Guzmanistas”, por decirlo de alguna forma, les vamos a enseñar a estos chicos en Holanda, en Singapur cómo se hacen las cosas.

Algo me ha dejado preocupado de la lectura de tu libro, de esta convicción que muchos tienen de que hacer un esfuerzo en lo económico para poner a sus hijos en un buen colegio, puede ser determinante para su futuro. Me da la impresión de que los profesores son los mismos y que no tiene que ver con los colegios, sino con las condiciones socioeconómicas de las familias. Esto me lleva a entender que no se saca nada con reformas en materia de educación si es que no se avanza en equidad económica en el país.

Yo creo que hay que ser bien claro en que no va a ser la educación, únicamente, la que resuelva los problemas sociales de Chile, pero no queremos que el sistema educativo las agrave y ahora las está agravando. Cuando estableces un funesto sistema de financiamiento compartido, inventado por la Concertación, que por esencia te dice “si usted tiene para pagar 400 mil pesos mensuales lo pone en el colegio privado más caro, si tiene 200 en el siguiente, si tiene 100 en el siguiente” y lo pone con niños que pueden pagar 400, 200 o 100 mil pesos, y después pasamos al financiamiento compartido, si alguien me dice que eso no estratifica socialmente yo no sé qué fumó. Es como que te dijera ¿dame una manera de estratificar y clasificar socioeconomicamente en Chile? Y te respondo “a ver, déjame ver… financiamiento compartido”. Era la receta perfecta, esto lo hizo el ministro Arrate, de la izquierda extraparlamentaria, una de las mayores paradojas de la historia. Ahora, hay que destacar que la integración escolar no es solamente por un problema ético o por un problema de cohesión social. Cuando tienes a los chicos segregados desde que tienen tres años de edad, que no conocen los rubiecitos a los castañitos, los castañitos a los morenitos, no esperes cohesión social. Pero aparte, quiero destacar que todos los experimentos de integración escolar que se están haciendo en el mundo demuestran que no sólo es bueno para los niños de escasos recursos, sino que también para los de mejores recursos. O sea, cuando tú integras das una educación más comprensiva, aprenden a convivir y a relacionarse en distintos estratos.

Me quedó una sensación amarga en la lectura del libro, porque pensé que aquí había una profunda dosis de cinismo o de profundo error de los familiares, de los padres. Con mucha frecuencia he escuchado a padres que dicen que no les importa el colegio que sea, sino que se junte con niños que en el futuro tendrán poder.

Yo no critico a los padres, los apoderados han sido puestos en un sistema y un padre quiere que a los hijos les vaya mejor en la vida. Y si a ti te ponen en un sistema segregado, es comprensible que los padres digan que quieren estar en un colegio que tenga mejor Simce. Lo que pasa es que con eso le estamos pudriendo el alma a Chile. Ahora, quiero transmitir la señal que aquí no se trata de integrar a patadas las escuelas, de obligar a los padres a reintegrarse, porque no es lo razonable. ¿Cuál es para nosotros uno de los elementos centrales? Primero, eliminar los incentivos segregadores, el financiamiento compartido, los incentivos de segregación académica que son feroces. A las escuelas les convienes deshacerse de los niños menos aventajados, aún de familias de buenos ingresos. ¿Para qué? Para descremar y quedarte con la crema. Eso no pasa en ningún país del mundo, pero pasa en Chile.

El sistema pone el incentivo del lucro en la educación y ahí puede estar el origen de mucho de esto.¿Habría que terminar con el lucro, pero en forma radical, también en la etapa escolar?

Yo creo que hay que distinguir un sistema de competencia de mercado, de un sistema de mercado con lucro y con financiamiento compartido, son tres dimensiones. La sola competencia de mercado aunque sea entre ONG y la competencia es porque yo te robo el chico y se trae la subvención conmigo, o sea, esa sola subvención, esa competencia ya te induce a descremar. Deshagámonos de los peores alumnos, tratemos de conseguir los alumnos más ricos posible porque así aún sin mejorar a los profesores ni los programas nos sube el resultado. Eso está construido por el sólo hecho de la competencia de mercado. Agrégale a eso el lucro, que queremos ganar más plata, descrememos, nos conviene descremar, conseguir a los chicos de mejor ingreso posible, eliminar los peores alumnos cada año, porque eso nos cubre los resultados de la PSU aún sin mejorar los profesores y por lo tanto entran más alumnos, ganamos más plata, esa es la segunda tuerca. La tercera es el financiamiento compartido que te segrega por definición. Vuelvo a insistir, el tema es sistemáticamente complejo. ¿Es el lucro lo primero que hay que terminar? Yo creo que no, hay que terminarlo muy gradualmente. En primer lugar, porque no me pueden expropiar cuatro mil escuelas con fines de lucro, tendrías que gastarte 4 mil o 5 mil millones de dólares para expropiar 4 mil o 5 mil escuelas. No podemos andar tirando al boleo. Hay escuelas con fines de lucro que son serias, que son decentes, que hacen bien su pega, que no segregan, que hacen esfuerzos por integrar alumnos y que no tratan de ganar en forma exorbitante. Pero también las hay de las otras, de las chantas en este sistema de libertinaje que hemos creado.

¿Todo esto fue un cúmulo de torpeza, de equivocaciones, o solo hubo intención? Lo digo porque varias décadas atrás la dictadura empezó a suprimir todas las escuelas agrícolas de este país y los patrones de fundo decían esto es muy bueno porque es importante que los campesinos sean inquilinos, porque a la hora que estudian van a cobrar más por su trabajo, lo que era una visión muy chata, cuando se demuestra que la formación es tan importante para el buen cumplimiento de las labores agrícolas también. ¿Qué conclusión tiene tú respecto de eso?

Yo diría que hay tres vertientes. Una es el ideologismo obsesionado del modelo chileno subsidiarista, ideologizado, mercantilizado. Hay gente que no es que sea maligna, lo cree de corazón, no le importa la evidencia, no le importa lo que diga la OCDE, es como una convicción religiosa en el modelo: se creen el cuento y eso lo hace más difícil, porque es una convicción y le puedes mostrar todos los datos que quieras y es como la convicción en la Virgen María, no te la puedo discutir con evidencia, es un problema de fe ideológica. Luego están los malignos, que dicen ¡y vamos a pagar impuestos para esta lesera! Pero hay una tercera que es la que más me preocupa, que es la de la complicidad pasiva. Aquí hay en la elite complicidad pasiva de este tipo de agresiones sociales que se aplica a millones, entonces es una violación de derechos humanos mucho menor, pero que se aplica a millones. En esto hay complicidad pasiva de la elite y dicen que están saliendo 150 mil chiquillos al año que no entienden lo que leen.

En este caso esta complicidad pasiva habría comprometido mucho a los Gobiernos de la Concertación. ¿Cuál es la evaluación que se puede hacer ahora respecto de los que se hizo?

Durante mucho tiempo yo me trague el cuento. En algún momento fui de la Concertación, ahora no soy de nadie, soy presidente de Educación 2020. Las cosas hay que decirlas por su nombre, este modelo lo invento Pinochet en la esencia y en la Concertación no sólo hubo complicidad pasiva con el modelo, sino que algunos se empezaron hasta entusiasmar con él. Ya no me trago el cuento de que aquí no pudimos hacer más reformas porque no nos dejaba la derecha en el Congreso. Hay gente que auténticamente dentro de la Concertación trato de modificar el modelo y que muchas veces la derecha lo paró, pero hay ex ministros de Educación que realmente estaban fascinados con este modelo y que lo andaban difundiendo por el mundo como la gran gracia de Chile.

¿Se está a tiempo de hacer una reforma en educación superior para que pueda mejorar?

Yo diría que nuevamente no puede uno “sloganizar” la educación superior, el conjunto de medidas es amplio. Me da pena que ayer apareció el programa de medidas inmediatas de la Nueva Mayoría, que son muy fáciles. La primera es una Ley de Transparencia del Sistema Educativo, la apruebas en 15 días y está propuesta por senadores desde hace 3 años, muy simple, pero feroz en sus consecuencias. Cada institución de educación superior, escolar, media, preescolar, de todo tipo, va a tener que poner un sitio web en forma activa con sus ingresos, sus egresos, sus transacciones con entes relacionados de manera que estén a la vista de todo el mundo. Si esto se hubiera hecho en 2011 el conflicto hubiera tenido otra historia. ¿Por qué no se hizo cuando lo propusieron los senadores Lily Pérez, Francisco Chahuán, Camilo Escalona? Porque no quisieron hacerla. No es que vaya a resolver todos los problemas del sector educativo, pero le va a meter una cantidad de oxígenos a toda esta discusión feroz. ¿Porque no proponen parar de raíz una ley de acreditación de la educación superior en este momento?  Es realmente patético el proyecto de ley que está en el Congreso. Hay una gran cantidad de medidas que tomar en la educación pública, hay que reconstruir.

Fortalecer la educación pública, pero por sobre todo en la edad pre escolar y escolar. Hay avances al respecto en los últimos años.

Pero si tomas los datos, no hay datos de avance significativo. En el Simce, yo no estoy proponiendo que desaparezca, creo que no es la solución. Hay que disminuir la presión del Simce en forma significativa. Los datos del Simce de 8vo básico en lectura dicen que estamos más o menos idéntico que hace siete años atrás. Los datos que sacó el informe de la Facultad de Economía de la U. de Chile, de David Bravo sobre educación de adultos, si tomas el corte de 15 a 24 años que están terminando media o salieron hace poco de media estamos exactamente igual que hace 15 años atrás. Esos son los datos. Entonces, avance cuantitativo en resultados, la respuesta es sorry pero más allá de los anuncios no ha habido. Y en avances de mejoras del sistema, han sido relativamente pocos.

Esto es preocupante porque lo que claramente Chile ha hecho es subir, elevar considerablemente los recursos destinados a la educación. Sin embargo, esto no se traduce todavía en resultados. No es un asunto de platas, solamente.

Si mañana, sin carrera docente, sin un sistema para arreglar la educación pública, sin hacer todo el paquete de medidas, tú mañana le inyectaras el doble de plata al sistema, no pasa nada. Esto requiere plata, pero requiere plata en torno a un conjunto de 33 medidas. Ahora, esto de que se ha aumentado el gasto hay que verlo con un grano de sal. Efectivamente, según las gráficas del ministerio de Hacienda, el gasto ha aumentado más o menos al ritmo del Producto Interno Bruto. Pero como esfuerzo relativo de la nación, seguimos estando casi dos puntos por abajo en gasto en educación pública que el promedio de los países de la OCDE. Hoy los profesores ganan un 40% menos de lo que gana un médico, un ingeniero, un abogado. En Finlandia, Singapur o Corea ganan lo mismo. Solo eso nos costaría 1800 millones de dólares al año o más. Todos los presidentes han dicho “este es el gasto más alto de la historia de Chile” y sí, es verdad. Pero hay que verlo con un granito de sal.

Finlandia y Singapur aparecen como ejemplares en materia educacional. ¿Hay algún caso en América Latina que uno podría destacar como bien encaminado?

Mira, desgraciadamente, Cuba no está en la OCDE. Sin embargo, todas las referencias que tenemos de Unesco y de libros de investigadores norteamericanos que se han ido a vivir a Cuba es que la educación cubana está más bien a la altura de los países avanzados que de América Latina. Se sale de la curva latinoamericana. Respecto al resto de los países, estamos nosotros mejor que todos los otros países de América Latina, en términos de test estandarizados.

Estamos en periodo electoral, ¿notas en la clase política mayor sensibilidad para asumir este problema?

Nosotros hemos aprendido a tener paciencia y persistencia y a ir colocando temas. Nosotros en el año 2010 empezamos a transmitir con el tema de la educación inicial cuando prácticamente nadie estaba vociferando sobre el tema. El gobierno en 2010 estaba reduciendo el presupuesto en educación inicial. Y hoy día, felizmente, no somos los únicos pero cambiamos ese sentido común y hoy día todas las candidaturas hablan de educación inicial. La palabra segregación no existía en el léxico de la clase política hace tres o cuatro años atrás. Empezamos a catetear con eso y ahora yo veo en el programa de Evelyn Matthei un capítulo que se llama “cero segregación”. Cáspita. Hay muchas medidas equivocadas, pero el solo hecho de que ya el programa de la Alianza tenga un capítulo con ese nombre es un cambio inédito en Chile. La otra cosa que hemos tenido que hacer, lamentablemente, durante estos cuatro años, es parar proyectos de ley que eran francamente anti educación pública o pro segregación y eso nos desgastó más de la mitad de nuestro esfuerzo.