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Francisco fustiga duramente a la economía y la política

Los nueve meses de pontificado de Francisco son analizados por expertos y miembros de la Iglesia, quienes coinciden en los cambios que el argentino ha provocado, pero con matices respecto de sus alcances.

Paula Campos

  Miércoles 27 de noviembre 2013 18:30 hrs. 
PAPA FRANCISCO

El 28 de febrero pasado Benedicto XVI dejaba el Vaticano, convirtiéndose en el primer papa en siglos en renunciar a su cetro. La prensa, los católicos del mundo y los no católicos también, veían cómo una Iglesia tambaleaba en medio de la dimisión de su máximo pontífice, y las preguntas eran muchas más que las respuestas.

Trece días después las campanas de San Pedro replicaban una y otra vez en señal de que había nuevo líder. ¡Habemus papam! Se oía en las calles, en la televisión…mientras de la Capilla Sixtina salía la fumata blanca, en señal de que los cardenales habían llegado a acuerdo. La incertidumbre crecía, ¿quién sería el nuevo representante de Pedro?, ¿Será Italiano?, ¿Cuándo América Latina tendrá un Papa?, eran algunas de las preguntas que se oían en análisis sobre el futuro de la Iglesia.

Nadie esperaba que en el segundo día de Cónclave, en la tercera fumata, hubiera acuerdo; la sorpresa fue aún mayor cuando el cardenal francés Jean-Louis Pierre Tauran, como corresponde al Protodiácono, anunciara el nombre del sucesor de Pedro.

“Os anuncio un gran gozo, Habemus Papam: el Eminentísimo y Reverendísimo Señor Jorge Mario Bergoglio, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, quien se ha dado el nombre de Francisco”. A las 20:15 de esa noche apareció en el mítico balcón el argentino y entre la lluvia del invierno romano, banderas argentinas, brasileñas, chilenas, del mundo entero, flameaban sin parar: la Iglesia Católica tenía Sumo Pontífice que, después de 1.300 años, sería conducida por un hombre no europeo.

La explosión de emociones fue inmediata, el continente entero reaccionó ante la noticia, el mundo, por primera vez vería como un hijo de la tierra del sur conduciría a una Iglesia en crisis, cuestionada moralmente, descreída por los jóvenes, abandonada en muchas de sus vocaciones.

Los argentinos no lo podían creer, la catedral, la histórica Plaza de Mayo, las calles de la Recoleta y de todos los históricos puntos del trasandino país veían como la alegría de un pueblo se manifestaba en sus calles. Jorge Mario Bergoglio, obispo de la ciudad de Buenos Aires, hombre común, con el que te cruzabas arriba de un colectivo, llegaba al Vaticano y desde ahí, llevaría el mensaje de los pobres, de los sin voz, de los olvidados al corazón de la Iglesia. Ésas eran las primeras ilusiones que teñían con especial fuerza a los católicos latinos que esa noche celebraban su elección.

Casi diez meses han pasado de esa noche de campanas y Francisco, el jesuita que decidió no usar los rojos zapatos de gamuza, ni el lujoso anillo papal, tampoco vivir en el Vaticano y comprarse una vieja renoleta para andar, ha conquistado el corazón de católicos y no católicos. Su personalidad, su cercanía, sus homilías y su crítica a los errores de la Iglesia, han determinado que cuando se hable de él, se hable de coherencia.

Entre sus principales medidas han resonado fuertemente su posición frente a la jerarquía de las mujeres en la iglesia, anunciando la necesidad de una nueva teología de la mujer; el divorcio y la importancia de entender el concepto de familia moderna; la reforma a la curia y la creación del G-8, consejo cardenalicio que le asesora; abusos a infantes donde continua en la línea de Benedicto, llamando a actuar con decisión contra los abusadores; relación con los otros credos, llamando hermanos a todas las religiones; investigación al Banco Vaticano y su intervención en Siria, todas ellas dan cuenta de un activo y comprometido Pontificado.

Su breve historia ya da cuenta de algunos hitos en su gestión, el haber cambiado al cuestionado secretario de Estado Tarcisio Bertone por Pietro Parolín o decidir no vivir donde sus predecesores son algunas marcas que encuentran su sello.

El encuentro mundial de Jóvenes de Brasil fue su primer gran desafío. Ahí, en una emotiva misa de envío llamó a los jóvenes a servir, a ser rebeldes, a llevar a Cristo con ellos: “Vayan sin miedo”, “recen por mí”, “el Papa los necesita”, les dijo de frente a los miles de peregrinos que sentían que algo estaba cambiando.

Después vinieron sus críticas al lujo, lo que incluso lo llevó a suspender temporalmente al “Obispo despilfarrador”, el alemán Franz-Peter Tebartz-van Elst, de la ciudad de Limburgo (sureste de Alemania), tras el escándalo provocado por su afición al lujo.

¿Quién soy yo para criticar a un gay?, dijo después aclarando que el catecismo de la Iglesia señala que no hay que marginar. ¡Todos estamos llamados a ser pobres!, ¡la caridad deja a los pobres tal y como están!, declaraba después, resaltando, destacando, insistiendo que el centro de la Iglesia era Cristo, y los Cristos pobres que estaban en todo el mundo.

La exhortación apostólica dada a conocer este martes, fue otro ejemplo más con el que el Papa Francisco demostró su camino apostólico. El documento, importante por ser la visión política, la carta de navegación de un Pontificado, critica duramente la “idolatría al dinero”, profundizando aquella idea ya manifestada por Juan Pablo Segundo, cuando se refería a la dictadura en democracia.

Marcial Sánchez, académico e historiador especialista en la iglesia católica, detalla algunos elementos de importante análisis en este pontificado: “Es de las pocas cartas que parten del concepto de la alegría, es decir, el mirarnos y darnos cuenta de que estamos en un mundo que podría ser mucho más habitable, si es que somos capaces de poder mirarnos a nosotros mismos y reconocernos y reencantarnos. Lo que está haciendo es una apuesta eclesiástica, y probablemente es una mirada a futuro y más que ideológica yo me atrevería de decir que nace del corazón, pero que parte desde la problemática de la racionalidad”, explicó.

Andrés Moro, vicario de la pastoral social, destaca el aporte teológico, centrando todo su discurso en el ejemplo vivo de lo que es cristo: “Es capaz de dialogar con un mundo que no siempre está predispuesto a dialogar con la Iglesia o con la fe. Nos invita a reconstruir desde Jesucristo, con una mirada puesta en la misericordia”.

El otro Cristo, el desposeído, el amor, la alegría, son los valores destacados por el sacerdote Alfonso Baeza, quien a sus 83 años de edad, no deja de emocionarse con el llamado que Francisco hace a los jóvenes: “sean rebeldes, les dijo, y es claro, los jóvenes deben ser rebeldes y llevar a cristo en su rebeldía”.

Hay un cambio, una renovación, la que a juicio de los entrevistados no se puede negar. Sin embargo, son cautos en señalar que la radicalidad de los cambios al interior de la Iglesia Católica tiene tiempos y bemoles diferentes, los que sin duda, han sido más rápidos que lo que ellos esperaban.

Con una visión más crítica Verónica Díaz, directora de Católicas por el derecho a decidir es más tajante en su opinión, para ella, el discurso del Papa en lo social ha avanzado, pero en lo que se trata de sexualidad o poblaciones minoritarias ha sido “más un discurso que una acción”, sanciona.

“Hasta el momento es mucho ruido y pocas nueces. Creo que debiera pronunciarse más fuertemente, o hacer que las gestiones se hagan. Él habla muy a favor de la homosexualidad, ha sido muy abierto, pero sigue habiendo lobby en la ONU, para que los temas de derechos sexuales y reproductivos sigan siendo frenados. Él habla mucho y actúa poco, es mucha boca, no he visto acciones concretas”, apuntó la dirigente de las Católicas feministas.

Oposición

“Tendrá dificultad”, dice un silente monseñor Baeza cuando reflexiona en torno a los conservadurismos que pueden oponerse a sus cambios.

Si hay algo que llama especialmente la atención del historiador es la débil voz que ha tenido esta oposición. Para el investigador, la persona de Francisco, “un personaje del pueblo, que viene desde abajo, que tiene una impronta jesuita, quienes trabajan por la iglesia que sufre, por la iglesia que está en silencio”, hace difícil levantar una oposición de buenas a primeras: “Un papa latino, jesuita, son componentes que hacen dar cuenta que no todos están de acuerdo, hoy hay más silencio, porque el papa es un hombre atrayente, que junta gente, entonces la parte disidente tiene que actuar dos veces para ver cómo va actuar, si va a actuar”.

América Latina

“El Papa está llamando a mirar al más pobre. Obviamente, Latinoamérica ha sido un gran bolsón de pobreza, teniendo un Papa que viene de estos bolsones de pobreza, tiene una mirada distinta, Vaticano-latinoamericana, que yo considero más humana, encanta, porque viene de la raíz cotidiana del pueblo y te llama a una nueva Iglesia”, explica Sánchez para ejemplificar cómo Francisco se conecta con este continente.

El vicario Moro, profundiza en el tema, recordando el activo compromiso del Papa con el continente: “Claramente sale mucho más reforzado todo el piso social que la iglesia hace, cuando el mismo Papa nos desafía a ser una iglesia pobre para los pobres. Una iglesia de misericordia, una iglesia que va al encuentro de los demás, que no se queda encerrada en ella misma. Para todos quienes trabajamos fortaleciendo la dimensión social de la iglesia para que todos podamos vivirlas, claramente la enseñanza del Papa es una enseñanza muy diaria, muy profunda y al mismo tiempo desafiante”, dijo recordando la cercanía de Francisco con los reales problemas de la gente.

En lo que a Chile respecta (recordemos que el Sumo Pontífice tiene una historia cercana con el país, donde vivió y completó sus estudios de humanidades, al interior ya de la Compañía de Jesús), el diputado demócrata cristiano, Juan Carlos Latorre, quien jugó un importante rol en la visita a Chile de Juan Pablo II, en 1987, explica sus expectativas respecto del resurgimiento de la religión católica en nuestro país.
“Si nuestros obispos acogen este ejemplo, esta propuesta que está presente en la mayor parte de los planteamientos del Papa, evidentemente que constituye un aliciente para un trabajo que los obispos de nuestro país debieran intensificar. Yo he visto en las opiniones de nuestros obispos que hablan de valores, pero no de la pobreza, he visto un cambio de discurso”, planteó el diputado.

Lo social

“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado” así narra uno de los primeros párrafos del El Evangelii Gaudium, exhortación apostólica conocida hace pocos días, que invita a moverse de la codicia, a ser felices y a amar.

Lo social, el pobre, el desposeído han sido los ejes de estos meses de papado, así lo destaca Andrés Moro, para quien sus palabras son “Música para los oídos”.
Alfonso Baeza lo lee como otra de sus consecuencias, otro de sus síntomas evangélicos: “Ese es otro de los síntomas evangélicos, el rasgo evangélico que tiene. Cuando el Papa dijo que soñaba con una iglesia de los más pobres y para los pobres, eso es fundamentalmente evangélico. La perspectiva de cristos siempre fue acercarse y comprender y tratar de salvar a los pobres”,
apuntó.

“Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros egoísmos, es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jesús” apuntó Francisco en la misa de envío de Río de Janeiro. Desde ahí hasta hoy, desde marzo a noviembre, el Papa ha trascendido los deseos para volverlos acciones, postula el académico Marcial Sánchez, para quien luego de esta etapa de establecimiento se podrían ver dos años antes de afianzar los cambios que propone.