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Asamblea Constituyente: La interrogante en el compromiso de una nueva Constitución

Pese a haberse comprometido a una nueva Constitución, la electa presidenta Michelle Bachelet aún no define el mecanismo para su redacción. Las voces a favor de una Asamblea Constituyente exigen se respete la opinión de los ciudadanos, contemplando sus necesidades en la redacción de una nueva carta fundamental.

Paula Campos

  Martes 17 de diciembre 2013 18:38 hrs. 
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El diez de diciembre, en el debate de Anatel, Michelle Bachelet decía que “vamos a evaluar todos los mecanismos para crear una nueva Constitución. Hay que superar todos los candados y falencias que tiene la actual, no es un tema abstracto”.

Asimismo, respondía que “hay que asegurar en una nueva Constitución más participación de las regiones. Además, no puede ser un mecanismo de elite, sólo cuando la tengamos diremos como lo realizaremos”, eludiendo la pregunta sobre una Asamblea Constituyente.

Es que las voces por una Asamblea Constituyente, que se han escuchado cada vez con más fuerza durante el último año, exigían y exigen una clara definición, donde un cambio a la Constitución se torna urgente para todos quienes creen inviable que el país siga regido por una carta fundamental gestada en dictadura.

Pero los ecos de estos cambios, vía Asamblea Constituyente, no son recientes, ni siquiera parte de la historia de los últimos años. “El resultado del dichoso plebiscito fue un misterio. Los que hicieron el escrutinio no ofrecían garantía alguna. Por eso, fuera de los diplomáticos, los militares y los funcionarios, nadie acompañó a Alessandri el 18 de septiembre en la ceremonia de promulgación y jura de la nueva Constitución. Era un triunfo deleznable. Toda esa construcción política institucional, edificada en tanta maña y porfía, estaba carcomida”, así narra un testimonio recogido por la historiadora María Angélica Illanes, quien relata el proceso de constituyente frustrado en 1925.

“Alessandri, más cercano a la clase política que a la masa ciudadana, no convocó a la Constituyente, sino que designó un comité que finalmente redactó, entre cuatro paredes, la Constitución de 1925”, completa la académica, criticando que esa constitución fue la antítesis del proyecto elaborado por la Asamblea Constituyente de Trabajadores e Intelectuales.

“Difícilmente podría la Ciencia Política considerar democrático un país en el que nunca se hubiese realizado un debate nacional acerca de las normas esenciales que deben regir su vida en comunidad. Un Estado cuyas cartas constitucionales más importantes siempre hubiesen sido el fruto de las discusiones, conciliábulos, consensos o imposiciones por la fuerza de pequeños grupos. Una sociedad cuyas Constituciones más duraderas fueran el resultado de la presión ejercida por la fuerza militar. Mal podría definirse dicha sociedad política como democrática y a sus habitantes como ciudadanos de derecho pleno. A lo sumo se diría que se trata de un país semidemocrático con una ciudadanía restringida”, planteó Sergio Grez, otro destacado historiador nacional, cuestionando cómo en Chile cada una de las constituciones escritas ha excluido a la mayoría de la ciudadanía.

Las citas anteriormente mencionadas solo vienen a reflejar la importancia del debate de cambio constitucional, el que aún mantiene en duda su fórmula, situación que cuestiona la verdadera inclusión ciudadana que se le dará al nuevo texto.

Crítico de las cúpulas, las que a su juicio detienen la materialización de una constituyente, Gustavo Ruz, miembro del Movimiento por la Asamblea Constituyente, espera que parlamentarios recién electos mantengan su palabra de apoyar el cambio por esta vía.

“Dónde está la traba, la traba está en la cúpula. Yo espero que haya una cierta cantidad de diputados y senadores de la Concertación, que durante sus discursos han apoyado el llamado a una Asamblea Constituyente, que el 12 de marzo se opongan a que ese parlamento redacte la nueva Constitución, ese parlamento no es representativo del pueblo, ese parlamento es binominal”, señaló el jurista.

“Antes que la Constitución, antes que el parlamento, antes que el gobierno, antes que los partidos políticos, se hace la constituyente y desde ahí se constituye la sociedad como ente jurídico” agregó el abogado, cuestionando todas aquellas instancias que no sean representativas de la totalidad nacional.

Atentos a las definiciones en materia constitucional del próximo gobierno, que se ha comprometido a redactar una nueva Carta Fundamental, desde Marca tu Voto AC esperan que las voces de los ciudadanos sean representados en este documento. Así lo expresó José Becerra, uno de sus coordinadores.

“Lo importante sería que la política represente la demanda ciudadana, para eso está. Los gobernantes son elegidos para representar a la ciudadanía y no sus agendas propias, en ese sentido, uno esperaría que el fututo gobierno de Michelle Bachelet recoja la demanda de Asamblea Constituyente que no sólo se ha reflejado en marca tu voto, sino también en las movilizaciones sociales y estudiantiles, así como también en los estudios de opinión pública que han demostrado que la gran mayoría de los chilenos está por una constituyente”, expresó el coordinador.

“No se trata de una reforma, sino de una nueva Constitución”, aseguró el abogado Eric Palma, defendiendo la propuesta de la recién electa presidenta. Sin embargo, el académico resaltó la importancia de “escuchar a la ciudadanía en relación con que características debe tener una nueva Constitución, ahora que eso dé para una Asamblea Constituyente, es el ideal democrático, lamentablemente el comportamiento del electorado ha hecho que la idea de la Asamblea Constituyente en la coyuntura electoral de diciembre de 2013 no sea tan decisiva, pero eso no significa que no sea legítima”, acotó.

Las definiciones concretas respecto de la vía por la que se construiría el nuevo documento aún no han sido explicitadas por la recién electa presidenta o su comando. En ese sentido, diversas son las apreciaciones y las esperanzas de quienes ven en la constituyente la “única opción realmente participativa”, donde cualquier otro procedimiento que no ponga la soberanía de los contenidos de la nueva Constitución en la ciudadanía no sería una buena fórmula.

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