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La Comunidad: Hay otras maneras de ver

El documental de Isabel Miquel sobre la llamada “Secta de Pirque” propone mostrar lo que pasa al interior de este grupo de personas durante el proceso en que sus líderes fueron investigados por la muerte y entierro ilegal de una de sus miembros. Una mirada a la comunidad, desde adentro.

Antonella Estevez

  Lunes 2 de junio 2014 10:48 hrs. 
comunidad


La película “La comunidad” expone sus objetivos desde un inicio. Con imágenes de la cobertura de la prensa sobre el caso llamado “Secta de Pirque” – en donde se investiga a la muerte y exhumación ilegal de Jocelyn Rivas, una joven madre perteneciente a esta agrupación- la voz de la realizadora advierte que su interés es ir más allá de la estigmatización que los medios de comunicación han hecho sobre este grupo de personas y conocer cómo y porqué han decidido vivir de esta manera.

Lo que sigue es el cumplimiento de esa meta. La cámara es testigo de el efecto que tuvo sobre este grupo de familias estos tres años de juicio -entre ellos, abandonar Pirque, instalarse en un nuevo terreno a las afueras de Santiago y tener que matricular a sus niños en colegios regulares- y cómo van rearmando su cotidianeidad en estas nuevas circunstancias.

La narración se construye a partir de entrevistas a diversos miembros de este grupo y a la observación de su manera de habitar y relacionarse. Con cada conversación el espectador va adquiriendo mayor comprensión de las razones que tienen estas personas para escoger esta manera de vivir, alejados del exitismo y la vorágine de las ciudades, y poniendo otros valores como centrales para sus existencias y la formación de sus hijos.

La investigación del caso que origina el documental va quedando cada vez más en el margen del documental. Se entrega la suficiente información para que el espectador pueda hacerse una idea de que fue lo que pasó y porqué, pero es evidente que ese no es el centro de interés de la realizadora. Este no es un reportaje periodístico, no busca presentar las diversas miradas sobre el caso, ni dar voz a todos los involucrados, sino más bien adentrarse en la intimidad de un grupo de personas que viven su vida de manera distinta.

En términos visuales “La comunidad” está llena de imágenes que muestran este otro habitar como idílico. Hermosas tomas de los niños jugando en la naturaleza, y de hombres y mujeres colaborando en la construcción de sus viviendas y en las diversas labores domesticas, nos hacen preguntarnos si no es esa una mejor manera de vivir. El problema es que no hay, en el documental, voces externas a la comunidad que permitan contextualizar –y quizá cuestionar- la elecciones de este grupo.

En este trabajo, la realizadora cumple a cabalidad con su objetivo. Logramos hacernos una idea de cómo y porqué se vive en comunidad, de los beneficios que esto tiene para sus integrantes y sus familias. El problema es que, desde la sospecha que nos habita como seres humanos, uno tiene la sensación de que le faltó conocer el otro lado de la historia, un lado menos idealizado, con más preguntas y más espacios grises.

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